Un nuevo y definitivo revés sacude los cimientos del entorno más íntimo de una de las figuras más controvertidas y geniales del escalafón taurino. El diestro sevillano Morante de la Puebla ha puesto fin de manera definitiva a su matrimonio con su segunda esposa, Elisabeth Garrido, tras dieciséis años de unión sentimental y dos hijas en común. La dolorosa ruptura, que venía fraguándose en el más estricto de los secretos familiares, añade una importante trascendencia a la actualidad del torero de la Puebla del Río, cuya intensa trayectoria vital ha estado marcada históricamente por complejos baches de salud.
Te recomendamos

Georgina Rodríguez y Cristiano Ronaldo ya son marido y mujer: se han casado en secreto y lo anuncian con la foto de sus alianzas

Leo Messi, hundido en la despedida a su padre en Rosario junto a Antonela Roccuzzo

Blanca Romero despide a su padre, el empresario Rafael Romero, muerto este domingo en Gijón a sus 81 años

Leo Messi llega a Rosario para dar el último adiós a su padre, entre las condolencias de Rafa Nadal y medio mundo del deporte
Una exclusiva literaria que destapa las grietas familiares
El bombazo que ha hecho saltar por los aires la aparente estabilidad del clan no ha llegado a través de una exclusiva pagada en las revistas del corazón tradicionales, sino entre las páginas de una profunda radiografía profesional. El encargado de desvelar el cese de la convivencia ha sido el veterano cronista taurino Vicente Zabala de la Serna en su última obra, titulada Memoria de Morante. El adiós y el regreso de un genio herido. Un libro concebido para analizar la trayectoria del andaluz que recorre sus antecedentes médicos y los problemas de salud mental que arrastró en el pasado, desvelando ahora cómo la crisis de pareja ha pesado también de forma decisiva en su estado de ánimo.
La separación se produce en un escenario de máxima discreción por parte de los protagonistas, quienes siempre han intentado blindar los asuntos de puertas para dentro. La gestión de este proceso pone fin a una etapa crucial en la madurez del artista, obligándole a reestructurar su núcleo de apoyo afectivo y doméstico en Sevilla tras más de década y media compartiendo el mismo camino vital junto a su esposa.

La historia de amor entre Morante de la Puebla y Elisabeth Garrido se selló el 31 de octubre de 2010 mediante una íntima ceremonia civil celebrada en la sevillana Hacienda de Los Ángeles, ubicada en la localidad de Alcalá de Guadaíra. Aquel enlace apenas contó con 150 invitados, entre los que destacaban contados nombres de la industria del toro como el maestro Curro Vázquez o el espada Luis Antonio Gaspar «Paulita». Fruto de aquel matrimonio nacieron sus dos únicas hijas, María y Lola, de 17 y 14 años de edad respectivamente, quienes se han convertido en el principal desvelo de la expareja en este doloroso proceso de disolución legal.
Un historial médico adverso y la sombra de las cogidas
El divorcio llega en un instante profundamente complejo para el plano profesional del torero andaluz, debido al desgaste propio de su actividad en el ruedo. El diestro sevillano protagonizó recientemente un serio percance, marcado por una grave cogida en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla que le obligó a permanecer ingresado durante más de 72 horas en el hospital bajo estricta observación médica. Aquel percance en el coso hispalense congeló el corazón de la afición y requirió un largo mes de convalecencia antes de que el diestro pudiera retomar los carteles de máxima expectación junto a figuras de la talla del peruano Roca Rey.
La acumulación de dolor físico y el severo desgaste derivado de las secuelas de sus percances profesionales suponen una dura prueba de resistencia para un torero calificado reiteradamente por compañeros como Pepín Liria como un activo absolutamente «necesario» e insustituible para la supervivencia del negocio taurino actual. La coincidencia temporal entre su reaparición médica y la disolución de su matrimonio obliga al espada a afrontar la temporada veraniega bajo el severo escrutinio del público.
La soledad del torero ante el espejo del hotel se vuelve ahora más real que nunca para el genio de la Puebla del Río. Sin el paraguas protector que le brindaba su núcleo familiar estable en el entorno rural andaluz, el espada deberá gestionar los próximos compromisos taurinos con la máxima entereza. Esta separación formal se convierte, por derecho propio, en una de las etapas más difíciles a las que se mide el diestro sevillano fuera de las plazas de toros, donde el arte y el oficio habitualmente sirven de refugio prioritario para canalizar las crisis personales.
