Tres días sin poder caminar del dolor, un ingreso más en el que ya llama «mi segunda casa» y, al despertar de la sedación, por fin un nombre para lo que llevaba casi un año torturándola. Anita Williams ha vuelto al hospital y esta vez ha salido de allí con un diagnóstico bajo el brazo: un cálculo biliar, esas piedrecitas que viajan de la vesícula al hígado y que explican los brotes de dolor abdominal que la han dejado literalmente inmovilizada. «Me están haciendo pruebas OTRA VEZ porque llevo 3 días que no puedo ni andar del dolor», escribió antes de entrar a quirófano, en un mensaje a sus seguidores que desató de inmediato una oleada de preocupación entre los suyos. La exconcursante de ‘La Isla de las Tentaciones‘ lleva tanto tiempo entrando y saliendo de centros médicos que ya ni disimula el agotamiento.
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Un año de dolores que iban y venían y a los que nadie ponía nombre
Lo más revelador de su relato no es el ingreso, sino la cronología. La catalana ha confesado que esta dolencia no es en absoluto nueva y que llevaba lidiando con ella mucho más tiempo del que sus seguidores imaginaban: «Me levanto por las noches y llevo así ya casi un año, que viene y se va el dolor, y no puedo estar así tomando medicamentos para tapar lo que me duele». Es decir, doce meses de brotes intermitentes gestionados a base de analgésicos y de paciencia, sin un diagnóstico que explicara qué le estaba pasando realmente. Ella misma ha descrito con precisión casi clínica dónde se localiza el infierno: «Es arriba a la derecha del abdomen, se me hincha y solo se me calma con calor o cuando me pongo en una postura X o me aprieto». Y ha añadido un detalle que cualquiera que haya pasado por algo parecido reconocerá al instante: «Cuando como, depende de lo que coma me duele 1.000 veces más».
De hecho, apenas ha logrado digerir nada sólido en los últimos días por culpa de la inflamación, y esa es la razón por la que sus redes sociales, habitualmente hiperactivas, llevaban tres días en silencio. «No estoy subiendo nada a historias porque mi vida estos 3 días ha sido hospital y cama», explicó a su comunidad antes de que la intervinieran. Para alguien que ha hecho de la transparencia con sus seguidores una seña de identidad —lo cuenta absolutamente todo, con sus operaciones, sus miedos y sus recaídas—, ese silencio era, en sí mismo, un síntoma.
El diagnóstico: medicación primero y, si no, quirófano otra vez
Fue al despertarse de la anestesia cuando pudo por fin darle a los suyos la explicación que llevaba un año esperando. «Pequeñas piedrecitas que van de la vesícula al hígado; me darán medicación a ver si sale sola y, si no, volveré para sacarlo», resumió con una serenidad notable, antes de soltar el móvil para recuperarse. El plan, por tanto, es conservador de momento: tratamiento farmacológico y esperar a que el cálculo se expulse por sí solo. Si no ocurre, habrá que volver a pasar por el quirófano, algo que a estas alturas ya no la asusta demasiado, a juzgar por la naturalidad con la que lo ha contado.
Porque el historial médico de Anita Williams en los últimos meses parece el guion de una serie hospitalaria. En mayo tuvo que ser ingresada de urgencia por unos resultados analíticos alarmantes que dispararon todas las alertas, y antes había pasado por un calvario mucho más mediático: el accidente sufrido durante su paso por ‘GH DÚO‘, en el que perdió una falange de un dedo y del que ella misma llegó a decir que la recuperación había sido «nefasta». La ironía con la que ahora define el hospital como su «segunda casa» no es una boutade: es una constatación estadística.
La resistencia de una superviviente profesional
Conviene recordar quién es la protagonista de todo esto, porque el personaje explica bastante la actitud. La catalana saltó a la fama en ‘La isla de las tentaciones’ como pareja de Montoya, protagonizó uno de los momentos más virales de la historia reciente del formato y desde entonces ha construido una carrera televisiva a base de realities: ‘Supervivientes‘, ‘GH DÚO’ y una exposición pública constante en la que no ha ocultado ni sus problemas de salud, ni sus polémicas, ni sus etapas más oscuras. Ha contado sin filtros el susto de los dos tumores, el accidente del dedo y hasta su paso por prisión, y siempre ha vuelto.
Ahora, con un diagnóstico por fin sobre la mesa y a la espera de si la medicación resuelve lo que un año de analgésicos solo había tapado, la joven encara otra convalecencia más. Ha pedido comprensión por su ausencia en redes y ha prometido volver a informar. Conociéndola, cumplirá. Porque si algo ha demostrado esta mujer, dentro y fuera de los realities, es que sabe exactamente lo que significa la palabra que da nombre al concurso que la hizo famosa: sobrevivir.
