El incombustible presentador regresa por la puerta grande a la primera línea de la pequeña pantalla tras consumar un sonado triunfo en la telerrealidad. Carlos Lozano, que a sus 63 años mantiene intacto ese carácter lanzado y medio chuleta que marcó una época en la televisión nacional, se pone desde hoy al frente de Amor… ¡O lo que surja!, el nuevo formato para las tardes de Telecinco donde ejercerá de intermediario del amor para personas de todas las edades. El madrileño compagina este nuevo reto diario, en el que trabajará sin guiones ni escaletas, con su tranquila vida de campo en la sierra, un retiro que llegó tras un profundo examen de conciencia sobre los excesos cometidos en sus años de juventud desatada.
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Tras alzarse con el maletín de ganador en la última edición de ‘Gran Hermano Dúo‘, Lozano decidió hacer caja, vender sus apartamentos de Madrid y retirarse a El Berrueco, un pequeño pueblo serrano donde regenta una granja con ovejas y gallinas. Desde este búnker rural, el comunicador echa la vista atrás sin tapujos para analizar su historial sentimental y reconocer que sus años en las pasarelas internacionales dejaron demasiados damnificados por el camino.
«Yo he hecho mucho daño, mucho daño, porque era una juventud loca, modelo, por ahí viviendo en plan viva la Pepa, majete, las mejores fiestas, lo mejor de todo, me lo ponían en bandeja…», confiesa con crudeza el presentador. El diestro de la pantalla asume las consecuencias de sus actos y pide disculpas de forma pública: «te das cuenta que es un infierno porque vas dejando cadáveres a tu paso. Lo importante es reconocerlo, darte cuenta de que no puedes ser tan cabrón. Siempre lo he dicho: pido disculpas si he hecho mucho daño. A mí también me lo han hecho, porque al final el karma vuelve».
El dardo contra la infidelidad y el pacto con Mónica Hoyos

Lozano, que lleva un bando de cinco años en estricta soltería tras un fugaz idilio con una turista en su pueblo, se muestra tajante a la hora de condenar la falta de lealtad en las parejas, un comportamiento que tilda de lacra social en el país. «Cuando se acaba el amor lo mejor es romper, no engañar. Cuidado, porque aquí en España tenemos el deporte nacional de que yo engaño a mi mujer y estoy tan tranquilo y no pasa nada. Para mí eso es de cobardes», sentencia con firmeza.
Esta filosofía es la que le ha permitido construir una relación de absoluto respeto con Mónica Hoyos, madre de su hija Luna. A pesar de que sus broncas familiares llegaron a abrir informativos en el pasado, el madrileño entona el mea culpa sobre el fracaso de aquel matrimonio: «Nos separamos jóvenes, con la niña pequeña, para que no se enterara. Al final, indudablemente se enteran. Lo que hagan los mayores, que no les afecte a los niños, eso es lo importante. Yo me sinceré porque al principio parecía que la culpable era Mónica y que yo era el santo. Y no, el culpable fui yo».
Orgullo de macarra de barrio y el desprecio a las etiquetas

Frente a quienes le acusan recurrentemente de mantener una actitud prepotente en los platós de televisión, Carlos Lozano defiende con orgullo sus orígenes humildes en las barriadas madrileñas de Simancas y la UVA de Hortaleza, lugares donde se curtió antes de dar el salto al estrellato. «Aunque muchas veces me dicen ‘vas de chulo’. No es que vaya de chulo, es que yo soy chulo. Es que nació en un barrio, es que no puedo cambiarlo, como el acento de Madrid», aclara con soltura.
Para el presentador, ser un «macarrilla» de barrio implica poseer unos códigos de conducta basados en la solidaridad y el respeto a los mayores que hoy en día brillan por su ausencia en la sociedad actual. «Me alegro mucho de haya sido un macarra, porque los macarras tenemos algo muy importante en la vida. No hemos tenido dinero, ni nuestros padres, pero sí nos daba una cosa que de la que ahora hay más bien poco: respeto. Mi madre me decía ‘ayuda a la gente mayor con las bolsas de la compra’, ‘ayuda a las señoras embarazadas en el tranvía’, ‘ayuda a la gente’ y ‘sé buena persona’. Eso es lo que los macarras hemos tenido en los barrios. Por eso nos hemos apoyado tanto y por eso la gente de barrio es gente muy auténtica», zanja de forma nítida ante el estreno de su nuevo proyecto televisivo.
