Carlota Corredera ha decidido bajar al barro de la realidad más cruda. Lejos de la imagen de estrella intocable que proyectaba en su etapa dorada en Mediaset, la comunicadora gallega ha confesado que su situación financiera actual es, cuanto menos, delicada. En una charla honesta en el podcast ‘Chico de revista’, Corredera admite que su desplazamiento a los viernes en el canal TEN fue un golpe anímico, pero sobre todo un «hachazo» a su economía doméstica: su presencia en pantalla ha dejado de ser una cuestión de estatus para convertirse en una batalla por la supervivencia.
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La trayectoria reciente de Carlota Corredera es el reflejo de la inestabilidad que azota a la industria. Tras su salida forzosa de Telecinco, su refugio en ‘Tentáculos’ (el espacio que ocupó el hueco de ‘Ni que fuéramos’) parecía devolverle la calma. Sin embargo, la llegada de ‘No somos nadie’ supuso un nuevo revés. En julio, la dirección le comunicó que María Patiño se encargaría del programa de lunes a jueves, dejándola a ella relegada únicamente a la entrega de los viernes.
«No es por ego, sino por necesidad económica. Presentar un día a la semana a mí no me da para vivir», revela con una claridad meridiana. Para alguien que dirigió y presentó los formatos más ambiciosos del país, aceptar este papel secundario fue un trago amargo que asumió por puro pragmatismo, aceptando las reglas de un mercado que ya no le garantiza el sueldo de antaño.
Miedo y «cosas feas»: las cicatrices de su salida de Mediaset
Corredera no se considera una «reventada», pero empieza a soltar lastre sobre lo que vivió en las sombras de Fuencarral. Aunque todavía no se siente preparada para contar el relato completo, asegura que lo que ocurrió con su despido fue «muy, muy feo». La presentadora vincula su caída en desgracia con el desgaste sufrido durante la docuserie de Rocío Carrasco, una etapa de máxima exposición en la que admite haber sentido pánico real: «Soy una persona frágil, vulnerable. En esa época llegué a tener miedo».
Fue la primera en abandonar el barco de ‘Sálvame’ antes de que el buque se hundiera definitivamente, bajo la promesa de nuevos proyectos que nunca llegaron a materializarse. Desde entonces, la palabra que define su sentimiento hacia la cadena no es traición, sino algo «mucho más feo» que todavía prefiere no nombrar.
La reinvención tras el naufragio personal y profesional
A los vaivenes laborales se suma un año de cambios drásticos en lo personal tras su separación de Carlos de la Maza el pasado octubre. Con una hija a cargo y una vida que reconstruir desde la soltería, Carlota ha optado por diversificar sus fuentes de ingresos. Actualmente, sobrevive gracias a su colaboración en RTVE (en programas como ‘De Corazón’) y su salto a las tertulias de actualidad política y social, alejándose del nicho del corazón para demostrar que tiene registro más allá de la crónica rosa.
A la espera de que la productora concrete nuevos planes tras el fin de su última etapa en TEN, la gallega tiene claro que su futuro pasa por la adaptabilidad absoluta. Sigue echando de menos llevar las riendas de un plató, un oficio al que llegó casi por accidente, pero hoy su prioridad es asegurar que los números cuadren al final de mes.
