Cuando no se puede ganar en pantalla, se pleitea. Mediaset anunció este jueves que MC&F, la productora neerlandesa dueña de los derechos de El Rosco, demandará a Atresmedia por AlaZ, la prueba con la que Antena 3 sustituyó a la mítica rueda de letras de Pasapalabra tras la sentencia del Tribunal Supremo. La acusación cabe en dos palabras, «similitudes insalvables», y el movimiento retrata a una cadena que lleva meses incapaz de arañarle un solo punto de cuota a su competidora y que ha decidido buscar en un juzgado lo que no encuentra en la parrilla.
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La secuencia de los últimos treinta días no admite muchas lecturas alternativas. Primero fue el blindaje de los concursantes históricos del concurso mediante contratos de exclusividad, para evitar la fuga de rostros a la competencia. Después vino la contraprogramación desesperada, con la vieja nevera de Allá Tú desempolvada a toda prisa para intentar frenar el estreno del nuevo juego. Ninguna de las dos maniobras funcionó. Ahora llega la tercera, la más costosa y la que se emplea cuando las anteriores han fracasado: la vía judicial.
Una cadena en caída libre contra un rival intratable
El contexto explica la urgencia mucho mejor que el comunicado. La cadena de Fuencarral acaba de firmar la peor temporada de su historia y encadena semanas de datos humillantes: el miércoles cerró la jornada en cuarta posición, con un ocho por ciento de cuota, superada incluso por el conjunto de las televisiones autonómicas. Sus informativos de la noche apenas alcanzan un siete por ciento frente al dieciocho de su rival directa. Su gran apuesta para reconquistar las tardes se arrastra por debajo de nueve puntos y pierde cada día contra Y Ahora Sonsoles. Esta misma semana ha retirado ¡De Viernes! de la parrilla para no medirse con el fútbol y con la semifinal de Tu cara me suena.
Enfrente, el concurso de las tardes de Antena 3 sigue siendo una apisonadora que ronda el veinte por ciento de cuota, sostiene la franja completa hasta los informativos y funciona como el pilar sobre el que se levanta el liderazgo de toda la cadena. Ese es el bastión que Mediaset lleva un año intentando asaltar sin éxito. Y esa es la razón por la que un pleito por veintisiete letras se ha convertido en la batalla más importante de la televisión española.
El plan que la sentencia dejó a medias

El movimiento tiene además una motivación estrictamente económica que conviene no perder de vista. Mediaset compró la licencia de explotación de la prueba en España y trabaja desde la primavera en un concurso propio que tendrá esa rueda de letras como elemento central y final. Es decir, aspira a estrenar el original mientras su competidora emite, a su juicio, una imitación de lo mismo. Si AlaZ se consolida y el público lo acepta como sucedáneo, el activo que el grupo acaba de adquirir pierde buena parte de su valor antes incluso de estrenarse.
De ahí la insistencia en el argumento de fondo. Cuando Antena 3 presentó su nuevo juego, alegó que se trataba de la adaptación de un concurso suizo. Los denunciantes sostienen justo lo contrario: que no es una adaptación de aquel formato, sino una copia de aquel que ya tienen prohibido usar, apenas maquillada para esquivar una condena. Las diferencias visibles son deliberadas. Las letras ya no forman un círculo, sino una línea recta bajo el concursante; quien acumula más segundos decide si resuelve en orden alfabético o a la inversa, y su rival hace el camino contrario; hay un comodín nuevo que regala una letra a cambio de cinco segundos. Lo demás, dicen, permanece intacto.
Doce años de pleitos para llegar hasta aquí
La guerra no nació ayer. Un juzgado mercantil de Madrid resolvió en 2014 que aquella rueda carecía de la originalidad necesaria para gozar de protección legal, y la Audiencia Provincial confirmó esa tesis dos años después. Pero el litigio se reabrió por otra vía en Barcelona, y allí cambió el signo de la historia: en noviembre de 2022, la Audiencia condenó a la cadena a cesar la emisión de la prueba y reconoció que los derechos pertenecían a la productora neerlandesa. El pasado 21 de mayo, la Sala de lo Civil del alto tribunal confirmó esa condena y tumbó los recursos de Atresmedia y de ITV Studios, la compañía que licencia el formato general del concurso, un derecho que nadie discute.
Menos de un mes después, el 19 de junio, Antena 3 emitió su primer programa sin la rueda y estrenó el sustituto que ahora acaba en los tribunales. Apenas tres semanas ha tardado la otra parte en anunciar el siguiente asalto.
Lo que todavía no se sabe
Conviene, con todo, no dar por hecho más de lo que hay. Quien demandará no es la cadena, sino la productora neerlandesa, obligada por una cláusula contractual a actuar contra cualquiera que vulnere sus derechos; el grupo español, licenciatario en España, actúa como impulsor y altavoz. La demanda, además, todavía no se ha presentado: por ahora es un anuncio. El comunicado no concreta cuantía indemnizatoria alguna ni detalla expresamente si se pedirán medidas cautelares que fuercen la retirada inmediata del juego, aunque invoca la cesación de cualquier actuación que vulnere la condena firme. Y Atresmedia, que ha encajado el envite en silencio, no ha respondido.
Queda entonces la fotografía de una cadena que, incapaz de recuperar a su público, de sostener sus informativos y de aguantar una tarde frente al rival, ha decidido que su mejor jugada consiste en intentar apagarle el programa desde un despacho. Ganar el pleito no le devolvería un solo espectador. Pero se lo quitaría al otro, que a estas alturas parece ser el único objetivo que le queda.
