El día que Felipe VI y Letizia tenían marcado en rojo desde hace meses, el de la entrega de despachos de su hija mayor, ha amanecido teñido por la peor tragedia forestal que se recuerda en Andalucía. A las 9:21 de esta mañana, la Casa Real difundía un comunicado breve, sobrio y sin adornos en el que los Reyes expresaban su dolor por el incendio de Los Gallardos, en Almería: «Profundamente consternados por la tragedia del incendio de Los Gallardos. Expresamos nuestra tristeza y pesar a las familias y seres queridos de las personas fallecidas y hacia todos los afectados. Trasladamos también nuestro reconocimiento y apoyo a los servicios de emergencias y a todos los efectivos que, con profesionalidad y compromiso, continúan trabajando para hacer frente a esta situación».
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El mensaje llega apenas unas horas antes de que el monarca presida, en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier, en Murcia, la entrega de despachos en la que la princesa Leonor culmina su formación militar y recibe la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico con distintivo blanco. La Reina y la infanta Sofía acompañan al Rey en un acto que la familia llevaba tiempo esperando y que hoy se celebrará bajo el peso de una jornada de duelo nacional. Ese contraste —el orgullo íntimo de unos padres y la obligación institucional de acompañar el dolor de un país— define la escena de este viernes.
Un fuego que se desbocó de madrugada con rachas de setenta kilómetros por hora

El incendio se declaró la tarde del jueves entre los términos municipales de Los Gallardos y Bédar, en la provincia de Almería, y durante la madrugada se convirtió en un monstruo incontrolable empujado por rachas de viento de hasta setenta kilómetros por hora. El balance de esta mañana es devastador: más de tres mil cien hectáreas arrasadas, alrededor de un millar de vecinos evacuados de Almocáizar, Fuente del Albarico, Los Pinos, La Serena, el Pinar de Bédar y varias urbanizaciones de la zona, y ocho heridos, cuatro de ellos en estado grave por quemaduras e inhalación de humo.
🔴 #IFLosGallardos (#Almería). Estas imágenes nos ayudan a entender la magnitud de este incendio y las condiciones en las que han trabajado los bomberos forestales. pic.twitter.com/YCUFZ39OQt
— EMA INFOCA (@Plan_INFOCA) July 10, 2026
La cifra de víctimas mortales, que ha oscilado durante toda la noche, es la herida más difícil de mirar. El balance oficial de la Junta de Andalucía confirma once fallecidos, aunque el presidente Juanma Moreno ha advertido esta mañana de que el número previsiblemente ascenderá a doce y de que aún hay diecinueve personas sin localizar, por lo que el recuento sigue siendo provisional. Según ha trascendido, varias de las víctimas fueron halladas en el interior de vehículos alcanzados por las llamas en una pedanía de Bédar, después de tomar una vía alternativa a la ruta de evacuación que el fuego terminó cortando. Sobre el origen del incendio, Moreno ha apuntado a la caída de un poste del tendido eléctrico junto a la N-340A como principal hipótesis, si bien la investigación permanece abierta y ninguna autoridad ha establecido todavía una causa oficial.
Una jornada institucional detenida en seco
La magnitud del desastre ha paralizado la agenda política andaluza. Moreno suspendió la toma de posesión de su nuevo Gobierno, prevista para esta misma mañana en el Palacio de San Telmo de Sevilla, y el consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, ha calificado lo ocurrido como una «tragedia sin precedentes», con una frase que ha recorrido la comunidad entera: «Hoy el corazón de todos los andaluces está de luto». El teléfono de emergencias 112 de Andalucía ha descrito el suceso como el incendio de mayores consecuencias registrado hasta la fecha en la región. También el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha trasladado su «enorme tristeza y desolación» a los familiares de los fallecidos y ha deseado una pronta recuperación a los heridos.
El comunicado de los Reyes se inscribe en un patrón que la Casa Real ha ido consolidando ante las grandes catástrofes: la palabra inmediata, dirigida en primer lugar a las familias y en segundo a quienes trabajan sobre el terreno. El precedente más nítido y más reciente es el de la Dana que asoló la provincia de Valencia en octubre de 2024. Entonces, el pésame institucional llegó el 30 de octubre, cuando las víctimas superaban el medio centenar; días después, el 3 de noviembre, los Reyes visitaron Paiporta en una jornada tensísima que quedó grabada en la memoria colectiva, y el 9 de diciembre presidieron el funeral de Estado por los fallecidos. Un itinerario doloroso que empezó, como ahora, con unas pocas líneas firmadas por el Rey y la Reina.
El deber de estar, incluso en el día más esperado
Nadie ha confirmado por ahora si el acto de San Javier incorporará alguna mención expresa a las víctimas o algún gesto de duelo, ni la Junta ha decretado formalmente luto oficial pese al lenguaje empleado por sus responsables. Lo que sí está fijado es el compás de una jornada imposible: mientras la princesa recibe su despacho ante la mirada de sus padres, los equipos de extinción siguen peleando en la sierra almeriense y diecinueve familias esperan una llamada que temen y necesitan a partes iguales.
El tono elegido por los Reyes, austero y desprovisto de cualquier retórica, encaja con la gravedad de lo ocurrido. No hay en sus palabras promesa ni proclama, sino la constatación de una consternación profunda y el reconocimiento a quienes, en el momento de escribir estas líneas, continúan trabajando frente al fuego. En días así, la institución no aspira a consolar: apenas alcanza a acompañar. Y ese acompañamiento, hoy, se ha adelantado a cualquier celebración.
