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Juan Carlos I pierde a Josep Cusí, el amigo que tenía su móvil privado: ha muerto en Barcelona con 92 años tras cuarenta al timón del Bribón

Pedro Serrano González
6 min 113
Josep Cusí portada

Josep Cusí ha muerto en la madrugada de este miércoles en su domicilio de Barcelona, a los 92 años y acompañado por su familia, que lo despedirá en la intimidad. Era el amigo más cercano de Juan Carlos I, una de las poquísimas personas que tenía su número privado de móvil, y el hombre que durante cuatro décadas ejerció de armador y tripulante del Bribón mientras el rey lo patroneaba.

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Una despedida privada y una ceremonia todavía sin fecha

Josep Cusí llevaba días con un empeoramiento de su estado de salud y ha muerto en casa, rodeado de los suyos. La familia ha decidido que el adiós sea privado y ha dejado para más adelante el anuncio de la fecha de una ceremonia en la que se recordará su figura; a esa despedida pública podría acudir Juan Carlos I, que ha sido el primero en lamentar la pérdida. Su salud nunca llegó a reponerse del todo del ictus que sufrió hace cinco años y que lo tuvo un mes en coma, con su mujer, Inés Muiños, permanentemente al lado de la cama.

Juan Carlos I y él llevaban tiempo sin verse en persona, y no por falta de ganas. El armador ya no estaba en condiciones de afrontar grandes viajes, y el padre de Felipe VI, instalado en Abu Dabi, tiene que medir al milímetro cada uno de sus movimientos cada vez que pisa España. La distancia la resolvieron por videollamada: hablaban varias veces por semana y seguían comentándolo todo, y a todos, igual que cuando compartían cubierta. Esas llamadas son exactamente lo que el emérito ha perdido este miércoles.

El hombre que tenía su número y que bautizó el Bribón

Para calibrar dónde estaba Josep Cusí en la vida del rey emérito basta con un dato: era una de las contadísimas personas que disponía de su número privado de móvil. La amistad, casi fraternal, se prolongó más de medio siglo y fue tan estrecha que Juan Carlos I apadrinó a una de sus hijas y ofició de padrino en la segunda boda del armador, con Inés Muiños, hija de uno de los oftalmólogos más reconocidos de la clínica Barraquer. Ella ya era amiga del monarca antes de conocer a su marido: fue precisamente él quien los presentó.

El barco que los unió lo nombró él. Bautizó al primer Bribón buscando, como explicó, un nombre «muy español y muy pícaro» que representara al rey, y de ahí salieron los diez que vinieron detrás. Él ejerció de armador y tripulante y el monarca de patrón a lo largo de cuarenta años de regatas, un tándem que dejó un palmarés difícil de discutir: once Trofeos Godó, siete campeonatos de España, un europeo y un mundial. Cusí acabó además convertido en el proveedor de todas las necesidades náuticas del emérito, costeadas de su propio bolsillo o con la colaboración de otros empresarios amigos.

Hasta dónde llegó la lealtad de Cusí

La discreción del armador era proverbial —apenas dio declaraciones públicas en toda su vida—, pero su lealtad se midió siempre en gestos concretos y bastante inusuales. Cuando el rey se operó en Barcelona, fue él quien viajó hasta el laboratorio estadounidense que debía analizar las muestras de los tejidos que le habían extirpado. Y puso la ciudad entera a sus pies: le presentó a sus médicos, a su peluquero, a su dentista y hasta a su sastre, hasta convertir la capital catalana en una suerte de refugio para el monarca cada vez que bajaba al norte.

En más de cincuenta años solo se les conoce un desencuentro, y lo contó Pilar Urbano en Genio y figura: la relación pasó por «algún bajón cuando don Juan Carlos pretendía acudir a alguna de las reuniones con Corina». Lo superaron y siguieron. La otra zona espinosa es económica: The Telegraph publicó que Cusí pagó 269.000 de los más de 467.500 dólares que costó la luna de miel de Felipe VI y Letizia por Camboya, las islas Fiyi, California y México, y apuntó que el empresario habría actuado como testaferro del monarca. Él nunca contestó a eso. Solo se pronunció en público en dos ocasiones: para admitir que el viaje a Botsuana quizá no había sido una decisión acertada de su amigo, y para calificar de «malentendido» el rifirrafe entre doña Sofía y Letizia en la Seu.

De dar de comer a los tiburones al tiro al plato

Había nacido en Barcelona el 13 de enero de 1934 y era ingeniero electrónico por la Escuela de Ingenieros de Tarrasa, aunque su currículum se entiende mejor por el agua. De crío compitió en los campeonatos catalanes de natación y ganó el regional de los 100 metros libres; después jugó dos años al waterpolo en el Real Club de Natación Barcelona. Con 18 años, recién acabado el bachillerato, ya era submarinista aficionado, había atravesado las islas Medas y había cruzado el Estrecho de Gibraltar, una hazaña que llamó la atención de Jacques Cousteau.

El francés lo invitó a navegar en el Calypso rumbo al mar Rojo, donde participó en el rodaje de El mundo del silencio, la primera película filmada bajo el agua. Fue él el único que, enjaulado, se atrevió a dar de comer a los tiburones, y el entonces presidente de Francia, Charles de Gaulle, les concedió la medalla de la Legión de Honor. Ya en los sesenta se propuso llegar a unos Juegos Olímpicos, eligió el tiro al plato por puro cálculo y a los 34 años se plantó en México 1968, donde no subió al podio pero se trajo diploma. Esa puntería lo llevó al equipo de caza de Franco, al que acompañó doce años como instructor, y fue allí donde conoció a un joven Juan Carlos con el que todavía no era amigo.

Deja ocho hijos —dos de ellos fallecidos—, once nietos, cuatro bisnietos, un tataranieto y un jack russell llamado Bribón que le regaló el rey. El nombre que él eligió sigue navegando sin su armador: hace menos de un mes Juan Carlos I revalidaba a los 88 años el campeonato de Europa con El Bribón en Ginebra, y días después se reencontraba con doña Sofía en Marivent, en uno de esos viajes cortos a España que desde hacía tiempo ya no incluían pasar por Barcelona a ver a su amigo.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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