La viuda de Juan Tamariz cuenta que tuvo que enseñar sus fotografías de boda para que la dejaran pasar a ver a su marido en la residencia en la que estaba ingresado: al llegar le dijeron que no estaba autorizada, porque por escrito solo figuraban como visitas los cuatro hijos del mago. Consuelo Lorgia, maga colombiana, sostiene que Ana Tamariz, Mónica, Alicia y Juan Diego, los cuatro hijos del artista —las dos mayores, nacidas de su primer matrimonio; los otros dos, de relaciones posteriores—, lo internaron allí el pasado enero sin decírselo, que le ocultaron durante semanas en qué centro estaba y que el día de su muerte tampoco la dejaron entrar en el hospital a despedirse de él. El entorno del ilusionista ha respondido esa misma tarde y en el mismo plató: defiende el cuidado que le dieron sus hijos y desliza que la relación del propio matrimonio también era complicada.
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ACTUALIZACIÓN | 13:15 del 21/08/2026. El enfrentamiento tiene desde este viernes un segundo frente. Desde el plató del programa de sobremesa de Antena 3 se apuntó al testamento de Juan Tamariz como origen del malestar familiar: «La herencia ha tenido mucho que ver», se deslizó en la emisión. El grueso de ese patrimonio es la escuela de magia que el mago fundó en 1988 en el número 25 de la calle Tutor, en el barrio madrileño de Argüelles, y que hoy dirigen su hija Ana Tamariz y el marido de esta, el mago Manuel Vera, yerno del ilusionista y profesor del centro. A eso se suman las propiedades que tenía en Madrid y en San Fernando, en Cádiz, de las que nunca presumió. La familia trabaja además en levantar la Fundación Juan Tamariz, que la propia Ana confirmó a las puertas del tanatorio —«va a pertenecer a Jorge Blass, Moisés, Aranzazu…»—, y en un homenaje que reunirá en Madrid el próximo octubre a los compañeros que no pudieron despedirle allí.
Ana, la hija de Juan Tamariz, y su hijo Daniel se han alzado como portavoces de la familia y en sus mensajes agradecieron el cariño de los seres queridos y de los seguidores del mago, con una dedicatoria para los sanitarios y cuidadores que lo atendieron hasta el final. No hubo ni una sola mención a Consuelo Lorgia, con quien el ilusionista llevaba diecisiete años casado y no tuvo descendencia. Cuando los dos pasaron por el juzgado, la madrina de aquella boda fue su hija mayor.
El choque no va de reproches vagos: va de dos listas concretas. En la residencia, según el relato de la viuda, estaba escrito que solo podían visitar al mago sus cuatro hijos. En el hospital, el día en que murió, las visitas estaban restringidas y a ella no la dejaron entrar. En las dos quedó fuera la mujer con la que Juan Tamariz estaba casado, y esa es la decisión que ahora se discute: si la tomaron los hijos por su cuenta, como sostiene ella, o el propio ilusionista, como mantiene su círculo. Y la distancia entre las dos versiones no es de matiz. Una dibuja a un hombre incomunicado de su mujer durante meses en un centro cuyo nombre ella desconocía; la otra, a un artista lúcido que recibía a quien quería y decidía cuándo.
Una residencia en enero, cientos de mensajes sin respuesta y la frase del cuñado

El relato de la viuda lo trasladó el periodista Carlos García, que mantuvo una larga conversación telefónica con ella y la contó en el programa de sobremesa de Antena 3. Según esa versión, el traslado de Juan Tamariz a una residencia se produjo el pasado enero, por los problemas de movilidad que le había causado el párkinson que padecía, y nadie se lo comunicó a ella previamente ni le pidió autorización. Consuelo Lorgia, que vivía con el mago en un piso de Madrid, asegura que durante semanas llamó a su teléfono móvil y le mandó cientos de mensajes sin obtener una sola respuesta. También recurrió a su cuñado, un hermano del ilusionista, para preguntarle dónde estaba: según su versión, se negó a decírselo alegando instrucciones de sus sobrinos. La frase que dice haber recibido de él es la que ha acabado resumiendo el enfrentamiento. «La indicación que me han dado es que no te hable».
Fue el propio mago, siempre según el relato de ella, quien terminó permitiéndole dar con el sitio. La viuda contó que recurrió a una mentira pequeña durante una conversación con él para sacarle la ubicación. «Hola, mi amor, es que estoy aquí al lado de donde estás, pero no sé la habitación, no sé el número exacto». Con esa pista localizó la residencia y se plantó allí. Los responsables del centro le comunicaron que no estaba autorizada a entrar y que eran los cuatro hijos quienes decidían quién podía verlo y quién no. «Cuando llegué, estaba escrito que solo podían visitarlo los cuatro hijos», relató. Para acreditar quién era tuvo que enseñar sus álbumes. «Yo le enseñé las fotografías de mi boda para demostrarles que era su esposa legal». Aquel primer reencuentro duró unos sesenta minutos. «Llegué y estuvimos una hora hablando. Yo no podía decirle lo que pasaba pero me preguntó qué me pasaba en los ojos, le dije que tenía ardor pero estaban hinchados de tanto llorar». Sobre el motivo por el que, mantiene, le habían prohibido a su marido hablar con ella, no dio detalles. «Supuestamente, por todo lo que había hecho».
El día del hospital. «Pero si yo soy la esposa»

