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Corazón

Melendi confiesa que entró en terapia sin creerse enfermo y que el altercado del avión que dio la vuelta con 300 pasajeros fue «un bendito error»

Pedro Serrano González
5 min 25
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Hay una fecha que Melendi lleva casi veinte años cargando y que, con el tiempo, ha terminado por convertir en el punto exacto en el que su vida se partió en dos. Fue en 2007, en un vuelo comercial rumbo a México: un altercado a bordo obligó al piloto a dar la vuelta con trescientos pasajeros dentro y terminó con el cantante detenido. El músico asturiano ha vuelto sobre aquel episodio y lo ha hecho sin coartadas, reconociendo lo que entonces era incapaz de admitir: que tenía un problema con las adicciones, que no quiso verlo y que solo se puso en manos de un tratamiento cuando ya no le quedaba escapatoria. «Yo me vi obligado a pedir ayuda porque las circunstancias, la voz pública, las compañías discográficas… O sea, yo directamente puse mi carrera en peligro», confiesa. Y remata con la frase más honesta de todas: «No fui convencido de que tenía un problema, todavía no había reconocido que tenía un problema».

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Lo interesante de su relato no está tanto en el escándalo como en la radiografía que hace de sí mismo. Melendi describe aquellos primeros años de éxito como una etapa de «inconsciencia e inmadurez» en la que llegó a considerarse «el ombligo del mundo», y admite que para sostener ese lugar levantó una coraza a conciencia: el personaje del macarra, el tipo duro, el gamberro simpático que no se despeina por nada. Detrás de esa fachada, según cuenta él mismo, había una intuición muy concreta y muy dañina: «Para mí la sensibilidad era un síntoma de debilidad por las consecuencias que me había traído». Es decir, había aprendido que mostrarse frágil se pagaba, y decidió no mostrarse nunca.

Esa coraza aguantó hasta que se topó de frente con las consecuencias. El altercado del avión no fue solo un titular incómodo ni una anécdota de rockero: fue el momento en el que la industria que le sostenía, el foco público y su propia familia le dejaron sin margen de maniobra. Entró en terapia, sí, pero no por convencimiento. Entró porque le empujaron, y su primera reacción fue seguir interpretando un papel también allí dentro: «Tengo que disimular y hacer que me interesa lo que me están contando y que me creo esto», reconoce sobre su actitud en aquellas primeras sesiones. Iba a salvar la carrera, no a curarse. Lo uno acabó llevándole a lo otro, pero por el camino más largo.

El «bendito error»: lo que vio en su madre y ya no pudo dejar de ver

El giro llegó, según su propio relato, por dos vías. La primera, escuchar a otras personas hablar de sus sentimientos en aquel proceso terapéutico que él había abrazado de mentirijillas; ahí empezó a agrietarse el personaje, porque resulta muy difícil sostener la pose del duro rodeado de gente que se está desnudando emocionalmente delante de ti. La segunda, y probablemente la definitiva, fue mirar a su madre. El sufrimiento que vio en ella tras el episodio del avión es lo que, dice, le obligó a «mirarse a sí mismo desde otro lugar». No fue un titular, ni una condena, ni un contrato en peligro: fue la cara de su madre.

De ahí que hoy, con la perspectiva de casi dos décadas y veintitrés años de carrera a la espalda, el cantante se refiera a aquel altercado como un «bendito error». La expresión no es una boutade: es exactamente lo que significa. Si aquello no hubiera ocurrido, sostiene, habría seguido justificándose indefinidamente. Y lo cierra con una reflexión que vale para él y para cualquiera: «Una vez que has visto la verdad es muy complicado seguir creyéndote tus propias mentiras y seguir justificándote».

La confesión de un superviviente que lleva 23 años en lo más alto

El testimonio, recogido en el pódcast El Rincón De Los Errores, llega en un momento particularmente luminoso de su carrera. Ramón Melendi Espina sigue siendo uno de los artistas más populares del país, con más de dos décadas de canciones que se resisten al olvido, y este mismo verano se sienta como coach en La Voz de Antena 3, junto a Pablo López, Lola Índigo y Mika. Es decir, habla desde la orilla del que ha llegado, no desde la del que se está ahogando, y eso convierte el relato en algo más útil que una simple confesión morbosa: es el testimonio de alguien que salió.

Y hay una lección incómoda en todo ello, que él mismo formula sin adornos: la rehabilitación no siempre empieza con una epifanía luminosa, ni con una decisión valiente, ni con esa escena de película en la que el protagonista toca fondo y decide cambiar. A veces empieza a regañadientes, forzado por un juzgado, por una discográfica o por el miedo a perderlo todo, y con el interesado convencido de que allí no pinta nada. Lo importante, parece decirnos Melendi, no es cómo entras: es que entres. Aunque sea a rastras y llamando «bendito» al peor error de tu vida.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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