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Corazón

«Midáis con la misma vara a todo el mundo»: Lola García rompe su silencio, reivindica lo suyo con Kiko Rivera y estalla contra la comparación permanente

Pedro Serrano González
7 min 41
lola y kiko

Llevaba desde finales de diciembre de 2025 instalada en un discreto segundo plano, sosteniendo en silencio cada una de las polémicas que ha ido protagonizando su pareja. Ese silencio se acabó. Lola García, novia de Kiko Rivera, ha dado un paso al frente para reclamar públicamente que se aplique «la misma vara de medir» a Irene Rosales y su novio, Guillermo Famín, que a ella y al hijo de Isabel Pantoja. Cansada de que cada demostración pública de cariño se interprete como un dardo envenenado hacia la exmujer del dj, la joven ha hablado sin filtros: «No me molesta, me duele».

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La declaración de amor que encendió la mecha

El detonante de esta reacción hay que buscarlo en la última declaración de amor que el músico dedicó a la bailarina en sus redes sociales hace unos días, un texto que fue leído de inmediato en clave de indirecta. «Hay cosas que se valoran mucho más cuando has vivido lo contrario. Durante años conocí a personas que dependían de los demás para salir adelante, pero la vida me regaló a una mujer diferente», escribió el dj, antes de rematar con un elogio a quien «se levanta cada día para perseguir sus sueños, que trabaja, que lucha, que se esfuerza y que se ha ganado cada paso que ha dado gracias a su disciplina, su constancia y su arte». La estructura del mensaje, con esa contraposición entre un pasado de dependencia y un presente de autosuficiencia, bastó para que buena parte de la crónica social lo interpretara como una comparación deliberada.

A ese revuelo se sumó otro frente casi simultáneo: el regalo de cumpleaños que el artista hizo a su chica, una moto Vespa valorada en más de 5.000 euros, cuyo precio se convirtió en materia de debate durante días. La suma de ambos episodios terminó por colocar a la joven en un lugar incómodo, el de quien recibe muestras públicas de afecto y ve cómo cada una de ellas se convierte automáticamente en munición contra otra persona. Es precisamente contra esa mecánica, y no tanto contra una persona concreta, contra la que ha decidido rebelarse, harta de verse comparada una y otra vez tanto con Irene Rosales como con Jessica Bueno, las dos mujeres que la precedieron en la vida sentimental del músico.

«¿Por qué él no puede estar enamorado de mí?»

Su argumento central es una pregunta repetida, formulada con evidente dolor y sin demasiadas concesiones diplomáticas. «Estoy muy enamorada, muchísimo, no te imaginas», arrancó, antes de plantear la contradicción que la corroe: «¿Por qué una publicación que va sobre algo bonito y sobre mí tiene que ir hacia una ex? ¿Y por qué sus publicaciones son porque están súper enamoradas, súper todo bien y él no puede estar enamorado de mí? ¿Por qué? ¿Me podéis explicar?». La batería de interrogantes apunta a lo que ella percibe como un doble rasero informativo: cuando la felicidad la exhibe una de las partes se lee como felicidad, y cuando la exhibe la otra se lee como venganza. La queja, formulada así, es menos un ataque personal que una impugnación del marco desde el que se cuenta su relación.

El propio Kiko Rivera, presente durante la intervención, apuntaló la idea con una frase escueta: «No se mide con la misma vara». Ella la recogió al vuelo y fue considerablemente más lejos, cargando de forma directa contra la madre de sus hijas: «Claro, es que no se mide con la misma vara. Él siempre habla de sus ex, pero sacar una campaña con el nombre de Kiko como hace su ex es buscar trabajo». Conviene precisar que se trata de una valoración personal suya sobre una actividad profesional ajena, y no de un hecho contrastado ni de una acusación con respaldo documental. La aludida no ha respondido por el momento a este señalamiento concreto, de modo que el reproche queda, de momento, en el terreno de la opinión de una de las partes implicadas.

Una petición dirigida a la prensa, no a la exmujer

Pese a la dureza de ese pasaje, el grueso de su reivindicación no apunta a Irene Rosales, sino a quienes cuentan la historia. «Midáis con la misma vara a todo el mundo», reclamó expresamente a los periodistas, y su matiz posterior resulta revelador sobre dónde sitúa ella el problema: «No me molesta, me duele. Pero no por nadie, sino por la prensa, porque siempre rebuscáis ahí un poco y yo creo que no tenéis que rebuscar». La distinción entre molestia y dolor no es un juego de palabras, sino una forma bastante precisa de describir el desgaste de quien lleva medio año viendo su vida privada convertida en interpretación permanente sin haber pedido nunca el micrófono.

El cierre de su intervención fue casi conciliador, y desactiva en buena medida la lectura de guerra abierta que invita a hacer el titular. «Kiko también se puede enamorar. Y yo le deseo a todo el mundo lo mejor, pero también que me lo deseen a mí», sentenció. En esa frase está condensada toda su tesis: no reclama que se deje de celebrar la felicidad ajena, sino que se conceda a la suya el mismo estatuto. Su defensa última es que cuando el dj le declara públicamente su amor no lo hace con la intención de incomodar a su exmujer, sino por la misma razón por la que cualquiera lo haría, del mismo modo que Irene Rosales es feliz junto a Guillermo Famín y nadie le exige justificarlo.

El precio de entrar en un apellido con historia

Lo que subyace a todo este episodio es una realidad que trasciende el caso concreto: la enorme dificultad de sostener una relación nueva cuando la anterior sigue siendo material informativo de primera magnitud. El primo de Anabel Pantoja arrastra un historial mediático de dimensiones considerables, y cualquier persona que entre en su órbita hereda automáticamente ese archivo, con sus comparaciones, sus bandos y sus lecturas cruzadas. La joven lleva desde finales de 2025 conviviendo con esa herencia sin haber intervenido nunca en los conflictos que la generaron, y su irrupción de ahora responde menos a una estrategia calculada que al agotamiento acumulado de quien no encuentra la manera de que su propia historia se cuente en primera persona.

Queda por ver si esta salida a la palestra consigue el efecto que ella busca o produce exactamente el contrario. La experiencia del propio entorno familiar sugiere que romper el silencio rara vez apaga un incendio en la crónica social; más bien suele proporcionarle oxígeno, porque convierte a quien hasta entonces era un personaje secundario en protagonista con voz propia y, por tanto, en sujeto de nuevas preguntas. Lola García ha pasado en una sola intervención de acompañante discreta a parte activa del relato, y ese cambio de estatus tiene consecuencias difíciles de revertir. Su petición, en el fondo, era sencilla y hasta razonable: que se la mida por su propia historia y no por la de quienes vinieron antes. La duda es si el ecosistema al que se la ha planteado está en condiciones de concedérsela.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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