La respuesta de Paramount a los doce estados que han acudido a los tribunales para frenar su compra de Warner Bros. Discovery no ha sido una nota de prensa conciliadora ni una apelación a la paciencia de los reguladores. Ha sido una advertencia con nombre y apellidos: si California bloquea la operación, la compañía se plantea hacer las maletas y sacar su sede corporativa del estado que inventó el cine. El entorno de David Ellison, consejero delegado del grupo, considera que el clima regulatorio se ha vuelto «inhóspito» y le ha recomendado abiertamente el traslado, según ha adelantado el medio estadounidense Semafor. Y la amenaza no es retórica: la empresa ya tiene alquilados cerca de 28.000 metros cuadrados de estudios en Bayonne, en Nueva Jersey, y sobre la mesa está también Texas, el mismo destino al que Oracle —la compañía del padre de Ellison— mudó su cuartel general.
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Una fusión de 110.000 millones contra la fiscalía del estado más poderoso
El pulso llega en el peor momento posible para la operación. Doce fiscalías estatales, encabezadas por California, han presentado una demanda antimonopolio y han pedido a un tribunal federal de Sacramento una orden que congele el cierre de la compra, valorada en más de 110.000 millones de dólares. El fiscal general californiano, Rob Bonta, sostiene que la integración de los dos gigantes se traducirá en despidos, en una reducción real de la competencia y, a medio plazo, en un encarecimiento del producto para el consumidor. En el bando contrario, Paramount asegura haber intentado negociar una salida pactada con las autoridades y sostiene que sus propuestas fueron rechazadas o directamente ignoradas, al tiempo que recuerda que numerosos organismos reguladores internacionales ya han dado luz verde a la transacción sin apreciar problemas de competencia.
El cálculo que maneja la compañía es, sobre todo, económico. Según la información publicada, el traslado permitiría al grupo esquivar un volumen de gasto previsto que sus asesores cifran en torno a los 30.000 millones de dólares anuales, una cifra que explica por sí sola por qué la amenaza se está tomando en serio en los despachos de Los Ángeles. La industria audiovisual californiana lleva años observando cómo las producciones emigran a otros territorios atraídas por incentivos fiscales agresivos y costes sensiblemente menores, de modo que la advertencia de Paramount no cae en el vacío: cae sobre un ecosistema que ya está perdiendo rodajes.
El chantaje del que nadie quiere hablar en voz alta
Conviene ser precisos con lo que está ocurriendo, porque el movimiento tiene una lectura evidente. La compañía está diciéndole al estado que investiga su fusión que, si se la bloquea, se llevará de allí su sede, sus empleos y su actividad. Es una jugada de presión de manual, y lo llamativo es que se hace en abierto, a través de filtraciones a la prensa, mientras el expediente sigue vivo en los tribunales. Un traslado completo del corazón de Hollywood sería, en la práctica, una operación descomunal y probablemente inviable a corto plazo —los estudios, los platós, los talleres y el tejido humano de la industria no se mudan en un camión—, pero el mensaje no busca ser realista: busca ser eficaz.
Y tiene con qué respaldarlo. Los 28.000 metros cuadrados de Bayonne son una infraestructura real, no una maqueta, y podrían reforzarse si el grupo decidiera reducir de verdad su presencia en California. La opción tejana, por su parte, tiene una lógica familiar difícil de ignorar: si Larry Ellison, cofundador de Oracle y uno de los tres hombres más ricos del planeta, ya llevó allí su imperio tecnológico, la mudanza del imperio audiovisual de su hijo sería, más que una excentricidad, una continuación.
Lo que se juega el espectador español en este pulso
Puede parecer un asunto lejano, de tribunales americanos y fiscales generales con nombres impronunciables, pero el desenlace se va a notar en el salón de cualquier casa española. Lo que está en juego es si HBO Max —la plataforma que aloja desde ‘Juego de Tronos‘ hasta el catálogo íntegro de Warner— acaba en manos del mismo grupo que ya controla Paramount+ y Pluto TV, y si CNN, DC Studios, New Line Cinema, Discovery Channel, Eurosport y TNT Sports pasan a compartir tejado con CBS, MTV, Nickelodeon, Comedy Central y Showtime. La concentración de catálogo sería sencillamente sin precedentes.
El calendario, además, aprieta: en Europa, la Comisión Europea tiene fijado el 22 de julio como fecha límite para pronunciarse sobre la operación en su fase 1 de investigación, y ese mismo día es el primero en el que la compañía podría cerrar la compra al otro lado del Atlántico si ningún juez lo impide. Ocho días, dos continentes y una amenaza sobre la mesa. Si Paramount gana el pulso, se convierte en el mayor conglomerado de entretenimiento del mundo. Si lo pierde, avisa de que se llevará la sede a otra parte. En cualquiera de los dos escenarios, quien no parece que vaya a ganar nada es el espectador.
