El torero Alberto Álvarez permanece en estado muy grave en la Unidad de Cuidados Intensivos tras sufrir un escalofriante accidente en su finca, justo seis meses después de su mediática pedida de mano en la Plaza de la Misericordia.
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La tragedia ha golpeado con una dureza extrema al entorno taurino aragonés. El pasado sábado, 2 de mayo de 2026, lo que debía ser una jornada rutinaria en la explotación ganadera de Valereña se transformó en una lucha desesperada por la supervivencia. Alberto Álvarez, de 45 años, se encontraba realizando las labores de alimentación de sus reses cuando, por causas que aún se investigan, cayó en el interior de una trituradora de pienso. El accidente se produjo en un paréntesis de su labor como director de lidia en Borja, momento en el que decidió acercarse a su propiedad para atender a sus animales.

Tras el impacto inicial y la rápida intervención de los servicios de emergencia, el diestro fue evacuado en un helicóptero medicalizado con destino al Hospital Miguel Servet de Zaragoza. El diagnóstico inicial era desolador: graves lesiones en las extremidades inferiores con pérdida de tejido y una hemorragia masiva que ponía en riesgo inmediato su vida. El medio regional HOY ARAGÓN, que ha servido como fuente de los primeros partes médicos, calificó la intervención quirúrgica como «larga y complicada».
Un milagro médico entre la incertidumbre
A pesar de la extrema gravedad de las heridas, el equipo de cirujanos del Hospital Miguel Servet logró realizar lo que en un principio parecía inalcanzable: salvar sus piernas. Las primeras valoraciones sugerían que la amputación sería inevitable dada la naturaleza del accidente en la trituradora, pero la pericia médica ha permitido conservar las extremidades. Actualmente, el matador de toros se encuentra bajo estricta vigilancia en la UCI de Traumatología. Los facultativos centran ahora sus esfuerzos en monitorizar la circulación sanguínea de las zonas intervenidas y prevenir infecciones o trombosis que podrían complicar un cuadro clínico ya de por sí delicado.

La noticia ha causado una profunda conmoción en Ejea de los Caballeros, localidad natal de Álvarez y donde se ubica su finca. Su madre, Digna Navarro, recordaba en declaraciones previas a El Heraldo de Aragón los sacrificios realizados desde que Alberto ingresó en la Escuela Taurina de Zaragoza con 13 años. En sus oraciones a la Virgen del Pilar, Navarro siempre mostró su temor por los riesgos del oficio, aunque paradójicamente, el peligro no ha venido esta vez de un astado, sino de la maquinaria de su propia ganadería. «A la querida Virgen del Pilar le pido que proteja a Alberto y su cuadrilla tanto en la plaza como por carretera. La cantidad de kilómetros que recorren hace que el coche tenga tanto peligro como el toro», llegó a confesar su progenitora.
El contraste de una felicidad truncada
Este revés del destino llega en un momento vital que rozaba la plenitud para el diestro. El pasado 12 de octubre de 2025, Alberto Álvarez protagonizó un momento histórico en la Feria del Pilar de Zaragoza al anunciar su retirada de los ruedos y, simultáneamente, pedir matrimonio a su pareja tras brindar su segundo toro. Fue un «sí» rotundo que se selló con un anillo y un emotivo mensaje de la futura novia en redes sociales: «Me encanta mi anillo, pero más me encantas tú. Te quiero mucho. Hoy y siempre juntos y orgullosísima de ti, eres el mejor».
Ese compromiso, que apenas cumple seis meses, se ve ahora puesto a prueba por un estado de salud que sigue siendo calificado como «muy grave» por fuentes sanitarias. La comunidad taurina, que ya estaba sensible tras la reciente cornada de Morante de la Puebla —quien curiosamente fue el padrino de alternativa de Alberto en 2003—, se ha volcado en mensajes de apoyo hacia el aragonés. Mientras el mundo del toro reza por su recuperación, Alberto Álvarez libra ahora la faena más difícil de su vida desde una cama de hospital, con la esperanza de que la fortaleza que mostró durante décadas frente a los pitones le ayude a superar este crítico lance.
