Mark Zuckerberg, fundador y consejero delegado de Meta, la empresa dueña de Facebook e Instagram, y su esposa, Priscilla Chan, han comprado el castillo de Strancally, una residencia neogótica levantada a orillas del río Blackwater, en el condado irlandés de Waterford. La finca ocupa 178 hectáreas, la operación se cerró en privado hace varias semanas y su precio no se ha hecho público, aunque la horquilla que se maneja va de los 20 a los 30 millones de euros. Un portavoz del empresario ha confirmado la compra, y la noticia le llega en una semana complicada para su compañía.
Te recomendamos

Gavi paga de su bolsillo 150 pisos para los sin techo de Los Palacios y planta 1,3 millones en el pueblo del que salió de niño hacia La Masía

Daniel Sancho recibe cartas de desconocidos enamorados en la cárcel de Surat Thani y Joaquín Campos destapa que la prisión dejó fuera a una española

Juan Carlos I pierde a Josep Cusí, el amigo que tenía su móvil privado: ha muerto en Barcelona con 92 años tras cuarenta al timón del Bribón

Muere Delfín Amaya, la voz de «Vete» y medio siglo de rumba catalana: su familia no se pronuncia y ni siquiera hay una fecha única del fallecimiento
Una operación privada que todavía no consta en el registro irlandés

Zuckerberg cerró la compra fuera del mercado, sin anuncio ni escaparate inmobiliario, y la operación todavía no figura en el registro público irlandés de precios de propiedades, lo que impide conocer la cifra exacta que se pagó. La confirmación llegó por escrito y en dos líneas. «Mark y su familia están encantados de seguir cuidando esta casa histórica y esperan con ilusión pasar tiempo en Irlanda, donde Meta mantiene su sede internacional», señaló el portavoz del empresario. La estimación de entre 20 y 30 millones de euros que circula en la prensa irlandesa se apoya en la calidad de la residencia y en la restauración completa a la que ha sido sometida durante los últimos veinte años, no en un precio declarado.

Tampoco va a ser su casa. Zuckerberg y Chan mantendrán su residencia principal en Estados Unidos y utilizarán Strancally durante sus estancias en Irlanda, en especial cuando él viaje al país por asuntos de la compañía. Ese es, de hecho, el motivo por el que Irlanda pesa en la agenda del fundador de Meta: la empresa tiene en Dublín su sede internacional desde 2009 y emplea allí a alrededor de 1.500 personas. La finca queda así como una residencia de temporada para viajes de trabajo, un uso llamativo para una propiedad de 178 hectáreas con acceso directo al río y embarcadero privado.
Cuatro minutos y medio andando de la cocina al comedor

La casa es de piedra tallada, tiene tres plantas y unos 1.486 metros cuadrados, y la levantaron en el primer tercio del siglo XIX para un antiguo diputado conservador del Parlamento británico. La firmaron los arquitectos James y George Richard Pain, responsables también de una torre ornamental cercana y de un muelle en una ensenada del Blackwater, y de algunos de los edificios más reconocibles de Irlanda: entre sus obras figuran el castillo de Dromoland, en el condado de Clare, la cárcel del condado de Cork y el castillo de Blackrock, también en Cork. Alrededor de la residencia hay pastos, zonas boscosas y la orilla del río.
Para hacerse una idea del tamaño hay un dato que lo explica mejor que los metros cuadrados. La guía The Houses of Ireland, de Brian de Breffny y Rosemary ffolliott, describe el castillo como una construcción concebida a una escala suntuosa y recuerda que se tardaba unos cuatro minutos y medio caminando a buen ritmo en llegar desde la cocina hasta el comedor. No es una casa grande: es una casa en la que la cena se enfriaba por el camino.
Los dueños que lo rescataron y un vecindario de multimillonarios
Los anteriores propietarios, Michael y Giancarla Alen-Buckley, compraron Strancally hace unos veinticinco años y dedicaron las dos décadas siguientes a restaurar la residencia y sus terrenos. Él es cofundador de la firma londinense de inversión RAB Capital; ella es hija del fallecido empresario hotelero Charles Forte y hermana del también hotelero Rocco Forte. Al confirmarse la venta, el matrimonio hizo público su alivio por quién se queda la casa. «Dejamos con cariño nuestro hogar de 25 años y estamos agradecidos por la oportunidad que se nos brindó de salvar y restaurar el castillo de Strancally», señalaron, y añadieron que se alegraban de que los nuevos dueños vayan a seguir invirtiendo en el mantenimiento de la propiedad.
La zona lleva años atrayendo grandes fortunas. A poca distancia está Ballynatray House, una extensa finca que el multimillonario británico James Dyson adquirió en 2024 por unos 29 millones de euros. Y no es el primer intento del fundador de Meta por hacerse con una gran propiedad irlandesa: en 2025, el empresario estadounidense John Malone, presidente de Liberty Media, contó que Zuckerberg había tratado de comprarle Castlemartin House and Estate, en el condado de Kildare, y que él rechazó la propuesta porque la finca no estaba en venta. Un año después, el castillo que sí ha conseguido está a apenas un centenar de kilómetros de allí.
La compra llega con Meta sentada ante 29 fiscales

El anuncio coincide en el calendario con el frente judicial que la compañía tiene abierto en Estados Unidos. Esta misma semana ha arrancado en un tribunal federal de California el proceso que enfrenta a Meta con un grupo de 29 fiscales estatales, que la acusan de haber diseñado e implementado funciones pensadas para generar adicción en niños y adolescentes en Instagram y Facebook. Es una de las mayores batallas legales a las que se ha enfrentado la tecnológica, y se dirime mientras su fundador suma a su patrimonio inmobiliario —con casas en California, Hawái, Lake Tahoe y Miami— un castillo del siglo XIX en el país donde su empresa tiene la sede con la que factura en Europa.
La coincidencia dice bastante de la escala a la que juega el personaje. Mientras en un juzgado se discute cómo funcionan por dentro las dos aplicaciones que le hicieron rico, él cierra en privado la compra de una finca de 178 hectáreas en la que no piensa vivir, y lo hace en el mismo país al que su empresa lleva la facturación europea desde hace diecisiete años. El castillo de Strancally, con su embarcadero y sus cuatro minutos y medio de pasillo entre la cocina y el comedor, no es una residencia: es un sitio donde dormir cuando toque pasarse por la oficina de Dublín.
