Cristina Tárrega lleva más de tres décadas delante de una cámara y hasta ahora no había puesto cifras a lo que le costó sostenerse ahí. La presentadora valenciana ha detallado en el capítulo treinta y ocho de ‘Zodiac‘ que la echaron de un programa cuando se quedó embarazada de su hijo Marco, que sufrió un caso de acoso que la obligó a moverse durante seis meses con protección policial y que llegó a entrar en la discoteca Joy con agentes que registraban el baño antes que ella. «A mí me habían echado de un programa por quedarme embarazada», afirma. Habla de la televisión de los noventa, la que pisó siendo casi una cría, y añade que aquello no fue un hecho aislado: se repitió en tres ocasiones y en tres edades distintas, y de momento solo ha puesto sobre la mesa una.
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Un embarazo que, de un día para otro, dejó de dar el perfil de presentadora

El episodio más duro del relato no ocurrió en una cena ni en un camerino, sino en un despacho, y tiene la forma administrativa de un despido. Cristina Tárrega esperaba a su hijo Marco cuando le comunicaron que se quedaba fuera del espacio que presentaba. «A mí me habían echado de un programa por quedarme embarazada, porque aquello que crecía hacía que yo ya no diese el perfil para presentadora, porque claro… no iba a crecer mi hijo para dentro», relata. No pone nombre al programa, no cita la cadena y no señala a los responsables de aquella decisión, y esa reserva la mantiene durante todo el capítulo, porque asegura que situaciones de ese calado le ocurrieron más de una vez: «Me pasó en tres ocasiones, en diferentes edades, esto me lo guardo para la última entrevista de mi profesión». De las tres, la del embarazo es la única que ha desgranado con detalle, y la sitúa en el arranque de una carrera que empezó en la radio y que la llevó después a los platós con espacios como ‘Sola en la ciudad’ o ‘Cristina, amiga mía’.

La descripción del ambiente en el que se movía una mujer joven en la televisión de aquella década ocupa buena parte del capítulo. «Yo lo he pasado muy mal. En este mundo de hombres lo peor es en lo que se convierten las mujeres para apoyar a los hombres», sostiene la comunicadora, que extiende el diagnóstico a toda su generación de compañeras: «Todas hemos vivido esa invitación a cenar. Yo nunca las he aceptado. Todas hemos sufrido comentarios machistas, feos…». Cristina Tárrega rechaza además que aquello se quedara encerrado en el siglo pasado y remata el bloque apuntando a quien maneja los contratos ajenos: «Esto es algo que se sigue viviendo. Eso sí, si tú le haces el mal a alguien laboralmente, lo vas a acabar pagando; tenlo claro. El karma es de menos de una vida cuando juegas con el pan». La frase la pronuncia una presentadora que, ya con nombre propio y sueldo de titular, tiró de sus propios ahorros durante la crisis de Telemadrid para montar una peluquería y una agencia de comunicación con las que dar salida a peluqueros y redactores de su equipo. «Lo hice para que ninguno se quedara sin trabajo», explica.
Seis meses con la policía en la puerta y una superiora que acabó en la calle

La otra pata del relato es un caso de acoso que, según cuenta, no vino de ningún jefe sino de una jefa, y que terminó con agentes acompañándola a diario durante medio año. «Yo tuve una jefa muy mala, mucho. Tuve un problema de acoso y estuve con policía 6 meses», describe. El dispositivo no se limitaba al trayecto de casa al trabajo, porque los agentes «me acompañaban para protegerme» hasta en su tiempo libre: cuenta que llegó a entrar en la discoteca Joy con la escolta pegada, «y que viniesen conmigo y mirasen el baño antes de que yo entrase». Lo que hizo escalar la situación hasta ese punto fue, en su versión, una filtración de datos personales: «El problema es que alguien le dio a esa señora la dirección de mi casa». La presentadora no identifica a la mujer, no precisa la empresa en la que ocurrió ni pone fecha exacta al episodio, que encaja en el mismo tramo de su trayectoria del que habla el resto del capítulo.
El desenlace lo cuenta con una frase que asegura haberle soltado a la cara, ya con la puerta de salida abierta y sin nada que perder. «Un día me enfadé mucho, cuando ya me fui y le dije: ‘acabarás comprando papel del váter’. Y así acabó, se fue a la calle», remata. Aquellos seis meses de escolta convivieron con una etapa profesional en ascenso y con la exposición pública que la convirtió en personaje, un tránsito que ella misma describe sin épica: «Un programa que presenté fue un boom y, a partir de ahí, Cristina Tárrega se convirtió en un personaje».

