Le pusieron delante una lista de nombres propios y le pidieron que los definiera con lo primero que se le pasara por la cabeza. A Kiko Matamoros, que lleva media vida haciendo exactamente eso sin que nadie se lo pida, no hubo que insistirle. El resultado es un retrato demoledor de la televisión española contemporánea despachado en un puñado de adjetivos, y una demolición particular reservada a Terelu Campos, a quien liquidó con dos palabras: «cínica» y «aprovechada».
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El escenario del ajusticiamiento fue Una hora con Lorena, el nuevo formato de entrevistas íntimas que conduce la periodista Lorena G. Maldonado y que bebe declaradamente del estilo pausado que popularizó Jesús Quintero. El colaborador se sentó frente a ella el miércoles, en la segunda entrega de un programa que apenas lleva una semana en antena, y no pidió permiso a nadie para repartir.
Dos palabras para Terelu y ni una sola explicación
Conviene ser exacto con lo que ocurrió, porque la mecánica del juego lo explica todo. No hubo un discurso razonado contra la hija de María Teresa Campos, ni un ajuste de cuentas argumentado, ni una alusión a los platós que ambos han compartido y a los que ya no vuelven juntos. Hubo un nombre, una pausa breve y una sentencia de dos adjetivos que no admiten interpretación amable. «Cínica», dijo. «Aprovechada», remató. Y pasó al siguiente.
Esa economía de medios es, precisamente, lo que convierte el dardo en algo más incómodo que una diatriba. Una crítica extensa se rebate; una etiqueta lanzada sin explicación se queda pegada. La relación entre ambos lleva años deteriorada, alimentada por bandos enfrentados en la diáspora televisiva que dejó el final de Sálvame, pero el colaborador no se molestó en reconstruir esa historia. Le bastó con el veredicto y además acertadamente contra un personaje como «La Hija de…»
Un genio, un sansirolé y una Antoñita la fantástica



El resto del inventario no tiene desperdicio, y demuestra que el tertuliano no reparte solo hacia un lado. A Jorge Javier Vázquez, con quien también ha tenido sus temporadas de frío, lo despachó con un elogio rotundo y sin matices: «un genio». A Santiago Segura lo definió como «fenómeno» y «cachondo». Y reservó para Pablo Motos una de esas palabras que uno tiene que buscar en el diccionario y que hacen más daño precisamente por eso: «sansirolé», que él mismo tradujo como alguien que no es «ni chicha ni limoná», un «bienqueda».







La ronda continuó con un repaso al famoseo de altura. De Ana Obregón dijo que «siempre ha sido y será Antoñita la fantástica». A Rosalía la resumió en una sola palabra, «marketing». A David Broncano lo redujo a «oportunismo». Y en el capítulo futbolístico se despachó a gusto con Gerard Piqué, al que llamó directamente «bobo», mientras que a Shakira y a Mar Flores las salvó a ambas con el mismo adjetivo: «lista». También hubo espacio para Ana Rosa Quintana, a la que definió como «una almeja», apoyándose en una expresión coloquial que, según explicó, usaba un antiguo socio suyo.
El deporte nacional de un superviviente
Nada de esto sorprenderá a quien lleve años siguiendo la trayectoria del personaje. El tertuliano ha construido su carrera precisamente sobre esa disposición a incendiar el plató y marcharse silbando, una habilidad que le ha reportado enemistades sonoras y una longevidad televisiva que otros más prudentes jamás alcanzaron. Su capacidad para sobrevivir a todos los cierres, a todas las cadenas y a todas las purgas de los últimos veinte años tiene mucho que ver con esto: siempre hay alguien dispuesto a escuchar lo que él está dispuesto a decir.
La entrevista, de hecho, no se limitó al juego de las definiciones. El colaborador abordó también asuntos personales de calado, entre ellos su relación con Hacienda y las consecuencias de figurar en la lista de morosos, un episodio que ha marcado su vida pública en los últimos tiempos y del que habló sin refugiarse en evasivas.
Queda ahora la pregunta de siempre, la única que de verdad importa en este oficio: si alguno de los aludidos recogerá el guante. La hija de María Teresa Campos, que estos días está en el ojo del huracán por su papel en las tardes de Telecinco, tiene plató propio cada día para responder si le apetece. El resto tendrá que decidir si merece la pena entrar al trapo de un hombre que ha convertido la falta de filtro en un género periodístico y que, a estas alturas, ya no espera que le pidan permiso.
