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Corazón

Miguel Bosé sacude el día del eclipse con un grito en mayúsculas escrito a las siete de la mañana: pide que nadie lo mire y avisa de «malas consecuencias»

Pedro Serrano González
9 min 27
miguel bosé

Miguel Bosé se ha plantado en el día del eclipse a las siete de la mañana y con las mayúsculas puestas. El cantante, de 70 años, escribió a esa hora en su cuenta de X un mensaje de tres frases secas, sin enlace, sin imagen y sin una línea que lo acompañara: «NI SE OS OCURRA MIRAR EL ECLIPSE. MAL ROLLO. MALAS CONSECUENCIAS». El aviso salió trece horas antes de que la sombra de la Luna cruce España, de Galicia a Baleares, en el eclipse total de Sol que esta tarde deja a oscuras la mitad norte del país, acumuló millones de impresiones antes de que España terminase de desayunar y se coló en la conversación de un miércoles en el que millones de personas buscan desde primera hora dónde colocarse y con qué protección mirar.

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Tres frases en mayúsculas y ninguna explicación detrás

El texto que firma Bosé es exactamente ese y no hay nada más: dieciséis palabras escritas en caja alta, un imperativo y dos sentencias cortadas a hachazos. En el mensaje no se precisa a qué apuntan esas «malas consecuencias», no se menciona ningún filtro, ninguna gafa homologada ni ninguna recomendación sanitaria, y tampoco se aclara si el «mal rollo» va por el daño ocular del que llevan semanas advirtiendo los oftalmólogos o por otra cosa distinta. Esa ambigüedad de once caracteres es la que ha convertido un aviso de madrugada en una de las discusiones del día y la que ha partido las respuestas en dos bloques que no se hablan entre sí: los que aplaudieron el gesto y le agradecieron la advertencia, y los que reclamaron a la red social que limitase el alcance de la cuenta para que el esoterismo no contaminara la única jornada de divulgación astronómica masiva que va a tener España en lo que queda de generación. Las impresiones se dispararon a lo largo de la mañana y el mensaje saltó de la plataforma a las tertulias y a los grupos de mensajería, que es donde de verdad se ganan y se pierden estas conversaciones.

La forma importa tanto como el fondo, porque el aviso no llegó envuelto en ninguno de los ropajes habituales de Bosé. No hubo vídeo grabado en casa, ni texto largo de los que suele desplegar cuando quiere argumentar una postura, ni referencia a estudio alguno: hubo un grito tipográfico de tres frases lanzado a primerísima hora, cuando en la península aún no había amanecido del todo y cuando faltaba media jornada para que el fenómeno empezara siquiera a insinuarse en el cielo. El cantante lleva tiempo administrando su cuenta con esa misma economía de palabras cuando el asunto le quema, y el resultado suele ser idéntico: un mensaje que se lee en cuatro segundos, se comparte en dos y se discute durante horas. El de este miércoles ha llegado, además, en el momento de máxima atención posible, con el país entero pendiente del cielo y con las gafas homologadas convertidas en el objeto más buscado del verano.

El eclipse del que habla toda España desde primera hora

El fenómeno sobre el que escribe Bosé no es una curiosidad de aficionados. Al atardecer de este 12 de agosto, poco antes de la puesta de Sol, una franja de totalidad de unos 290 kilómetros de ancho entra por Galicia, recorre en diagonal toda la mitad norte peninsular y se despide del país por las Islas Baleares. Por el camino atraviesa un rosario de capitales que rara vez comparten titular: A Coruña, Lugo, Oviedo, León, Zamora, Valladolid, Palencia, Segovia, Santander, Bilbao, Vitoria, Logroño, Burgos, Soria, Guadalajara, Cuenca, Zaragoza, Teruel, Lleida, Tarragona, Castellón, València y, en último lugar, Palma. Dentro de esa banda el disco solar queda tapado por completo durante un puñado de segundos —76 en A Coruña, 104 en Burgos—, se hace de noche en pleno día y aparece la corona solar, esa aureola blanca que casi nadie ha visto sobre su cabeza en este país. Fuera de la franja, y ahí entra Madrid, el eclipse se ve como parcial, pero muy profundo.