De aquel periodo salió también una norma que dice haber respetado durante toda su vida profesional, incluso en los años en que las revistas la señalaban a ella y a su marido, el exfutbolista Mami Quevedo, con quien lleva casada desde el 26 de diciembre de 1999: sostiene que «nunca he vendido mi vida privada».
La mano que le tendió María Teresa Campos y la sección que no se atrevió a estrenar

El despido por el embarazo tuvo una réplica inmediata y llegó de otra mujer. María Teresa Campos y Cristina Tárrega compartían representante en aquel momento, y la veterana presentadora se enteró del asunto por boca de la propia afectada. «Yo se lo conté, porque en aquella época compartíamos representante. Ella me dijo: ‘tú te vienes conmigo y te doy una sección que se llama La Denuncia y si tienes narices empieza con eso’», recuerda la valenciana. La oferta llevaba dentro un desafío profesional de primer orden: estrenar el espacio contando en antena su propio caso, con nombres, cadena y programa, en la franja matinal más vista de la televisión española de la época. La incorporación se produjo; el estreno con esa historia, no.
«Yo no tuve narices, porque no me quería hacer enemigos», admite hoy sobre aquella renuncia. El consejo que da ahora a quien se plantee dar el paso va en la misma dirección y lo formula sin matices: «Mi recomendación es nunca demandar a ningún medio, porque luego todo se queda en el ordenador y tiran al director de turno ¿y qué?». La relación con María Teresa Campos se prolongó mucho más allá de aquel rescate laboral y sobrevivió a la propia carrera de la matriarca, de quien dice que «me cuidó mucho» y que «siempre me decía que era muy inteligente». La presentadora conserva además un encargo personal que la periodista malagueña le hizo cuando empezó a sentirse mayor: le pidió que cuidara de sus nietos. Es el único nombre propio que Cristina Tárrega pone sobre la mesa en todo el bloque dedicado al machismo, y lo pone para agradecer.
Los dientes separados, Jesús Hermida y una carrera levantada a la contra
El repaso a los inicios incluye otro frente que la acompañó desde el primer día: su físico. «Tener un físico explosivo me ha perjudicado. Para lo que yo quería hacer, exigían otro tipo de cánones estéticos», asegura la comunicadora, que aspiraba a un destino muy distinto del que acabó teniendo. «¿Tú sabes que a mí me hubiera gustado estar en informativos? Pero yo sabía que mi físico no me lo permitía. Mucho labio, mucho ojo, tal», explica.

En ese capítulo aparece Jesús Hermida, y lo primero que hace es desmontar un dato que circula sobre su biografía: «dicen que yo he trabajado con Jesús Hermida, pero yo no he trabajado con Jesús Hermida en mi vida». Lo que sí hubo, cuenta, fue una sentencia del periodista onubense sobre su futuro. «Eso sí, Jesús Hermida, que en paz descanse, me dijo: ‘tú nunca podrás dedicarte a la televisión, porque ahí te cabe… y eso no es bonito en televisión. Yo entonces tenía los dientes separados. Aunque no lo creas, esta frase me vino muy bien, porque me puse un aparato’». Se puso el aparato y siguió. «Me dio más amor propio. Yo tengo mucho amor propio», zanja.

Aquella manera de convertir el golpe en combustible —«está bien cuando alguien te dice que vas para atrás como los cangrejos y eso te impulsa»— ya se le había puesto a prueba antes, cuando con veinte años compaginaba la carrera con la Cadena Ser y le tocó entrevistar a Julio Iglesias, a quien sorprendió entregándole su primer carné del Real Madrid; el cantante preguntó por su situación laboral, ella respondió que trabajaba mucho y cobraba poco, y el resultado fue inmediato: «Me multiplicaron el sueldo por cuatro por Julio Iglesias». Ese carácter es el que lleva años asomando en su etapa actual, la misma que la llevó a plantarse en defensa de Georgina Rodríguez cuando el debate público volvió a girar sobre el cuerpo de una mujer, la que le hizo reconstruir junto a Nuria Roca el miedo que marcó a toda una generación valenciana y la que la dejó rota en directo al recordar que María Teresa Campos estuvo con ella «los nueve meses» de aquel embarazo. Treinta años después de aquel despacho, con veintiséis años de matrimonio y un hijo mayor de edad, la presentadora reserva dos episodios más para el final del camino: «Esto me lo guardo para la última entrevista de mi profesión».
