El artista Pitingo llega a Barcelona dispuesto a poner los puntos sobre las íes. A las puertas de estrenar su nuevo espectáculo en la ciudad condal, el creador de la ‘soulería’ ha concedido una entrevista muy clara a La Vanguardia donde se moja sin censura sobre el racismo estructural, la cultura del subsidio y sus propias coordenadas políticas. El de Ayamonte no se esconde y dispara a contracorriente de los discursos oficiales de la industria musical.
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El cantante andaluz pisa Cataluña tras pasar por el quirófano para ser intervenido de urgencia, una circunstancia que no ha frenado sus planes profesionales. «Voy a Barcelona con todo, menos con la vesícula», bromea el músico, que este próximo 13 de junio se subirá a las tablas del Teatre Tívoli con el montaje ‘Pitingo y punto’. Se trata de un proyecto grabado en directo en el Teatro Esperanza Iris de Ciudad de México donde llegó a meter a veinte artistas internacionales sobre el escenario para mezclar góspel, flamenco y ritmos latinos.
El onubense revela los complejos detalles técnicos de una grabación que le llevó a encerrarse durante días con músicos tradicionales aztecas. «El reto más pintoresco del disco fue lograr que un grupo de mariachis tocasen por bulerías. Nos encerramos con ellos durante dos o tres días en una sala de ensayos y tuvimos que ir por bloques», explica el cantaor, feliz de traer ahora esa fusión a una plaza como Barcelona, cuna histórica de grandes figuras del arte gitano como Carmen Amaya o El Pescaílla.
Un cantaor de derechas que prefiere a Obama antes que a Trump
En un sector profesional donde impera el pensamiento único, el artista rompe los esquemas tradicionales definiéndose abiertamente como liberal, capitalista y de derechas, aunque matizando de forma estricta sus simpatías internacionales. Ante las preguntas sobre el líder estadounidense Donald Trump, el músico se desmarca de forma tajante entre risas: «No, no. Fíjate, soy más de Obama. Y lo conozco, he estado con él dos veces».
Su desencanto con la situación política nacional es absoluto, cargando contra las dinámicas de los principales partidos que dominan el panorama televisivo. «Ahora mismo ya estoy como aborreciendo todo: tantos casos de corrupción, tantas mentiras… A uno se le quitan las ganas de ver la tele, porque nadie pone soluciones y ya me cansé de los unos y de los otros, de tanto pelearse buscándose las mierdas los unos a los otros. Yo quiero soluciones», zanja el andaluz, exigiendo medidas urgentes sobre la carga de impuestos y el elevado coste de la vida actual.
Contra el victimismo y las ayudas sociales

La parte más dura de su discurso llega al abordar los prejuicios que arrastra su propia etnia en el mercado laboral español. El de Huelva reconoce la existencia de barreras invisibles por el color de la piel, pero rechaza de pleno instalarse en la queja sistemática. «Yo sufrí racismo y sigo luchando. Me lo he currado y sigo haciéndolo porque no puedes quedarte ahí, de víctima. Siendo moreno es mucho más complicado que te contraten, esto sigo viéndolo, de verdad es así», denuncia el artista de Ayamonte.
Sin embargo, el creador musical equilibra la balanza arremetiendo contra la falta de iniciativa laboral de ciertos sectores de la sociedad que se acomodan en el sistema de subsidios del Estado. «También he visto a gente tocándose los huevos en su casa que no busca trabajo. Para qué, si están cobrando 800 euros al mes recibiendo ayudas para la luz, agua, etc. Yo soy de que cada uno se curre su vida», sentencia con dureza, recordando sus propios orígenes cargando maletas en el aeropuerto de Barajas con apenas trece años tras abandonar la escuela para poder ganarse el pan.
