Tras más de tres décadas en la primera línea de fuego, Jordi González ha decidido romper su habitual hermetismo para analizar el estado actual de la televisión. En una reveladora entrevista, el comunicador catalán ha echado la vista atrás para señalar los formatos que le hicieron sufrir, su análisis sobre la sangría de audiencias de Telecinco y esa «espina clavada» que, pese a su estatus de estrella, ninguna cadena le ha permitido cumplir: saltar a la mesa de los informativos.
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Jordi González es, por derecho propio, historia viva de nuestra televisión. Sin embargo, detrás de la seguridad que proyecta en los grandes platós de telerrealidad, se esconde un profesional que ha sabido gestionar su carrera con una frialdad casi matemática. En sus declaraciones más recientes para El País, el presentador ha hecho balance de sus 24 años vinculados a Mediaset y su etapa actual, dejando claro que su éxito no se mide en shares, sino en la capacidad de haber mantenido su vida privada bajo llave en una industria que suele exigir lo contrario.
El rechazo a los «programas de lágrimas»
A pesar de haber navegado por todos los géneros, Jordi no guarda buen recuerdo de todos ellos. El presentador ha confesado que existen formatos a los que no regresaría jamás, señalando directamente a los programas de testimonios como Díselo a Jordi o Hay una cosa que te quiero decir. «Lo pasaba muy mal… no me gusta que la gente llore en la tele», admite con rotundidad. Esta aversión al drama ajeno como espectáculo choca con la imagen de presentador todoterreno, pero revela la faceta más humana de un conductor que prefiere el ritmo del debate y la ironía al sentimentalismo de pantalla.
La crisis de Telecinco y su gran asignatura pendiente
Como conocedor profundo de las entrañas de Fuencarral, González observa con distancia pero con afecto la delicada situación que atraviesa su antigua casa. Para Jordi, la crisis de audiencias de Telecinco responde a una ley natural: «Todo lo que se pone de moda, pasa de moda». No obstante, recalca su deseo de que la cadena remonte por el cariño que profesa a los compañeros que siguen en la brecha.
Pero lo más sorprendente de su reflexión es el reto que aún tiene pendiente. A pesar de haber liderado los programas con más presupuesto de la televisión, Jordi González tiene un deseo que nadie ha querido satisfacer: «Lo he pedido muchas veces y nadie me ha hecho puto caso: presentar un informativo». El catalán reivindica su faceta más periodística, esa que también le gustaría volcar en una columna de opinión, alejándose del ruido del entretenimiento puro para abrazar el rigor de la actualidad.
El «método Serrat»: 40 años sin vender su intimidad
Si algo enorgullece a Jordi es haber salido victorioso de una operación que inició hace cuatro décadas: no ganar dinero con su vida privada. Inspirado por la figura de Joan Manuel Serrat, el presentador decidió desde sus inicios que el respeto de la prensa se ganaba no mercadeando con la intimidad. «Ha salido bien esta operación», reconoce, presumiendo además de una intuición única para descubrir talentos que hoy brillan con luz propia, como Marc Giró, Marta Torné o Lorena Castell. Jordi González sigue ahí, con el oficio intacto, esperando ese informativo que, quizás, sea su próximo gran titular.
