Antena 3 ya tiene reparto para la segunda entrega de ‘Una fiesta de muerte‘, el concurso al estilo Cluedo que conduce Àngel Llàcer, y esta vez el crimen se comete muy lejos de Madrid: la entrega se titula ‘Una fiesta de muerte: Asesinato en Canfranc‘ y traslada la mecánica del formato a la estación internacional de Canfranc, en pleno Pirineo aragonés. Los siete invitados que se sentarán a esa mesa son Carlos Baute, César Cadaval y Jorge Cadaval —los dos hermanos que forman Los Morancos—, Jorge Sanz, Susi Caramelo, Isabel Forner y David de Jorge. Uno de ellos será asesinado dentro del juego por un misterioso asesino VIP enmascarado, y los seis restantes tendrán que averiguar quién ha sido.
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Siete invitados y un cadáver de guion que todavía nadie sabe a quién le tocará

La lista que ha destapado Antena 3 mezcla registros con una alegría deliberada, el combustible de este formato desde su primer minuto. Carlos Baute aporta el flanco musical; Los Morancos —César y Jorge Cadaval, el dúo cómico que lleva cuatro décadas de gira y de plató— entran como una sola pieza de humor con dos cabezas, y ya son dos de los siete asientos; Jorge Sanz pone el oficio de actor y una carrera que arranca en la infancia; Susi Caramelo llega desde el humor más desatado del país; David de Jorge repite la jugada que tan bien le salió al programa en su estreno, la de meter a un cocinero de fama nacional en una investigación criminal de mentira; y Isabel Forner, periodista deportiva y reportera de campo en el fútbol de primera, es el nombre menos previsible del grupo y el que más público joven arrastra desde las redes, donde tiene su propia parroquia en TikTok. Ninguno de los siete estuvo en la primera entrega.
Esa es la regla del formato y la que explica que Antena 3 pueda anunciar siete nombres sin destripar absolutamente nada. Cada entrega es autoconclusiva, dura noventa minutos, tiene su propio escenario, su propia fiesta temática, su propio grupo de invitados y su propio asesino VIP enmascarado, que no se repite jamás. Durante la velada, uno de los siete cae. A los seis Supervivientes les toca entonces trabajar: inspeccionar la escena del crimen, competir en pruebas por equipos, individuales y colectivas, y arrancar de cada una de ellas las pistas que estrechan el cerco. Gana quien acierte la identidad del culpable o quien, sin llegar a acertarla, demuestre haber sido el mejor detective de la noche. Àngel Llàcer vuelve a ejercer de anfitrión, guiando la investigación y soltando las claves con cuentagotas, un papel que en abril le sirvió para llevarse el sábado por delante. Y el espectador tampoco se queda mirando: escaneando un código QR desde el sofá puede desbloquear pistas, acumular puntos y jugar en tiempo real a señalar al asesino, con 3.000 euros sobre la mesa para quien lo clave.
Canfranc, la estación monumental del Pirineo convertida en escena del crimen

La elección del escenario no es un capricho de localización, es media noche de televisión resuelta antes de encender los focos. La estación internacional de Canfranc, en el Pirineo de Huesca, es uno de los edificios ferroviarios más desmesurados de Europa: un caserón interminable levantado en mitad de la montaña, con un andén que parece no acabarse nunca, que pasó décadas cerrado al tráfico internacional y semiabandonado hasta su rehabilitación reciente. Es, literalmente, el decorado que cualquier guionista de misterio pediría por escrito: pasillos larguísimos, salas vacías, un aire de trasatlántico varado en la nieve y un pasado de fronteras, aduanas y trenes nocturnos que el propio título de la entrega —‘Asesinato en Canfranc’— se encarga de evocar sin disimulo. Frente al Museo Nacional de Ciencias Naturales de la primera noche, urbano y acristalado, este segundo escenario juega la carta contraria: el aislamiento.
Detrás del envoltorio hay una operación industrial con bastante más recorrido del que aparenta. ‘Una fiesta de muerte’ es la adaptación española de ‘A Party to Die For’, creado por ITV Studios Netherlands junto a Talpa Studios y distribuido internacionalmente por ITV Studios, que lo colocó como uno de los formatos revelación del último MIPCOM. Nació en los Países Bajos con el título ‘Moordfeest’, se adaptó después en Francia y aquí lo produce Atresmedia en colaboración con ITV Studios Iberia, con certificación Albert de prácticas audiovisuales sostenibles. La segunda entrega llegará «próximamente» al prime time de Antena 3, sin fecha cerrada sobre la mesa, y estará también disponible en Atresplayer Internacional. Se esperan además nuevas adaptaciones del formato en otros países.
El estreno del 25 de abril: Bertín Osborne, en el suelo del museo

