La imagen que no se producía desde hacía siete años ocurrió en el Palacio de Marivent: Juan Carlos I y la Reina Sofía volvieron a verse allí, con las infantas Elena y Cristina y varios de sus nietos alrededor. Doña Sofía llevaba días instalada en el palacio con ellos, y fue la llegada del emérito la que permitió recomponer una estampa que en Mallorca se daba por perdida. El reencuentro, según cuentan quienes compartieron esas horas con él, «significó un momento de felicidad», y el padre de Felipe VI se marchó de la isla «muy a gusto». Pero hay un detalle que ordena todo lo demás: no durmió en Marivent.
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Veinticuatro horas, y ninguna noche en palacio
El viaje fue corto y estrictamente personal. Juan Carlos I llegó a Palma el domingo por la mañana procedente de Ginebra y se marchó unas veinticuatro horas después, a primera hora del día siguiente, en un avión privado con rumbo a Cerdeña. En ese tiempo hubo reunión familiar, hubo fiesta y no hubo pernocta en el palacio: se alojó en casa de un amigo en Cala d’Or. El matiz no es menor, porque Marivent no es propiedad de la Familia Real —la titularidad corresponde a la comunidad autónoma de las Islas Baleares, que lo tiene cedido a la Corona española como residencia de verano—, así que dormir allí o no dormir es una decisión con lectura.

La visita llega además en un verano especialmente sensible para doña Sofía, que ha perdido este año a su hermana Irene de Grecia y a su prima Tatiana Radziwill. En ese contexto, tener en la isla a las dos infantas y a los nietos, y recibir la visita del emérito, devuelve a Mallorca el papel que tuvo durante cuatro décadas: el punto donde la familia se juntaba cada agosto. Ese era el escenario habitual de los veranos de la Corona y también el de encuentros institucionales de primer nivel: allí fueron recibidos los Clinton y los Obama, y allí veraneó Carlos III cuando era príncipe de Gales, con la princesa Diana y sus hijos Guillermo y Harry.
La fiesta secreta que organizó con Rafa Nadal
El motivo real del desplazamiento no era el reencuentro, sino una celebración: el 80º cumpleaños del empresario Miguel Arias, amigo íntimo del emérito y figura clave en el desarrollo de Puerto Portals y del restaurante Flanigan. La fiesta se organizó en secreto entre Juan Carlos I y Rafa Nadal, y reunió a miembros de la familia del rey. El homenajeado no se lo esperaba y reaccionó con un espontáneo «Me la habéis liado», según recoge Diario de Mallorca. La reunión familiar en Marivent se produjo antes de esa celebración, que fue el domingo por la noche.
La complicidad con el tenista viene de lejos y explica por qué es él quien aparece en esta historia. Tanto Juan Carlos I como doña Sofía fueron invitados a la boda de Nadal y Mery Perelló en 2019, que fue justamente la última visita social del emérito a la isla. Desde entonces, y hasta este domingo, no había vuelto a dejarse ver en Mallorca en un acto de ese tipo. Su última aparición institucional allí es todavía más antigua: la misa de Pascua de 2018, aquella marcada por la controversia en la Catedral de Palma. Desde ese día, su relación con la isla quedó congelada.
Padre e hijo, cruzándose en el aeropuerto
Hay una coincidencia que da la medida de cómo está el asunto. Felipe VI había llegado a Mallorca días antes para iniciar las audiencias de verano con las autoridades baleares en La Almudaina, y abandonó la isla el domingo por la mañana —el mismo día y a la misma hora en que aterrizaba su padre— por la gravedad de los incendios de Madrid y Ávila. Ya en la península se reunió con la Unidad Militar de Emergencias y visitó junto a la Reina Letizia a los vecinos desalojados, como contamos cuando aterrizó en Torrejón nada más empezar sus vacaciones. En Marivent se quedaron su madre, sus hermanas y los sobrinos.
Ese cruce ya se apuntó cuando el emérito aterrizó el domingo por la mañana, justo cuando su hijo se iba, y ahora se confirma con los detalles de lo que ocurrió dentro. Antes de todo esto, Juan Carlos I estaba en Suiza: el 24 de julio revalidó a los 88 años el campeonato de Europa de vela con ‘El Bribón’ en Ginebra, la ciudad desde la que voló a Palma. De Mallorca salió hacia Cerdeña, y en la isla queda la primera foto de familia en siete años, aunque haya durado poco más de un día.
