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Corazón

Le tienden la trampa del debate que envenena la víspera de la semifinal y Lamine Yamal la desactiva con una sola frase: «No creo que haya espacio para hablar de eso»

Pedro Serrano González
5 min 14
yamal rajoy

Le preguntaron por el debate más incómodo de la víspera y contestó un chaval de diecinueve años recién cumplidos. En la rueda de prensa previa a la semifinal del Mundial contra Francia, un periodista de El Mundo, Eduardo Castelao, sacó a Lamine Yamal del terreno estrictamente deportivo para colocarle delante la polémica que lleva días envenenando la antesala del partido: la controversia sobre «quién es francés y quién no lo es», abierta por un artículo del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy. El futbolista, que ha vivido en primera persona esa misma discusión sobre su origen, no entró al barro. Empezó llevando el foco al césped —«mañana vamos a jugar uno de los partidos más bonitos que se puede en un Mundial», dijo, y añadió que «no creo que haya espacio para hablar de eso»— y a continuación soltó la frase que ha dado la vuelta al país: «El fútbol, si sirve para algo, es para integrar, para la sociedad. No hay mejor ejemplo que Francia y nosotros, que somos ejemplo de la integración».

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La frase de un artículo que incendió la víspera de una semifinal

El origen de todo está en una columna publicada el pasado 10 de julio en El Debate y titulada ‘Hoy llegó el desquite’, en la que Mariano Rajoy analizaba el camino de la selección de Luis de la Fuente y describía al rival con una fórmula que ha resultado ser un polvorín: «Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses». Cinco palabras que en cuestión de horas escalaron de la sección de opinión a la primera línea de la conversación pública, con un aluvión de reacciones a ambos lados de los Pirineos. El propio expresidente trató de rebajar la temperatura el lunes, sosteniendo que en sus palabras no había existido «mala intención», pero el incendio ya estaba declarado.

Desde el Gobierno español, el ministro Félix Bolaños replicó que futbolistas como Nico Williams y el propio Lamine Yamal son «tan españoles» como quienes se expresan en esos términos, y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha sostenido este martes que no se puede tolerar «nada que encubra el veneno del racismo». En Francia, la censura al artículo ha sido transversal y ha alcanzado incluso a formaciones de la derecha radical. Rajoy, por su parte, mantiene que se ha malinterpretado el sentido de su texto. Ese es el estado objetivo del asunto, y ahí lo dejamos: lo que aquí nos ocupa no es la trinchera política, sino la respuesta de un futbolista de diecinueve años al que un periodista colocó, sin avisar, en el centro de un debate que no había buscado.

La lección de un chaval que lleva toda su vida escuchando de dónde viene

Porque la clave de la escena está en quién la protagoniza. Lamine Yamal es hijo de Mounir Nasraoui, marroquí, y de Sheila Ebana, de origen ecuatoguineano; se crio en Rocafonda, el barrio de Mataró cuyo prefijo postal celebra en cada gol con los dedos, y lleva desde que era un crío escuchando cómo se discute públicamente su procedencia y su identidad. Cuando le preguntaron por el debate francés, no le estaban preguntando por un asunto ajeno: le estaban preguntando, en realidad, por sí mismo. Y él lo resolvió con una serenidad impropia de su edad, sin señalar a nadie y sin darse por aludido: «El fútbol al final es eso, no hablar de lo que ha dicho otra persona».

La respuesta le ha valido un aplauso casi unánime. En El Partidazo de COPE, el programa que conduce Juanma Castaño, se calificó su intervención de «inteligente» y «elegante», y se subrayó lo evidente: que él mismo es el mejor argumento de lo que estaba defendiendo. Es la vieja lección de que a determinadas provocaciones no se contesta con otra provocación, sino con hechos, y en su caso los hechos son una Eurocopa levantada con dieciséis años, un Balón de Oro en el horizonte y un país entero esperando que esta noche haga lo que sabe hacer.

Una semifinal que ya se juega fuera del campo

El episodio ha convertido el Francia-España de este martes en algo más que un partido de fútbol, para desesperación de un vestuario que lleva días intentando blindarse del ruido. La selección de De la Fuente se juega el pase a la final del Mundial ante el equipo de Kylian Mbappé, y el rival que espera saldrá del duelo entre Argentina e Inglaterra. Es, sobre el papel, el partido más difícil del torneo y el que más morbo acumula: dos selecciones que se conocen de memoria, dos generaciones deslumbrantes y una final anticipada que se disputa en semifinales.

Y en medio de todo eso, un chaval que acaba de soplar diecinueve velas —lo celebró el lunes con sus compañeros, con su novia Inés García, con su madre y con su hermano pequeño Keyne— y al que la actualidad le ha exigido, en menos de veinticuatro horas, ejercer de futbolista, de icono generacional y de portavoz involuntario de una conversación nacional. Ha salido airoso de las tres cosas sin levantar La Voz. Ahora solo le queda la más sencilla: jugar al fútbol. En eso, precisamente, es en lo que mejor se explica.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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