En la primera entrega, emitida el sábado 25 de abril desde el Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid, el invitado al que le tocó hacer de víctima fue Bertín Osborne. Apareció tendido en el suelo, maquillado de sangre falsa y rodeado de pistas, interpretando el papel de asesinado que el guion del juego reparte cada noche entre uno de los siete famosos. Era ficción de principio a fin, el cantante está perfectamente y sigue en plena actividad —de gira y en plena actualidad por asuntos que nada tienen que ver con aquel plató—, y quien acabó con él dentro del juego, con un hueso gigante de dinosaurio como arma, fue el cocinero Dabiz Muñoz en el papel de asesino VIP enmascarado. Lo destaparon Alberto Chicote y Ana Peleteiro tirando del hilo de una camisa de fuerza que remitía a un disfraz de Halloween, y fue la atleta quien se llevó la victoria por haber conducido la mejor investigación de la noche.

El resto de aquella mesa lo formaban Marta Sánchez, Antonio Resines, Glòria Serra y Esperansa Grasia, y el resultado fue el que ha desembocado en esta segunda entrega: un 12,8% de cuota y 1,27 millones de espectadores, más de 3,3 millones de espectadores únicos y un liderazgo limpio del sábado para Antena 3 por delante del ‘Got Talent’ que emitía Telecinco, que se quedó en el 10%. Àngel Llàcer cerró aquella noche con un aviso: «Nos veremos muy muy pronto. Ya me han llamado varios potenciales interesados en venir a la próxima fiesta de muerte». Cuatro meses después la cadena pone nombre y apellidos a esos interesados y les da un destino en el Pirineo.
Cada invitado llega con su propia historia a cuestas
El reparto tiene además la virtud de traer a Canfranc siete biografías que vienen calientes de casa, y eso es material que el formato exprime sin pudor, porque las pruebas y los interrogatorios funcionan mejor cuanto más se conoce al que miente. Carlos Baute llega después de un año de gira larga y de una temporada televisiva movida, en la que confesó en Telecinco lo difícil que se le hace subirse a un escenario a sonreír con Venezuela de luto y convirtió su gira en una colecta. Jorge Sanz, que es de los pocos actores españoles capaces de contar el cine de tres décadas distintas desde dentro, aterriza en el concurso poco después de hablar sin filtro alguno del destape y de lo que vio en aquellos rodajes. Y Susi Caramelo, David de Jorge, Isabel Forner y Los Morancos completan un grupo en el que ninguno pertenece al mismo circuito que el de al lado, que es la condición que este juego necesita para que las alianzas se rompan a media noche.
El anfitrión, mientras tanto, encadena curso redondo. Aquel estreno de abril fue el que le entregó el sábado mientras Mediaset se hundía en el fango, y poco después paralizaba el plató de ‘Tu cara me suena’ al recibir una declaración de amor de Chenoa, en una de esas escenas que el propio Àngel Llàcer gestiona mejor que nadie porque nunca se sabe si va en serio. Hasta el muerto del capítulo anterior ha salido ganando: semanas después de dejarse asesinar entre esqueletos de dinosaurio, Bertín Osborne fichó por la cadena como presentador veinticinco años después de su etapa anterior en la casa. En Canfranc le tocará a otro tumbarse en el suelo y aguantar ahí, con los ojos cerrados y sin mover un músculo, mientras seis famosos discuten a gritos por encima de su cadáver quién ha sido.
