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Corazón

Cristina Pedroche saca a la luz los desnudos falsos que le montan con inteligencia artificial sobre sus propias fotos: los recibe a diario, la etiquetan en ellos y arrastra el problema desde 2010

Pedro Serrano González
6 min 19
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Cristina Pedroche ha utilizado sus redes sociales para enseñar unas fotografías que nunca se hizo: imágenes suyas completamente desnuda, fabricadas con Inteligencia Artificial a partir de instantáneas reales en las que aparecía vestida. La presentadora ha publicado varias capturas del material que circula por internet y ha explicado que le llega sin descanso, unas veces porque se lo mandan sus propios seguidores y otras porque quien lo cuelga la etiqueta directamente. «No paran de salirme fotos mías así; muchos incluso me etiquetan y otros me las mandáis para avisarme. Esto no está bien», ha escrito. Lo que ha hecho es una denuncia pública en sus perfiles: no ha anunciado que vaya a llevar el asunto a los tribunales ni ha comunicado acciones legales de ninguna clase.

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El repaso que ha hecho de su propio caso es la parte más reveladora de todo lo que ha contado, porque desmonta la idea de que esto sea un estropicio nacido con la inteligencia artificial. Cristina Pedroche ha detallado que las fotografías que se utilizan como base proceden de momentos distintos de su vida pública —apariciones televisivas, jornadas de vacaciones, instantáneas de playa—, siempre imágenes que ella misma difundió vestida y con otra intención, y que la manipulación digital convierte después en un desnudo que jamás existió. Para dimensionar el problema ha optado por mostrarlo en lugar de describirlo, subiendo ejemplos del contenido que le llega, y ha subrayado que la cadena de difusión se ha vuelto tan rápida que las propias personas que la avisan lo hacen ya con resignación, como quien informa de una avería crónica.

La presentadora, que arrancó en televisión en 2010 como reportera de Sé lo que hicisteis y que desde entonces se ha convertido en uno de los rostros fijos de las campanadas, ha situado el origen del acoso quince años atrás. «Es verdad que llevo viendo cosas así desde que entré en televisión en 2010; incluso lo hacen con vídeos y los suben a páginas porno. Ahora, con la IA, parece que es más fácil que nunca». Junto a las capturas ha añadido un detalle que retrata la asimetría de las normas que rigen las plataformas: «He puesto un símbolo rojo donde los pezones, porque a mí sí me penalizaría». La víctima se ve obligada a censurar la prueba del delito que sufre para que no la sancionen a ella, mientras el material original sigue circulando sin que nadie lo retire.

La pregunta que lanzó al aire tiene una respuesta escrita desde 2022

Al final de su mensaje, Cristina Pedroche formuló dos preguntas: «¿Habrá algún día en el que esto esté penado? ¿Quién nos protege?». Su marido, el cocinero Dabiz Muñoz, no se ha pronunciado sobre el asunto, y ninguna de las plataformas por las que se propaga el material ha dado respuesta pública desde que ella lo denunció. La presentadora no ha señalado a ningún presunto responsable, ni ha puesto fecha a las imágenes, ni ha precisado cuántas ha llegado a contabilizar: se ha limitado a mostrar las capturas y a describir cómo le llegan.

Y la ley existe. El artículo 172 ter del Código Penal castiga, en su apartado quinto, a quien «sin consentimiento de su titular, utilice la imagen de una persona para realizar anuncios o abrir perfiles falsos en redes sociales, páginas de contacto o cualquier medio de difusión pública, ocasionándole a la misma situación de acoso, hostigamiento o humillación», con una pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a doce meses. Ese apartado no estaba en el código hasta hace bien poco: lo introdujo la disposición final cuarta de la Ley Orgánica 10/2022, de garantía integral de la libertad sexual, y está en vigor desde el 7 de octubre de aquel año. La misma reforma retocó el artículo 197.7, que sanciona la difusión no autorizada de imágenes íntimas cuando menoscaba gravemente la intimidad de la persona, y que castiga también con multa a quien, habiendo recibido ese material, lo reenvía.

Por encima de esos preceptos queda el artículo 173.1, que castiga con prisión de seis meses a dos años a quien inflige a otra persona un trato degradante menoscabando gravemente su integridad moral, y por debajo de todos ellos, la vía civil, que permite reclamar una indemnización por intromisión ilegítima en el honor y la propia imagen sin necesidad de que nadie acabe en la cárcel. El texto vigente del código no menciona ni una sola vez la inteligencia artificial, y no le hace falta: describe conductas, no tecnologías. El obstáculo real está en otro sitio: en la dificultad material de rastrear el anonimato de la red y ponerle nombre y apellidos a quien pulsa el botón.

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Hay un dato incómodo en la mecánica que ella misma ha descrito, y es que el material de partida no se roba de ningún sitio: se descarga de sus perfiles abiertos. Las fotografías que estos programas necesitan para trabajar son exactamente las que una figura pública difunde por su cuenta, y Cristina Pedroche viene de un mes de agosto especialmente prolífico en ese terreno, con un carrusel de posados en bikini el día 3 y una tanda de imágenes en las playas de Cantabria apenas veinticuatro horas antes de que hiciera pública su denuncia. No hay confirmación de que sean esas concretas las que se hayan alterado —ella no ha señalado ninguna—, pero encajan en la descripción que dio del banco de imágenes del que se nutren los montajes: apariciones televisivas, vacaciones, playa.

Ese es el peaje que empieza a pagarse por existir en abierto, y no es exclusivo de ella. El carrusel del día 3 fue el mismo en el que se coló una imagen de la presentadora con su hija Laia en brazos. Esta misma semana, Santiago Segura salía a aclarar lo que se estaba contando sobre las imágenes que una mujer genera con su cara. Que el camino de los tribunales llega a alguna parte lo enseñó hace poco la socorrista del «la he liado parda», que ganó a Atresmedia dieciocho años después y se llevó 50.000 euros por la explotación de su imagen sin permiso. Y quien prefiera adelantarse tiene ya a mano el registro gratuito que impulsó Cate Blanchett para decidir qué puede y qué no puede hacer una máquina con un rostro y con una voz.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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