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Televisión

Mediaset ya no quiere solo el Rosco: maniobra en Europa para arrebatar la marca «Pasapalabra» y estrenarla en Telecinco contra Antena 3

Pedro Serrano González
6 min 12

La guerra por Pasapalabra ha dejado de librarse por el juego para librarse por el nombre. Mediaset asegura estar «a punto» de arrebatar la titularidad de la marca comercial del concurso más visto de la televisión española, un movimiento que, de prosperar, le permitiría estrenar en Telecinco un programa llamado exactamente igual que el que Antena 3 emite cada tarde con Roberto Leal. El grupo sostiene, según fuentes propias trasladadas a un reducido grupo de medios, que lleva cuatro años tramitando ante la EUIPO —la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea— la propiedad industrial del nombre, que el procedimiento está «muy avanzado» y que, si se resuelve a su favor, la marca pasaría a manos de Mediaset Italia.

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El argumento con el que la compañía reclama el nombre es tan audaz como revelador de dónde se ha peleado todo este conflicto: sostiene que la expresión «pasa palabra» nació dentro de la prueba de El Rosco, el juego cuya titularidad ganó judicialmente y que hoy está en el centro del pulso. Es decir, que quien posee el rosco posee la fórmula que dio nombre al programa. Conviene matizar, porque la propiedad que Mediaset pretende no es un cabo suelto: las fuentes del sector sitúan esa titularidad en la órbita de ITV Studios, la productora británica dueña del formato, y de la propia cadena de Atresmedia que lo explota en España. No hay, de momento, número de expediente público ni resolución conocida, y tampoco un comunicado oficial: todo lo de hoy viaja bajo la fórmula de «fuentes de Mediaset».

La sentencia que lo puso todo patas arriba

Para entender la magnitud del órdago hay que retroceder al 21 de mayo de este año. Aquel día, la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo confirmó que El Rosco tiene autoría y entidad propias y que sus derechos pertenecen a la productora neerlandesa MC&F, socia de Mediaset. El fallo obligaba a Atresmedia a cesar cualquier actuación que vulnerase esos derechos, lo que en la práctica equivalía a un desahucio: el juego más reconocible de la televisión española, aquel círculo de veinticinco letras que el país entero ha visto girar durante un cuarto de siglo, quedaba fuera del alcance de la cadena que lo emitía. Antena 3 anunció que seguiría emitiéndolo hasta la ejecución de la sentencia, y después ejecutó una cirugía de urgencia.

El 19 de junio, el concurso amaneció irreconocible. Estrenó AlaZ, una prueba final inspirada en el formato suizo ‘DallAZetA’ en la que dos concursantes compiten por el bote con respuestas encadenadas por el abecedario. La cadena no se limitó a cambiar el juego: borró El Rosco del archivo de Atresplayer y de su web, y rehízo sintonía, cabecera y pulsadores para eliminar cualquier forma circular, cualquier eco visual del pasado. Una amputación quirúrgica ejecutada con el miedo lógico a perder la joya de la corona. Lo asombroso es lo que ocurrió después: el público no se movió. La prueba nueva debutó con un 26,1% de cuota, tres puntos por encima del rendimiento medio que venía firmando el rosco, y en su primera semana el programa promedió un 17,1% y casi 1,4 millones de espectadores, mientras ‘AlaZ’ escalaba al 21,9% y superaba los 1,9 millones. El concurso sobrevivió a la pérdida de su emblema.

Una demanda anunciada y un concurso sin nombre, sin cara y sin productora

Precisamente ese éxito explica el nerviosismo. Ayer mismo, Mediaset comunicaba que MC&F va a demandar a Atresmedia por ‘AlaZ’, alegando «insalvables similitudes» con El Rosco: la estructura de dos contendientes, las respuestas ordenadas alfabéticamente, el tiempo de juego, la disposición circular, los cambios de color. Conviene ser precisos, porque el matiz importa: esa demanda está anunciada, no presentada. No se conoce fecha de interposición, no se ha fijado cuantía y Atresmedia no ha respondido. Tampoco es Mediaset quien demanda: es la productora neerlandesa, obligada por una cláusula contractual a actuar contra cualquier juego similar que se ponga en marcha.

Y mientras el frente judicial se ensancha, el proyecto que debería justificarlo todo sigue siendo un folio en blanco. Desde finales de mayo se sabe que el grupo prepara un concurso para Telecinco con El Rosco como prueba final. Hoy, sin embargo, sus propias fuentes reconocen que ese programa no tiene productora, no tiene presentador y ni siquiera tiene el formato definido. La operación de la marca encaja ahí como la pieza que faltaba: si la EUIPO le da la razón, la cadena podría lanzar ese concurso todavía inexistente bajo el rótulo de ‘Pasapalabra’ y obligar a su rival a rebautizar el suyo. Un golpe de una audacia difícil de exagerar.

Setenta y tres millones de razones para no soltar la presa

El pulso tiene además una herida abierta que quema. En mayo se hizo pública la resolución de la Audiencia Provincial de Madrid que condena a Mediaset a pagar 73,2 millones de euros a ITV Studios por las ganancias ilícitas obtenidas al emitir ‘Pasapalabra’ en Telecinco entre 2012 y 2019, sin autorización. La cuantía, firme y sin recurso, se elevó desde los 44,3 millones iniciales al valorar el tribunal el llamado efecto arrastre que el concurso ejercía sobre los informativos de la cadena. Es la factura más cara jamás girada en la televisión española por un formato, y explica mejor que ningún comunicado por qué el grupo lleva años empeñado en recuperar por la vía de la propiedad industrial lo que perdió por la vía de los tribunales.

La historia del concurso es, en el fondo, la historia de una mudanza perpetua. Nació en Antena 3 el 24 de julio de 2000 con Silvia Jato, tuvo el paréntesis irrepetible de Constantino Romero y el interinato de Jaime Cantizano, emigró a Telecinco en 2007 de la mano de Christian Gálvez durante doce años y regresó a Antena 3 en mayo de 2020 con Roberto Leal, donde reina desde entonces. Cada salto ha venido acompañado de una sentencia. Ahora, mientras Atresmedia guarda un silencio absoluto sobre la maniobra de su rival, el país asiste a una escena insólita: dos gigantes disputándose no ya un programa, ni siquiera un juego, sino una palabra. La que da nombre a todo.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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