Hay una manera muy sencilla de medir el estado de ánimo de una cadena: mirar lo que programa la noche en que sabe que va a perder. Y lo que ha decidido Telecinco para este miércoles lo dice todo. Mientras La 1 emite el Argentina–Inglaterra que reparte la última plaza de la final del Mundial, la cadena de Mediaset no va a jugar: se retira del campo antes del pitido inicial y tira de enlatado. A partir de las 21:45 emitirá reposiciones de ‘First Dates‘ y, desde las 23:00 y hasta las dos de la madrugada, encadenará entregas de ‘First Dates: Summer edition‘. Es decir, cinco horas de Carlos Sobera recibiendo solteros en la puerta del restaurante para tapar el agujero de una noche que ya da por perdida.
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La estrategia del que se guarda las balas porque sabe que no puede ganar
El razonamiento de la cadena es defendible y, de hecho, es puro sentido común televisivo: cuando enfrente hay una semifinal del Mundial —un fenómeno que este verano ha arrasado con todo lo que se le ha puesto delante—, quemar un estreno equivale a fusilarlo. Más vale reservar la munición para una noche en la que exista alguna posibilidad. El problema es que la cadena que hace apenas unos años dominaba el prime time con puño de hierro lleva demasiadas semanas aplicando esa misma lógica, y la suma de retiradas tácticas empieza a dibujar algo que se parece bastante a una rendición permanente.
Y hay un precedente muy reciente que conviene tener presente, porque ya se probó esta receta exacta y no funcionó. La última vez que Telecinco recurrió a ‘First Dates: Summer edition’ para cubrir una noche complicada, arrancando a las 21:50, se quedó en un 8,3% de cuota con 791.000 espectadores y fue cuarta opción del mando en plena jornada estelar. No solo la aplastó el previo del Escocia-Brasil (19,6%): la superaron también ‘Horizonte‘ (9,4%) en su propia casa y el concurso ‘¡Salta!‘ (8,9%) en Antena 3. Repetir la jugada esperando otro resultado tiene poco de estrategia y bastante de resignación.
El contraste que más duele: hace siete días lideró con Cantora
Lo verdaderamente demoledor de este movimiento es que la cadena tiene demostrado, y muy recientemente, que sabe ganar los miércoles cuando quiere. El pasado 8 de julio, con el primer especial de ‘El Precio de Cantora‘ —ese pase exclusivo en el que Santi Acosta entró en la finca de Isabel Pantoja cuarenta años después—, Telecinco lideró la noche en solitario con un 12,1% de cuota y más de 600.000 espectadores. Fue uno de sus mejores miércoles de toda la temporada. Tenía la fórmula, la ejecutó y le salió redonda.
Siete días después, en lugar de volver a esa fórmula, opta por los platos precocinados. La explicación oficiosa es que no quiere sacrificar contenido de valor contra el fútbol, y es razonable. Pero también revela hasta qué punto la cadena vive en modo supervivencia: administra sus escasos cartuchos con la angustia de quien sabe que no le quedan muchos, mientras el resto del mercado se reparte una tarta de la que ella lleva meses sin catar apenas un trozo. La estampa encaja, además, con lo que llevamos toda la semana contando: un 7,4% de cuota diaria, la tarde perdida incluso frente a La 2 y una crisis de audiencias que ya se ha cobrado una dimisión en la cúpula.
Un comodín llamado Sobera
Queda el detalle humano del asunto, que tiene su punto de justicia poética. El hombre al que Mediaset recurre cada vez que necesita tapar una gotera es, precisamente, uno de los rostros más fiables de la casa. Carlos Sobera se ha convertido en el bombero de guardia de la cadena: el presentador que sostiene el Access de sobremesa, el que aguanta las noches imposibles y el que, con un formato barato y encantador rodado en un restaurante de mentira, ha construido uno de los pocos activos que a Telecinco le siguen funcionando con independencia del contexto. La cadena lo sabe y por eso, cuando llegan curvas, siempre acaba llamando a la misma puerta.
El plan del miércoles, por tanto, es tan claro como melancólico: reposiciones a las 21:45, material nuevo a partir de las 23:00 y a rezar para que el Argentina-Inglaterra se resuelva en los noventa minutos. Porque si el partido se va a la prórroga y a los penaltis —y ese es un escenario perfectamente plausible—, la audiencia se quedará pegada a La 1 hasta bien entrada la madrugada, y la cita a ciegas de esta noche se quedará, una vez más, plantada.
