La espera más larga del caso ha entrado en su tramo final. El Tribunal de Apelaciones de Phuket ya tiene lista la sentencia que resuelve los recursos presentados contra la condena de Daniel Sancho y la está enviando al tribunal de primera instancia, según trasladaron este lunes fuentes de la propia corte. Será en el momento en que la reciba cuando se fije la fecha para la lectura pública del fallo ante el condenado y ante las partes personadas en la causa. El contenido de esa resolución, el dato que media España lleva casi dos años esperando, sigue siendo un secreto guardado bajo llave.
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Una resolución terminada que viaja por correo postal hacia Samui

«La sentencia está siendo enviada al tribunal de primera instancia», trasladaron fuentes de la corte de Phuket, el órgano encargado de resolver las apelaciones y de remitir el fallo al Tribunal Provincial de Samui, que es el que tendrá que proceder a la lectura del mismo en una fecha aún por determinar. El trabajo deliberativo sobre los recursos del caso Daniel Sancho ha concluido, por tanto, y el expediente ha iniciado su recorrido administrativo entre dos islas del sur de Tailandia. Ninguna de las dos partes conoce todavía una sola línea del texto, ni la defensa ni la acusación, y tampoco el propio condenado, que seguirá sin saber qué han decidido los magistrados hasta que el fallo se lea en voz alta en una sala. Ese acto, el de la lectura pública ante el condenado y las partes personadas, es el que convierte la resolución en algo real y el que abrirá de golpe el siguiente capítulo del procedimiento.
Hay un detalle que explica por qué nadie puede poner fecha todavía, y es de una prosaica sencillez: la resolución se envía por correo postal. El Tribunal Provincial de Samui indicó a su vez que no ha recibido aún el documento, de modo que el reloj de la lectura pública ni siquiera ha empezado a correr. En la web del Tribunal de Apelaciones de Phuket, que se actualiza mensualmente, el caso aparece ya registrado como en vías de entrega, sin aclaración de fechas y sin ninguna pista sobre el calendario que viene. Todo depende, por tanto, de un trámite material que puede resolverse en días o alargarse algo más, y solo cuando el juzgado de origen tenga el documento físico en sus manos se señalará el día y la hora. Hasta entonces, cualquier lectura sobre el sentido del fallo es especulación pura: no se sabe si los magistrados han atendido alguna de las dos apelaciones, si han modificado el castigo impuesto a Daniel Sancho o si lo han dejado tal y como estaba.
Dos recursos enfrentados que se resuelven dentro del mismo fallo

