Que un puertorriqueño que canta reguetón en español se convierta en el hombre más deseado del planeta según una revista estadounidense habría sonado a broma hace diez años. Hoy es el escenario más probable. Bad Bunny encabeza las apuestas para ser proclamado Hombre Más Sexy del Año, el título que la revista People otorga cada otoño y que se ha convertido en una liturgia de la cultura popular anglosajona.
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Conviene decirlo desde el primer momento, sin adornos: esto no es un anuncio, es una quiniela. Nadie le ha entregado nada. La revista no desvelará su elección hasta noviembre y lo hace, como siempre, en el más absoluto secreto. Lo que existe hoy son mercados de predicción y casas de apuestas donde miles de personas ponen dinero sobre quién será el elegido. Y ahí, el nombre del artista está arriba del todo.





Un pulso ajustadísimo con un actor
Los números dibujan una pelea que no está ni mucho menos resuelta.

En las plataformas donde se negocian estas predicciones, el intérprete se disputa el primer puesto con el actor Michael B. Jordan por un margen mínimo, apenas un punto porcentual de diferencia. En las casas de apuestas británicas, en cambio, el cantante figura como favorito destacado.



Detrás asoman nombres como Pedro Pascal, Ryan Gosling o Timothée Chalamet.
Ese pulso, además, lleva meses cambiando de dueño. Cuando el mercado abrió, en febrero, era el protagonista de Dune quien mandaba. A mediados de marzo el latino le arrebató el liderato y lo mantuvo durante una larga temporada. Ahora vuelve a estar todo en el aire. Es la clase de volatilidad que revela lo que estos mercados son en realidad: un termómetro del ruido mediático, no un oráculo.
Por qué su nombre está ahí
La candidatura del artista no ha salido de la nada, sino de un año de una intensidad difícil de igualar. Su actuación en el descanso de la Super Bowl lo colocó ante la mayor audiencia televisiva del planeta y acaba de convertirse en el espectáculo intermedio más nominado de la historia de los Emmy. Su álbum Debí Tirar Más Fotos ha arrasado en los Grammy. Y por si faltaba algo, protagonizó una campaña de Calvin Klein que arrasó en redes sociales y que difícilmente puede considerarse ajena a la conversación sobre su atractivo.
La combinación resulta imbatible sobre el papel: música, moda, televisión y un idioma que la industria estadounidense llevaba décadas tratando como un nicho y que él ha convertido en el centro. Si la revista busca al hombre que más presencia cultural ha acumulado en los últimos doce meses, hay pocas discusiones posibles.
El aviso que dejó el año pasado
Y sin embargo. Hay un precedente reciente que debería enfriar cualquier certeza, y es el de la edición anterior. En aquella ocasión, los mercados daban a Pedro Pascal como favorito clarísimo, muy por delante del resto.

El elegido acabó siendo Jonathan Bailey, un nombre al que las apuestas concedían una posibilidad muy pequeña. La revista, sencillamente, hizo lo que le dio la gana.
Ese es el problema de fondo con todo este asunto. No estamos ante una votación popular ni ante un jurado con reglas públicas, sino ante una decisión editorial que un puñado de personas toma en una redacción de Nueva York atendiendo a criterios que jamás explican del todo. Los mercados pueden medir la conversación, la fama y el momento de cada candidato, pero no pueden leer la mente de quien firma la portada.
Queda por delante el otoño entero, tiempo de sobra para que la lista se reordene otra vez. Si finalmente se cumple el pronóstico, el cantante se convertiría en uno de los pocos artistas musicales que han recibido el título, dominado históricamente por actores de Hollywood. Y lo haría, además, sin haber renunciado al español, que quizá sea el dato más interesante de toda esta historia. Aunque de momento, insistimos, no ha ganado nada: solo va primero en una porra.
