El lío es de los que congelan la sonrisa a cualquiera en los despachos de la Zarzuela. El joven emiratí Jabar H.A., arrestado hace dos semanas en una barriada militar de Burgos por adoctrinamiento terrorista, presumía abiertamente ante su entorno de sus planes de mudanza a Madrid. No se trataba de un traslado cualquiera. El presunto yihadista ya había completado la preinscripción formal para matricularse en la Universidad Carlos III, el mismo centro público elegido por la Princesa Leonor para arrancar su formación civil el próximo otoño. El sospechoso tenía incluso el piso apalabrado en la capital para compartir las aulas con la heredera de la Corona.
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La detención se ejecutó en una vivienda de la capital burgalesa en mitad de un despliegue policial que dejó de piedra al vecindario. Jabar llevaba algo más de un año residiendo en la ciudad castellana, matriculado en la Universidad de Burgos y manteniendo una rutina calcada a la de cualquier chaval de su edad. Su agenda diaria incluía clases por la mañana, sesiones de entrenamiento en el gimnasio y convivencia con otros estudiantes internacionales de su misma nacionalidad. Los testimonios recogidos por el Diario de Burgos dibujan a un tipo integrado, alejado del prototipo del radical solitario, que no esquivaba el trato con los compañeros aunque cerraba filas con su grupo más íntimo.
El chaval preparaba el salto a Madrid con minuciosidad. Activó las solicitudes de admisión en varias instituciones madrileñas y se decantó por el campus de Getafe de la Carlos III tras recibir la luz verde de la secretaría. Lo que parecía una decisión estrictamente académica escondía una obsesión verbalizada. Quienes trataban al emiratí recuerdan que repetía de manera constante que iba a compartir pasillos y profesores con la hija de Felipe VI. El orgullo con el que exponía esta coincidencia ha encendido todas las alarmas en los equipos encargados de la seguridad del Estado, mientras el caso permanece bajo estricto secreto judicial para desentrañar el alcance real de sus intenciones en la capital.
La mudanza estaba tan encarrilada que el investigado ya había cerrado el trato para el alquiler de un piso junto a otro estudiante. La coincidencia temporal con el calendario de la Casa Real aporta un tinte siniestro a la investigación del bando antiterrorista. Jabar aceleró sus trámites burocráticos justo cuando los medios de comunicación de todo el país desvelaban la hoja de ruta académica de la Princesa de Asturias para los próximos cuatro años.
El blindaje de la carrera de la heredera
La Jefatura del Estado comunicó a finales de abril de 2026 que la princesa Leonor cursaría el grado de Ciencias Políticas en el centro universitario del sur de Madrid. El programa de la Casa del Rey especificaba que la heredera compaginaría la asistencia presencial a las materias teóricas con su agenda de representación oficial y militar. El plan de estudios de la Carlos III destaca por un filtro de acceso severo y un nivel de exigencia alto para el alumnado internacional. La nota emitida por Palacio recordaba que la alumna superó el proceso de selección ordinario para expedientes extranjeros tras recibir el visto bueno del Comité de Evaluación.
Las asignaturas que Jabar pretendía tener a tiro de mano incluyen materias clave como Derecho, Relaciones Internacionales, Sociología, Historia y Economía. El curso tiene fijado su inicio en el tercer cuatrimestre de 2026, coincidiendo con la salida de la Princesa de su etapa de instrucción en las academias de los tres ejércitos. El rey Felipe VI se había mostrado entusiasmado en público pocas semanas antes con los avances de su hija en las maniobras militares de Vigo, ensalzando el compromiso de la joven con su preparación institucional antes de pisar el campus universitario.
El cruce de caminos entre el emiratí radicalizado y la heredera al trono expone la fragilidad de los entornos públicos frente a la captación de células yihadistas. La rutina tranquila del presunto terrorista en Castilla y León sirvió de pantalla perfecta para avanzar en un proceso de adoctrinamiento en redes que pasó desapercibido para sus tutores académicos y sus compañeros de residencia hasta el día en que la Policía echó abajo la puerta de su domicilio.
Desconcierto absoluto en las aulas de Burgos
El golpe de la Comisaría General de Información ha dejado un reguero de dudas entre la comunidad universitaria de Burgos. Nadie en el campus detectó variaciones en la conducta de Jabar que hiciesen sospechar su vinculación con redes de propaganda integrista. La normalidad con la que se movía por los pasillos universitarios ha instalado una sensación de desconfianza compartida en la barriada militar donde residía, un entorno especialmente sensible a este tipo de detenciones por la naturaleza de sus inquilinos.
La investigación se centra ahora en analizar los dispositivos electrónicos intervenidos en el piso de Burgos para comprobar si el interés por la Carlos III respondía a un plan deliberado de aproximación al entorno de la Corona o si era una simple bravuconada utilizada por el detenido para ganar estatus dentro de los canales de adoctrinamiento digital. El caso vuelve a poner de relieve la dificultad de detectar los procesos de captación exprés en jóvenes que manejan presupuestos holgados y no levantan sospechas en los controles policiales rutinarios del país.
Madrid se presentaba para Jabar como el escenario ideal para diluirse entre miles de estudiantes de fuera, mientras en la Zarzuela repasan los protocolos de seguridad de cara al próximo curso. El búnker policial ha funcionado a tiempo en Burgos, cortando los planes de un sospechoso que ya se veía compartiendo apuntes de Ciencias Políticas con la futura Reina de España en los bancos de Getafe.