La sentencia que ahora viaja hacia Samui no responde a una petición, sino a dos, y radicalmente opuestas entre sí. La familia de Edwin Arrieta y la defensa de Daniel Sancho presentaron sendos recursos y ambas pretensiones se resuelven dentro del mismo texto. La parte del colombiano solicita que se eleve el castigo a la pena capital, apoyándose entre otros motivos en la «contundencia» de las pruebas. El equipo legal del español, por el contrario, pide en su apelación que se celebre una nueva vista o que se repita el juicio para convocar a nuevos testigos, ya que sostiene que la muerte de Edwin Arrieta se debió a un accidente durante una pelea, un planteamiento que apunta directamente contra la premeditación en la que se sostiene toda la condena. Ambas aspiraciones, la que quiere endurecer y la que quiere desmontar, quedan ahora a expensas de conocerse el contenido final de este fallo judicial.
El abogado de la acusación, Juan Gonzalo Ospina, ha rebajado las expectativas de su propio recurso y admite que la familia a la que representa «confía en que la cadena perpetua se confirme», cuando lo habitual es que los tribunales de apelación respalden las sentencias de primera instancia. El mismo letrado, portavoz jurídico de la familia de la víctima, es mucho más tajante cuando se refiere al escrito de la defensa: «No existe ni una sola prueba que avale su inocencia», afirmó ante los medios. El recurso de la familia, en todo caso, va más lejos que lo resuelto por el juez de instancia, y solo la lectura del fallo aclarará si los magistrados han acogido alguno de los dos relatos o si han optado por no tocar nada. Las dos partes se han quedado, mientras tanto, exactamente en el mismo punto: esperando un sobre.
Una segunda apelación por delante y la puerta del traslado a España
Esta resolución, pese a su peso, no cierra el caso. Ambas partes cuentan con hasta dos apelaciones —esta primera y otra posible ante el Supremo— hasta que haya sentencia firme, de manera que quien salga perjudicado por el texto que ahora se remite tendrá todavía una instancia más a la que acudir. Y ahí aparece el elemento que más interesa al entorno de Daniel Sancho: solo a partir del momento en que la condena sea firme podrá la defensa solicitar el traslado del joven a España en virtud de un convenio. Esa es la razón por la que el fallo que viaja hacia el juzgado de origen importa mucho más de lo que su carácter intermedio sugiere: no es el final del camino, pero es el peldaño que permite empezar a subir el siguiente, y de su contenido depende que la estrategia de la defensa siga teniendo recorrido o se estreche hasta reducirse a una sola vía.
La otra incógnita es de calendario, y no la despeja ninguno de los dos tribunales implicados. El Tribunal Provincial de Samui indicó que no ha recibido aún la resolución, que se envía por correo postal, y el registro público del caso se limita a consignar que la sentencia está en vías de entrega, sin aclaración de fechas. Será en el momento en que el juzgado de origen la reciba cuando se fije la fecha para la lectura pública del fallo ante el condenado y las partes personadas en la causa, un día que sigue sin figurar en ningún calendario. Hasta entonces la situación de Daniel Sancho no cambia: continúa cumpliendo la cadena perpetua que le impuso el tribunal de primera instancia, a la espera de un texto que ya existe y que todavía no puede leer nadie. Lo único cerrado es que el trabajo de los magistrados de apelación ha terminado y que el expediente ya no está sobre su mesa: todo lo demás —el sentido del fallo, la fecha, el formato— sigue pendiente de ese trámite postal.
El punto de partida es la condena a cadena perpetua que el Tribunal Provincial de Samui impuso al hallarle culpable del asesinato premeditado de Edwin Arrieta, cirujano plástico colombiano, en la isla de Phangan. Aquella sentencia consideró que planeó el crimen y que «golpeó» con «intención de matar» a la víctima, cuyos restos aparecieron descuartizados por la isla. El asesinato premeditado conlleva en Tailandia la pena de muerte, que el país apenas aplica, y fue la confesión inicial del acusado la que sirvió de atenuante para rebajar el castigo, pese a que más tarde él mismo dijo que había sido un accidente. Hijo y nieto de dos actores muy conocidos, Rodolfo Sancho y Sancho Gracia, lo que contribuyó al enorme seguimiento mediático, el joven, de ahora 32 años, y el médico, de entonces 44, se conocieron a través de Instagram y se habían visto en varias ocasiones en España antes de citarse en la isla el día de los hechos.
El pulso familiar que rodea al preso mientras llega el sobre

Al margen de los papeles, la situación personal de Daniel Sancho es la que ha ocupado las últimas semanas. El condenado ha recibido las primeras visitas en Tailandia después de mucho tiempo: sus amigos más íntimos, entre los que se encuentra el hermano de Íñigo Onieva, viajaron al país asiático para poder pasar un rato junto a él. «Desgraciadamente para Daniel, los encuentros duran unos 20 minutos. Los amigos no hablan con él habitualmente. Solo uno habló con él por videollamada. A nosotros nos han restringido hasta las llamadas con Daniel», aseguró su abogada, Carmen Balfagón. La letrada añadió una reflexión sobre el apoyo familiar que suena a petición y a diagnóstico al mismo tiempo: «Yo creo que Daniel necesita tener el apoyo familiar, pero yo no sé si se puede pedir que estén unidos sus padres después de todo lo que ha pasado. Daniel necesita a su padre y a su madre».
Ese último apunte es el que ha traído cola. El abogado Marcos García Montes dejó caer días atrás que el condenado no quiere saber nada de Silvia Bronchalo por la guerra abierta de ella con Rodolfo Sancho, y aportó una frase atribuida al propio joven que retrata el tamaño del conflicto doméstico: «Yo voy a donde sea a declarar, mi padre jamás maltrató a mi madre». El letrado explicó que el hijo quiso comparecer como testigo en ese pleito familiar y que su equipo lo desaconsejó. Un enredo extrajudicial que discurre en paralelo a la causa tailandesa y que amenaza con hacerse más ruidoso a medida que se acerque el día de la lectura del fallo, con las cámaras otra vez apuntando a una familia rota en dos mitades que ni siquiera coinciden en la manera de defender al mismo hijo.
Aquella visita de sus amigos a la prisión tailandesa, coincidiendo con los tres años de su entrada en el penal, y el aviso que lanzó el abogado de la familia de la víctima sobre lo que podría ocurrir si algún día llegara a cumplir condena en España dibujan el terreno sobre el que va a caer la resolución que ahora viaja hacia el juzgado de origen. Porque el fallo no solo decidirá si la cadena perpetua se mantiene, se endurece o se revisa: marcará también el ritmo de todo lo que viene después, desde la eventual segunda apelación hasta la petición de traslado. De momento, el caso vuelve a estar donde estuvo durante el juicio, pendiente de una sala en el sur de Tailandia y de una fecha que nadie ha puesto todavía en el calendario.