La cita ha movilizado al país entero. Miles de personas se han desplazado al norte peninsular para colocarse dentro de la banda, los alojamientos de las provincias de la ruta llevan tiempo agotados, los ayuntamientos de la franja han montado observaciones colectivas y la demanda de visores certificados ha desbordado a fabricantes y distribuidores. Es la primera vez que la totalidad se puede ver desde suelo peninsular desde que existen las cámaras que hoy la van a retransmitir, y el calendario astronómico no repite la jugada de forma inmediata para la mayoría de esas capitales. De ahí el tamaño del acontecimiento y de ahí, también, el tamaño de la caja de resonancia en la que ha caído el mensaje de Bosé: cualquier cosa que se diga hoy sobre mirar o no mirar al cielo llega a un público que no está mirando ninguna otra cosa.

Qué han recomendado Sanidad y los oftalmólogos para esta tarde

Mientras Bosé escribía en mayúsculas, el aviso oficial de la jornada ya estaba sobre la mesa, firmado y con otro contenido: no el de no mirar, sino el de no mirar sin filtro certificado. El Ministerio de Sanidad ha elaborado una evaluación rápida de riesgo para España en la que enumera ocho peligros asociados a esta jornada, encabezados por la lesión retiniana derivada de una observación inadecuada y seguidos de los que trae cualquier concentración multitudinaria en agosto, del golpe de calor a la seguridad alimentaria. Sobre el ojo, el documento es explícito: el daño llega por «un mecanismo fototóxico desencadenado por radiación de longitudes de onda cortas, que provoca fotorretinitis o retinopatía solar», y advierte de que «el daño puede producirse sin dolor, favoreciendo la sobrexposición inadvertida, y una vez establecido es probablemente irreversible». Ahí está la trampa del eclipse: la penumbra engaña, la pupila se dilata, la porción de Sol que asoma sigue emitiendo radiación de sobra para quemar la retina y el afectado no siente absolutamente nada mientras ocurre.

Las recomendaciones técnicas, ninguna de las cuales figura en el mensaje de Bosé, están igual de tasadas. La Sociedad Española de Oftalmología pide usar «gafas o visores que cumplan con la norma EN ISO 12312-2 con marca CE» y montar filtros solares específicos en cualquier instrumento óptico, y tanto ella como la Sociedad Española de Retina y Vítreo y el Instituto Geográfico Nacional insisten en lo que no vale: gafas de sol convencionales, cristales ahumados, radiografías, negativos fotográficos y filtros caseros de cualquier tipo, que dejan pasar el infrarrojo y el ultravioleta que revientan el fondo del ojo. Hay un aviso extra que se repite en todas las guías y que es el que más lesiones provoca: jamás se combinan las gafas de eclipse con prismáticos, telescopios o cámaras, porque la lente concentra la radiación, destruye el filtro en un instante y el daño es inmediato. Los síntomas —visión borrosa, manchas oscuras en el centro del campo visual, líneas deformadas, sensibilidad a la luz— aparecen horas después de la exposición, cuando ya no hay marcha atrás.

Un altavoz que lleva años partiendo en dos a su propio público

Nada de esto sorprende a quien sigue la cuenta de Miguel Bosé. A finales de julio, con media España ardiendo, señaló a los ecologistas con un mensaje también en mayúsculas que remataba con un «espero que en el próximo infierno sean ellos los que ardan» y un ataque frontal a lo que llamó el «clima cambiático» que, a su juicio, nos venden desde los despachos. En marzo, sobre el escenario de un concierto en Colombia, sentenció que «la ONU es obsoleta e inútil» ante un pabellón que no esperaba discurso. Antes de todo eso estuvo la pandemia, cuando cuestionó vacunas, mascarillas y restricciones y coqueteó con el 5G, un episodio que le costó media carrera de imagen pública y buena parte de su audiencia española. Este año cumplió 70 años instalado en esa doble condición de icono musical y de agitador permanente, con las giras llenas y los titulares repartidos casi al cincuenta por ciento entre lo uno y lo otro.

El apellido, además, lleva días sonando por motivos bien distintos a los que hoy le devuelven al centro del tablero: hace apenas dos jornadas la hermana de Miguel Bosé se derrumbaba en televisión al hablar de su hija, en una de esas entrevistas que devuelven al clan a un terreno donde nadie discute nada. Esta tarde, mientras la sombra de la Luna recorra el norte de España y millones de personas levanten la cabeza con un cartón homologado sobre los ojos, el mensaje de las siete de la mañana seguirá circulando por las mismas pantallas que llevan todo el día explicando cómo mirar sin quemarse. Dieciséis palabras en mayúsculas contra la jornada astronómica más esperada del país, escritas desde una cuenta a la hora en que ni siquiera había amanecido.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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