La profesionalidad es un traje que, al parecer, le ha quedado demasiado grande a Terelu Campos en su aventura teatral. Lo que comenzó como el gran proyecto de su vida, la obra «Santa Lola», ha terminado en un cierre patronal precipitado y con un regusto amargo a irresponsabilidad. Kiko Hernández, con la contundencia que le caracteriza, ha desvelado en el programa ‘No somos nadie‘ los verdaderos y bochornosos motivos de una cancelación que ha dejado «con el culo al aire» a decenas de trabajadores. En ‘Vibras en Corte‘ analizamos la gestión de una Terelu que, movida por el tedio y la falta de compromiso, ha preferido el foco cómodo de la televisión antes que respetar el pan de quienes confiaron en ella.
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No ha habido enfermedad, ni causas de fuerza mayor. El motivo del fin de «Santa Lola» tiene nombre propio: egocentrismo. Según Hernández, la hija mayor de María Teresa Campos estaría simplemente «hasta el moño» de subirse al escenario, una excusa que suena a insulto para cualquier profesional del sector que lucha por levantar el telón cada noche.
Crónica de una espantada anunciada
El recorrido de la obra ha sido tan fugaz como decepcionante. Kiko Hernández ha sido meridianamente claro al explicar el modus operandi de la colaboradora:
- Prioridades económicas: Al parecer, Terelu no tuvo reparos en afirmar que, si le salían proyectos en televisión, cancelaría ciudades de la gira. Y así ha sido. Localidades como Las Palmas de Gran Canaria se han quedado sin función porque la «estrella» ha preferido el plató a las tablas.
- Falta de oficio: La propia Terelu habría confesado que «ella no vale para esto» y que lo pasa mal sobre el escenario. Una reflexión que llega tarde, muy tarde, concretamente cuando ya hay una producción entera contratada y una gira vendida.
«Nos ha dejado con el culo al aire»: El grito de la producción
La gravedad de los hechos ha quedado patente con la entrada en directo de un trabajador de la obra en ‘No somos nadie’. El testimonio ha sido demoledor, dejando claro que el factor humano que sostenía el proyecto era Lara Dibildos, a quien definen como una de las mejores personas del gremio. Sin embargo, la sombra de Terelu ha sido demasiado alargada:
«Terelu no ha llevado a buen puerto la producción y nos ha dejado con el culo al aire a bastantes personas», sentenciaba el trabajador, visiblemente indignado por la falta de empatía de la protagonista.
La falta de ética de una «comunicadora»
Desde Vibras en Corte nos preguntamos: ¿Acaso Terelu Campos no sabía dónde se metía? Resulta vergonzoso que una persona con su trayectoria ignore que una obra de teatro es una empresa que da de comer a familias. Jugar con las ilusiones y el sustento de un equipo de producción simplemente porque «ya no te apetece» o porque «no sirves para eso» es una muestra de un clasismo y una falta de ética profesional alarmantes.
Terelu ha demostrado que su apellido y su sillón en televisión pesan más que su palabra dada. Mientras ella descansa de su «hartazgo», un equipo entero busca trabajo tras haber sido abandonado a su suerte en mitad de una gira.
¿Crees que las empresas de producción deberían penalizar legalmente este tipo de espantadas basadas en el simple aburrimiento de sus protagonistas?