La escena se repitió semanas después, cuando el mago pasó de la residencia al hospital. Consuelo Lorgia cuenta que se presentó en Urgencias y preguntó a una enfermera si podía pasar. «Fui al mismo Urgencias y le dije a la enfermera: «¿Puedo entrar?». Y me dijo: «Perdone, Consuelo, no podemos dar datos»», relató. A su marido lo habían puesto en régimen de visitas restringidas. Ella insistió por lo único que creía incontestable. «Le dije: «Pero si yo soy la esposa». Le mostré la foto y dijo: «Sí, pero no puedo darle datos». Y que no, que no me dejaban entrar, que no podían darme referencias, que no podían decirme nada. Así me quedé». Tampoco consiguió hablar con los médicos que lo atendían ni obtener información sobre su estado.
Fue entonces cuando llamó al hijo del mago que se marchaba a comer y se ofreció a cubrir ese hueco. «Yo voy, te reemplazo mientras tu vas a almorzar». La respuesta, según ella, fue que no. «No, porque aquí están Ana y Mónica». Su turno, le dijeron, quedaba aplazado hasta que el hijo volviera del almuerzo. Preguntó al menos dónde estaba ingresado y le contestaron que en el séptimo piso. Poco después recibió la llamada de una persona a la que identificó como Manu. «Se murió Juan», le dijo. «Viene la funeraria». Ella pidió que la esperasen —«Espéreme, por favor»— y le contestaron que no daba tiempo. «No, no creo que alcance». Las cuentas es lo que no le encaja. «Aparentemente se acaba de morir, pero no, según lo que veo en el internet se murió a las cuatro. Y yo a las dos de la tarde estuve llamando al hijo que dijo que iba a ir a comer. Te lo juro, te lo juro por Dios santo, que yo todavía no lo entiendo. Todavía no entiendo muchas cosas».
La otra versión: «el cuidado tan amoroso y respetuoso» y un matrimonio «complicado»
Horas después, en ese mismo programa, la periodista Lorena Vázquez puso encima de la mesa lo que le trasladan compañeros de profesión y personas del círculo íntimo del ilusionista, que subrayan «el cuidado tan amoroso y respetuoso que tenían los hijos de Juan con él». Esas fuentes no quieren entrar en detalles «porque no quieren participar de una guerra mediática», pero sí aportan un elemento que hasta ahora no se había hecho público. «La relación de los hijos de Juan con Consuelo me dicen que era bastante complicada y tensa, pero una cosa que me apuntan y creo que no se sabía hasta ahora es que también me aseguran que la relación entre Juan y Consuelo era una relación complicada, y dicen complicada sin dar demasiados detalles», expuso la periodista. Ninguno de los cuatro hijos ha respondido de forma directa al testimonio de la viuda: todo lo que ha trascendido de su lado procede de terceros que han hablado con el programa.

El grueso de esa segunda versión desmiente que el mago estuviera aislado y que fueran solo sus hijos quienes decidieran por él. «Hay muchos compañeros que sí podían entrar en la residencia a ver a Juan tranquilamente, con el permiso de sus hijos, pero, sobre todo, con el permiso de Juan porque Juan estaba perfectamente bien, me aseguran, de salud mental. Él era consciente de quién le visitaba, de quién no…», detalló Lorena Vázquez. Lo que sí pedía el ilusionista, según esos mismos testimonios, era que las visitas se programaran con tiempo y que no se agolparan todas el mismo día. «Juan fue consciente en todo momento de lo que hacían sus hijos y estaba de acuerdo con todas sus decisiones», añadió. Uno de sus amigos íntimos lo dejó en tres palabras al programa: fue «plenamente consciente hasta el final». La periodista insistió en el mismo punto al cerrar su intervención: el mago «fue consciente en todo momento, hasta el final, de toda la información que se estaba dando, a quién se estaba dando y cómo se estaba dando».

Un velatorio sin una sola palabra entre ellos y el silencio de los cuatro hijos
Que la fractura viene de lejos lo apuntó también Carlos García. «El tema de la relación entre Juan y los hijos era un melón que venía de tiempo atrás y que no siempre Juan y Consuelo habían tenido, ni muchísimo menos, un consenso sobre cómo afrontar eso». Lo que se vio en el tanatorio encaja con eso. Durante el velatorio, «en ningún momento vimos interacción» entre los hijos del mago y su viuda; el círculo que arropaba a Consuelo Lorgia «era más cerrado», un grupo reducido de conocidos, y ella estaba «emocionada y pasando su duelo». Mientras tanto, la única voz de la familia ha sido la de Ana Tamariz, que dirige la Escuela de Magia de Madrid y ha ejercido de portavoz ante las cámaras estos días. «Se ha ido tranquilo, con una sonrisa. Ha sido dulce. Sus cuatro hijos estábamos con él, cogiéndole de la mano».
La mujer que ha abierto este frente no es una recién llegada al oficio de su marido. Consuelo Lorgia es maga e ilusionista, natural de Colombia, hermana del también mago Gustavo Lorgia, con varios premios internacionales a sus espaldas y más de treinta años dedicada al ilusionismo. Se cruzó con Juan Tamariz en un congreso mundial de magia celebrado en Viena, la amistad entre ellos dio paso al amor y acabaron casándose rodeados de familia y amigos. Compartieron durante años escenario y profesión, actuaron juntos en numerosos espectáculos y la relación con el resto de la familia fue cercana en otras etapas. Ni el momento ni las razones por las que esa cercanía se rompió han trascendido todavía.
El estallido llega apenas cuarenta y ocho horas después del adiós. El mago murió el pasado martes a los 83 años en el hospital Clínico San Carlos de Madrid, y fue su hija Ana quien comunicó el fallecimiento en sus redes sociales, sin intermediarios, en la misma línea de discreción con la que la familia había llevado su enfermedad. Del párkinson que padecía y de que había dejado de actuar no se supo prácticamente nada hasta que murió: no hubo comunicados, ni partes médicos, ni una despedida pública de los escenarios. Sobre esos mismos meses hay ahora dos relatos enfrentados, y ninguna de las dos partes los cuenta igual.
