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Campeón de Europa a los 88 años: Juan Carlos I revalida el título con ‘El Bribón’ en Ginebra dos meses después de que en Sanxenxo se dudara de que pudiera navegar

Pedro Serrano González
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rey portada emerito

A los 88 años, el rey Juan Carlos ha vuelto a levantar una copa. El emérito se ha proclamado este viernes campeón de Europa de vela en la categoría de 6 metros al timón de El Bribón, en el campeonato que se disputa en Ginebra desde el pasado 13 de julio y que adelantó Vanitatis. No es un debut: el barco ha revalidado el título tras una competición reñida y ajustada hasta el final. Y el dato que mejor mide lo ocurrido no está en la clasificación final, sino en el desarrollo: El Bribón ha encabezado las mangas todos los días de regata.

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Once días en Ginebra y las mangas encabezadas cada jornada

La cita venía de lejos. El emérito llegó a Ginebra el 13 de julio para disputar el Campeonato de Europa de la clase de 6 metros, una categoría clásica y exigente en la que lleva compitiendo años y en la que El Bribón se ha convertido en un habitual del podio. Once días de competición después, el desenlace ha llegado este viernes con la revalidación del título. Y conviene subrayar el matiz, porque no es lo mismo ganar que repetir: defender una corona europea implica llegar como favorito, con todos los rivales midiendo cada maniobra.

Lo que distingue este campeonato de otros resultados es la regularidad. Según el balance de la competición, el barco encabezó las mangas todos los días, lo que significa que no hubo un golpe de suerte final ni una remontada afortunada en la última jornada: hubo dominio sostenido desde el principio. En una clase donde la diferencia entre el primero y el cuarto puede reducirse a segundos, mantener la cabeza jornada tras jornada exige una tripulación fina y un timonel capaz de aguantar la presión durante más de una semana. Ese timonel tiene 88 años.

Lo que se decía de él en mayo, en Sanxenxo

Para entender la dimensión del resultado hay que recordar dónde estaba la conversación sobre su estado físico hace apenas dos meses, y ahí el archivo de esta casa aporta el contraste exacto. El 15 de mayo, en su cita habitual con las regatas gallegas, contamos la preocupación que había en Sanxenxo por su evidente bajón físico, con quienes le rodeaban admitiendo que no sabían si podría llegar a navegar. Aquella era la imagen que quedó de él esta primavera: la de alguien al que había que ayudar a moverse y del que se dudaba que pudiera subirse a un barco.

Dos meses y medio después, ese mismo hombre encadena once días de regata en Suiza y se lleva un Europeo. No hay ninguna contradicción entre las dos cosas —una cosa es caminar por un pantalán y otra gobernar un timón sentado, y quienes conocen la vela lo saben—, pero el contraste es lo bastante llamativo como para dejarlo dicho sin adornarlo. Lo que en mayo se planteaba como una duda razonable sobre su capacidad para competir se ha resuelto en julio de la forma más rotunda posible. Es, muy probablemente, la mejor respuesta que podía dar a aquella conversación, y la ha dado sin pronunciar una palabra.

Eufórico y llamando a los amigos

La reacción del emérito da la medida de lo que ha significado para él. Según el relato de la jornada, Juan Carlos ha recibido el triunfo eufórico y muy emocionado, y una de las primeras cosas que ha hecho ha sido coger el teléfono para llamar a algunos de sus amigos y contárselo. Se describe este título como una de las alegrías más intensas que ha experimentado en los últimos tiempos, algo que encaja con lo que la vela ha ido representando para él en esta etapa: el único terreno donde sigue siendo, sencillamente, un competidor más.

Durante buena parte de la estancia en Ginebra ha estado acompañado por su hija, la infanta Elena, que se marchó hace pocos días. Es un detalle menor en apariencia, pero dice bastante del reparto familiar de este verano: mientras el padre competía en Suiza, el resto de la familia se organizaba a varios cientos de kilómetros para otra cosa muy distinta. Y ahí está el segundo plano de esta jornada, que corre en paralelo y en dirección contraria.

Mientras tanto, en Marivent

El mismo día en que el emérito celebraba su título en Ginebra, la reina Sofía comenzaba en Palma de Mallorca unas vacaciones que son, sin discusión, las más difíciles de su vida. El motivo es el reciente fallecimiento de su hermana, Irene de Grecia, la persona con la que compartió casa y día a día durante décadas. Toda la familia es consciente de lo que significa ese hueco, y por eso se ha producido un movimiento poco habitual y muy revelador.

Las infantas Elena y Cristina y sus hijos —Felipe y Victoria de Marichalar, y Juan, Pablo, Miguel e Irene Urdangarin— se han organizado para que la reina no se quede sola en ningún momento en el Palacio de Marivent. No es una visita de cortesía ni una foto de agosto: es un turno familiar montado expresamente para que no haya un solo día de soledad. Que la misma jornada reúna esas dos escenas —la euforia de un campeonato en Suiza y un relevo de nietos organizado en Mallorca para acompañar a una viuda de duelo— resume bastante bien en qué punto está hoy la familia.

Lo que no se ha aclarado

Del lado deportivo quedan cabos sueltos que la propia competición irá cerrando. No se ha detallado la clasificación completa ni la diferencia final con el segundo, ni se conoce todavía la composición exacta de la tripulación que ha llevado a El Bribón hasta el título. Tampoco hay agenda posterior: no se sabe si el emérito enlazará con alguna otra cita del calendario de vela este verano o si esta era la última antes del descanso.

Y queda, sobre todo, la pregunta que sobrevuela cada aparición suya y que hoy tampoco se ha respondido: si este viaje deportivo tendrá continuidad en un regreso a España más allá de las regatas. De momento, lo único cerrado es lo que ocurrió este viernes en el lago suizo: un timonel de 88 años, un barco que encabezó todas las mangas y un título europeo revalidado. Poco más se puede pedir a una semana de julio.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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