Saltar al contenido
Actualidad

Chiquito de la Calzada tendrá por fin serie propia: Warner y Mundo Ficción preparan en secreto la miniserie que apunta a TVE y se rodará en Málaga

Pedro Serrano González
6 min 17

Treinta y dos años después de que un cantaor de sesenta y dos años se sentara en el jurado de un concurso de Antena 3 y desarmara a España con dos chistes, su historia se convierte por fin en ficción. Chiquito de la Calzada tendrá serie propia: una miniserie titulada ‘Chiquito’, dirigida por el sevillano Alfonso Sánchez, producida por Mundo Ficción junto a Warner Bros ITVP España y que apunta a TVE. El proyecto, del que ha informado en exclusiva Diario Sur, se lleva con una discreción absoluta —ni siquiera ha sido anunciado oficialmente— y ya prepara su rodaje en Málaga, la Costa del Sol y Sevilla. Nadie, hasta ahora, se había atrevido a llevar a la pantalla al hombre que cambió la forma de hablar de un país entero.

Te recomendamos

La producción, concebida como una comedia de dos capítulos, no pretende recorrer una vida entera a la manera del biopic canónico, sino atrapar al artista en su momento más vertiginoso y más humano: al final de su trayecto, siendo ya él mismo, cuando el personaje se había comido al hombre y el hombre había aprendido a convivir con el personaje. Recorrerá los escenarios reales de la biografía de Gregorio Esteban Sánchez Fernández, desde los tablaos en los que cantaba en la retaguardia, en aquellos años en que «la cosa estaba mu mala», hasta el estallido nacional que convirtió su «¡al ataquer!» en patrimonio popular. La huella andaluza atraviesa también el guion, firmado por Fali Álvarez y Vladimir Ráez, los mismos que acompañan a Sánchez en su otro proyecto sobre el humorista.

Sesenta años cantando para que lo descubrieran contando chistes

El material que tiene entre manos el director es de los que no se inventan. Nacido en Málaga el 28 de mayo de 1932, el futuro cómico se subió a un escenario por primera vez a los ocho años y creció como cantaor flamenco en una España de posguerra que no regalaba nada: pasó por la compañía infantil de los Capullitos Malagueños, actuó en teatros de Madrid como el Calderón, La Latina o el Circo Price y encadenó largas estancias profesionales en Japón. Durante más de medio siglo fue un profesional del cante respetado y anónimo, un hombre que envejeció a la sombra de los focos ajenos sin sospechar que la fama le esperaba emboscada al final del camino.

El vuelco llegó el 24 de julio de 1994. Aquella noche, el programa de humor Genio y figura, que Antena 3 emitió entre 1994 y 1995 y que presentaba en su primera etapa el mago Pepe Carroll, lo sentó en el jurado. Contó dos chistes. Fue suficiente. A los sesenta y dos años, una edad en la que la mayoría de los artistas administra su declive, el malagueño se convirtió de la noche a la mañana en la estrella del programa y, poco después, en un fenómeno sociológico sin precedentes: aquel diciembre, una recopilación en vídeo de sus actuaciones vendió unas doscientas ochenta mil copias, cifra descomunal para un cómico español de la época.

El cine llegó detrás con la trilogía que lo consagró como icono popular: ‘Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera’ (1996), dirigida por Álvaro Sáenz de Heredia, ‘Brácula: Condemor II’ (1997) y ‘Papá Piquillo’ (1998). Después vendrían los cameos, entre ellos los de Torrente 3′ (2005) y ‘Torrente 5’ (2014), su despedida de la gran pantalla. Murió en Málaga el 11 de noviembre de 2017, a los ochenta y cinco años.

Un idioma propio que sobrevivió a su inventor

Lo verdaderamente extraordinario de su legado no son las películas ni las audiencias, sino el lenguaje. El cómico no se limitó a contar chistes: fabricó un dialecto surrealista, hecho de deformaciones, gruñidos y palabras imposibles, que la calle adoptó con una velocidad que ningún publicista habría podido comprar. «Fistro», «pecador de la pradera», «hasta luego, Lucas», «te da cuen», «no puedor», «¿comorl?» o «al ataquer» dejaron de pertenecerle para instalarse en las conversaciones de una generación entera que ya no podía terminar una frase sin citarlo, casi siempre sin saber que lo estaba citando. Málaga lo sabe bien: en la calle Tomás Echeverría, en el barrio de Huelin donde vivió sus últimos años, un semáforo parlante sigue soltando sus latiguillos a quien cruza. Pocos artistas españoles han conseguido que una ciudad los recuerde en el idioma de sus semáforos.

Esa magnitud explica que Alfonso Sánchez lleve años dándole vueltas. El cineasta, nacido en Sevilla en 1978, es una de las voces más reconocibles del audiovisual andaluz: forma con Alberto López el dúo cómico de los Compadres y ha construido una filmografía de raíz local con ‘El mundo es nuestro’ (2012), ‘El mundo es suyo’ (2018) y ‘El mundo es vuestro’ (2019). Su vínculo con el personaje viene de lejos: ya en marzo de 2021 anunció el documental ‘Chiquito el Grande’, producido por Mundo Ficción con Agus Jiménez como productor, guion suyo junto a Ráez y Álvarez y el respaldo de Canal Sur, un proyecto que sigue en marcha. Entonces explicó que la idea del documental había nacido, precisamente, mientras preparaba una serie de ficción cuya primera temporada ya tenía escrita. Aquella ficción, que parecía haberse quedado en el cajón, es la que ahora asoma.

Una productora andaluza, una major americana y el pulso de la televisión pública

El tamaño de los apellidos que respaldan la miniserie mide la ambición del asunto. Mundo Ficción es una productora andaluza de trayectoria corta y músculo local, curtida en la colaboración con la televisión autonómica. Warner Bros ITVP España, en cambio, es una de las grandes maquinarias del mercado audiovisual español, responsable de formatos masivos como First Dates y de ficciones de envergadura como Brigada Costa del Sol, aquel thriller ambientado en la Torremolinos de 1977. La alianza entre una casa pequeña que conoce el terreno y una multinacional con capacidad de producción, apuntando además a la televisión pública, revela que nadie considera esto un homenaje menor de dos capítulos.

Queda el desafío mayor, el que asusta: encontrar a quien se atreva a ponerle cuerpo y voz a un hombre que era, en sí mismo, una imitación imposible de imitar. España lleva tres décadas parodiando a Chiquito en las sobremesas, en los patios y en las oficinas, con desigual fortuna. Convertir esa caricatura colectiva en un retrato con hechuras dramáticas, capaz de contar al cantaor triste que había detrás del genio del absurdo, será la verdadera prueba de fuego de una producción que llega en el silencio más absoluto y con una promesa difícil: devolverle a Gregorio la vida que su personaje le arrebató.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *