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Lola García rompe seis días de silencio y retrata el acoso de ‘De lunes a viernes’ a Kiko Rivera: «¿No os vale con un ictus?»

Pedro Serrano González
10 min 10
lola garcía portada

Seis días. Eso es lo que ha tardado De lunes a viernes en ir a por la escuela de baile donde trabaja Lola García, en atribuirle a Kiko Rivera la culpa del ictus que él mismo hizo público y en preguntarse esta tarde, en directo y sin una sola prueba, si los mensajes que él firma se los escribe ella. Seis días de hostigamiento sobre un hombre que salió del hospital el domingo con medio cuerpo sin responder. Esta noche, la mujer que le cuida ha dicho basta con seis preguntas seguidas: «¿En serio? ¿Os quedan fuerzas para seguir inventando? ¿Para seguir culpando? ¿No os vale con un ictus? ¿Hasta dónde sois capaces de llegar?».

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«No me hace falta escribirme textos de él hacia mí»

La respuesta no llegó por donde ellos querían. No hubo plató, ni exclusiva pagada, ni intermediarios: una historia de Instagram y punto. La publicó, además, sobre el vídeo de Vibras en Corte que recogía las críticas vertidas esta tarde en el plató: quien abriera su perfil se encontraba primero con lo que se había dicho de ella y, escrito encima, lo que ella tenía que responder. Lola García fue directa al punto exacto que se había puesto en duda unas horas antes, el de si los mensajes de amor que Kiko Rivera publica desde su casa los redacta ella. «No me hace falta escribirme textos de él hacia mí, porque me lo dice todos los días, y para mí es especial que él quiera, al igual que yo, expresarse en sus redes». La frase desmonta el argumento entero sin levantar la voz, porque no discute el dato: discute la miseria de haberlo inventado. Y después describió cómo son sus días desde que él volvió a casa, que no se parecen en nada al retrato de estratega que dibujaron en el plató: «Mi día se basa en apoyarle, en estar con la familia y no meterme con nadie».

Lo que vino después no fue un ataque, fue una súplica: «De verdad, dejad de hacer daño, dar un poco de tregua». Pedir tregua es lo que se hace cuando llevas días recibiendo. Después, la frase con la que responde a la tesis del negocio: «Aunque os cueste creerlo, nos adoramos y no hacemos nada malo diciéndolo». Y el remate del agotamiento: «Ojalá algún día os canséis…», rubricado con dos emoticonos de llanto. La historia se cierra con seis palabras que no iban dirigidas al público, sino a él: «Mi amor, feliz de tenerte». En todo el texto no hay una sola alusión a los colaboradores por su nombre, ni una amenaza, ni un anuncio de acciones legales: hay una petición de tregua y una declaración de amor a un hombre convaleciente.

Cominicado de Lola García sobre vídeo de Vibras en Corte

Los rótulos que Telecinco puso en pantalla

Porque lo de esta tarde no fueron cuatro frases sueltas de un colaborador desbocado: iba escrito en pantalla, rotulado por el programa y sostenido durante todo el bloque. El primer rótulo fue una pregunta con nombre y apellidos: «LOLA GARCÍA, ¿AGENCIA DE COMUNICACIÓN?». El segundo desarrollaba la insinuación sin dejar lugar a dudas: «¿QUIÉN ESTÁ ESCRIBIENDO LOS COMUNICADOS EN REDES DE KIKO RIVERA? ¿PODRÍA ESTAR SU NOVIA TRAS LOS MENSAJES?». Y el tercero ya no preguntaba, afirmaba: «EN EL ESTADO ACTUAL DE KIKO, ELLA PARECE RESPONSABLE DE LA CUENTA PERSONAL DEL DJ». Tres rótulos, tres pasos: de la pregunta a la sospecha y de la sospecha a la conclusión, sin que en medio apareciera un solo dato.

Merece la pena detenerse en el tercero, porque es el que convierte una insinuación en una afirmación: «EN EL ESTADO ACTUAL DE KIKO, ELLA PARECE RESPONSABLE DE LA CUENTA PERSONAL DEL DJ». La frase da por hecho que su estado de salud le impide manejar su propio perfil y coloca a su pareja al frente de él, todo en una línea de rotulación y sin que nadie del entorno lo haya confirmado jamás. Es precisamente el punto que ella ha desmentido esta noche por escrito, sin rodeos: «No me hace falta escribirme textos de él hacia mí, porque me lo dice todos los días». A esa altura del bloque, el programa ya no estaba informando de la salud de Kiko Rivera: estaba repartiendo papeles dentro de una casa en la que no ha entrado nadie de la redacción.

Tres certezas lanzadas al aire sin un solo documento

Maica Benedicto

Conviene poner por escrito lo que se dijo, porque dicho en frío se sostiene todavía menos. El bloque arrancó con esta pregunta: «Yo quiero saber quién escribe todos esos textos, porque si Kiko está grave y con medio lado paralizado, como él dijo, ¿es ella misma la que se escribe en su perfil?». Léase otra vez: la enfermedad del protagonista, sus secuelas, se usaron como munición para insinuar que miente al firmar lo que publica. A partir de ahí, la sospecha dejó de ser sospecha. Gema Fernández sentenció lo de la autoría partiendo de su propio criterio sobre cómo debe escribir él: «Yo ese mensaje no me corresponde con la manera que tiene Kiko de expresarse. Esto está pasado por la IA, no me cabe duda». Que un hombre con secuelas en el lado izquierdo escriba distinto a como escribía antes del ictus no se contempló como explicación; se usó como prueba de que no era él. Ángela Portero dio por hecho que «Lola cada vez tiene más poder».

Óscar Repo

Óscar Repo remató con la tesis del negocio: «Toda esa estrategia de marketing sale de alguien que tiene mucho tiempo, que está al lado y que ve cómo aprovechar la oportunidad».

Ni un documento. Ni una fuente. Ni un dato comprobable. Tres afirmaciones sobre la intimidad de una pareja, dichas en abierto, sobre una persona que no estaba allí para defenderse y sobre un enfermo que llevaba cuarenta y ocho horas fuera del hospital. El propio Kiko Rivera había explicado en el comunicado que firmó el lunes que las secuelas afectan a la movilidad y la fuerza de su parte izquierda y que le espera una recuperación larga. Se le exigió transparencia durante días; cuando la dio, esa transparencia se convirtió en la prueba de cargo.

El bloque tampoco terminó ahí. El programa enlazó con «unas imágenes de última hora» del coche en el que, según contaron en directo, viajaba su tío Juan Pantoja para visitarle, después de que Isabel Pantoja hiciera lo propio: «Tenemos unas imágenes de última hora, sabemos que le había visitado Isabel Pantoja a Kiko Rivera, su novia Lola está junto a él todo momento y estas son imágenes que acabamos de recibir». Y de ahí pasaron a repasar los movimientos de su madre al minuto: «Yo sé que ayer salió Isabel Pantoja y esta mañana no ha salido, pero pretendía hacer un viaje que no sé si lo hará entre estos dos días». En el mismo tramo en el que se preguntaban quién teclea sus mensajes, se emitían imágenes tomadas esa misma tarde de quién entra y quién sale de la casa donde un hombre se recupera de un ictus.

Acoso y derribo: la misma casa, el mismo objetivo, la misma semana

Lo de esta tarde no es un exceso aislado de un colaborador caliente: es el tercer episodio del mismo programa contra la misma pareja en seis días. El 23 de julio, con él todavía ingresado, ese espacio se plantó en la escuela de baile donde ella trabaja y acabó preguntando a los alumnos, menores incluidos; la escuela tuvo que responder con un comunicado y con su equipo jurídico ante una «oleada de insultos» que les estaba «destrozando por dentro».

Ese mismo día, otro bloque atribuyó el ictus a su forma de vida sin que existiera parte médico alguno. Cambia el titular cada día; no cambia la dirección del foco. Eso tiene un nombre, y no es periodismo del corazón: es una campaña de acoso y derribo contra un enfermo y contra la mujer que lo cuida.

La misma jornada ha dejado un cuarto capítulo, en el mismo plató. Karmele Marchante ha salido a contar, entre risas, cómo acabó la consulta que hizo la familia a un abogado. Su relato, literal: «Yo tengo una amiga en Granada, cuyo marido es un abogado de las élites andaluzas. Agustín Pantoja, Tito Agustín, llama al abogado este y le pregunta si Minotauro es un insulto». Y remató la respuesta con sorna: «Claro, resulta que no es ningún insulto. Paquirrín Minotauro, mírate un libro, mírate la definición, es una cosa divertida». Luego reveló que hubo una segunda llamada: «Pero no contentos con esto, vuelven a llamar a mi amigo el abogado y preguntarle si hijo del patriarcado, que si yo se lo dije, también es un insulto. No». Y la frase que resume el tono: «Se han informado para ver si podían darte caña».

Hay dos cosas en ese relato que las dijo ella sola. La primera: ese «abogado de las élites andaluzas» que dictamina el asunto es, en sus propias palabras, el marido de una amiga suya, al que después llama directamente «mi amigo el abogado». La segunda: ella misma reconoce en el corte que le llamó «hijo del patriarcado», además de «minotauro». Todo eso lo dijo el 23 de julio, con Kiko Rivera ingresado en un hospital por un ictus. Cinco días después, lo que hace en directo es reírse de que la familia se molestara. El rótulo del programa llegó incluso más lejos que ella y habló de una amenaza de demanda; ella solo mencionó dos llamadas, y ningún miembro de la familia ha abierto la boca en todo este tiempo. También arremetió contra él por «culpar a los medios de comunicación de tus estreses», el mismo hombre que había atribuido su ictus al desgaste.

Ella no ha cobrado por nada de esto

Pongamos las dos partes de esta tarde una al lado de la otra. De un lado, un plató con colaboradores cobrando por opinar, tres rótulos en pantalla y unas imágenes de última hora del coche de la familia. Del otro, una historia de Instagram escrita por una mujer que no ha concedido una sola entrevista y que lleva desde el 20 de julio pidiendo que la midan con la misma vara. Ella no ha cobrado por escribir eso, no lo ha vendido a nadie y no ha pedido plató: lo ha colgado gratis y a cara descubierta, encima del vídeo que recogía lo que acababan de decir de ella.

Hay además una imagen de este mismo martes que lo remata. Kiko Rivera reapareció horas antes abrazado a ella y llamándola «la mujer de mi vida», en su primera imagen tras salir del hospital. Esa fotografía y esa historia son del mismo día y de las mismas dos personas: él agradeciéndole en público que no le soltara la mano, ella respondiendo por escrito que «me lo dice todos los días». En medio, un plató preguntándose si esos mensajes los escribe ella y si detrás hay una estrategia de marketing. Seis días después, eso último sigue sin tener detrás una sola prueba.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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