Kiko Rivera está en casa. Le dieron el alta ayer domingo y nadie se enteró, ni siquiera de que se la habían dado. Lo cuenta él mismo en un comunicado firmado que empieza con un «buenos días» y seis palabras que llevaban una semana esperándose: «Ayer me dieron el alta y ya estoy en casa». El texto, encabezado con sus iniciales y con su firma al pie, es el primero que emite desde que el viernes escribiera aquel «mi cuerpo ha dicho basta».
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«Mi cuerpo ha dicho basta»: Kiko Rivera firma un comunicado desde el hospital, culpa al desgaste de los últimos meses de su segundo ictus y cierra la puerta a los que filtraban de su entorno
Y trae mucho más que un parte médico. Trae el detalle concreto de lo que le ha dejado el segundo ictus, un agradecimiento a su madre por algo que nadie sabía, y un párrafo sobre el «topo» de su entorno que va a dar que hablar durante días. Conviene leerlo con calma, porque cada bloque dice una cosa distinta y ninguna es menor.
Lo que le ha quedado: la parte izquierda del cuerpo
Es él quien lo hace público, y lo hace sin rodeos: «Ahora empieza una recuperación que no será fácil. Tengo que volver a recuperar la movilidad y la fuerza de la parte izquierda de mi cuerpo, pero quiero que estéis tranquilos. Estoy convencido de que lo conseguiré. Voy a poner todo de mi parte para volver más fuerte que nunca». Es la primera vez que se concreta el alcance. El jueves, cuando rompió su silencio para contar que había sufrido un nuevo ictus, habló de secuelas sin decir cuáles; después se supo que la rehabilitación sería larga, pero no qué había quedado afectado ni dónde. Antes de todo eso hubo cuatro días de incógnita: el miércoles solo constaba que estaba hospitalizado en Sevilla y ni su entorno más cercano soltaba prenda, después de que se cayera del verano entero sin querer explicar por qué. El viernes se quedó sin el alta que tenía prevista y se dijo que seguiría ingresado hasta el lunes; al final salió el domingo.
El tono, con todo, no es de derrota. «Lo verdaderamente importante es que sigo aquí. La vida me ha dado una nueva oportunidad y pienso aprovecharla», escribe, antes de marcar la diferencia con la vez anterior: «Esta vez la recuperación será diferente, porque tengo a mi familia esperándome en casa. Y eso, queridos amigos, no tiene precio». Dedica además un bloque entero al hospital y a quienes le han atendido, y no solo a los médicos: «Desde los celadores hasta los médicos, enfermeras y todo el personal. El trato humano que he recibido ha sido sencillamente maravilloso».
El «topo» no estaba donde muchos pensaban

El párrafo más comentado va a ser este, y hay que reproducirlo entero porque cualquier resumen lo traiciona: «Al final, la vida vuelve a enseñarme la misma lección: la familia es lo más importante. Y también me ha servido para confirmar que el famoso «topo» no estaba donde muchos pensaban. Esa persona, afortunadamente, ya no forma parte de mi vida». Conviene subrayar lo que dice y lo que no. No nombra a nadie. No da pista alguna sobre quién es, y este periódico no va a identificar a ninguna persona a partir de una frase que no señala a ninguna: no hay ni un dato que lo permita, y ponerle cara sería inventárselo.
Lo que sí se puede leer con seguridad es la estructura de la frase. Está diciendo dos cosas: que quien filtraba no era la persona que la mayoría señalaba —es decir, exculpa a alguien— y que la persona que sí lo hacía ya está fuera de su círculo. Y lo enlaza con el otro agradecimiento del comunicado, el que dedica a la discreción: «En ningún momento ha salido información privada sobre mi estado ni sobre mi recuperación. Ni siquiera se sabía que ya había recibido el alta. Eso demuestra que todavía queda mucha gente que entiende lo que significa respetar la intimidad de una persona». En eso lleva razón, y es comprobable: durante toda la semana no salió del hospital una sola exclusiva. Este periódico ya reparó el viernes en ese silencio inédito —una de las mujeres más perseguidas por las cámaras de este país entrando y saliendo de un hospital sin una sola foto robada— y planteó la pregunta sin señalar a nadie, porque no había ni un dato para hacerlo. Sigue sin haberlo. Lo único nuevo es que ahora es él quien dice que la filtración venía de otro sitio.
Gracias a su madre por algo que nadie sabía

Que Isabel Pantoja se ha hecho cargo de sus nietos estos días era sabido, y también que se trasladó a Sevilla en cuanto se confirmó el segundo ictus. Lo que no se sabía es que además iba a verle al hospital, y que ninguna de esas visitas trascendió. «Gracias, mamá, por cuidar de tus nietos todos estos días y por buscar siempre un ratito para venir a verme. Es curioso que ni siquiera se hayan enterado de esos momentos. Eso significa que, por fin, estamos haciendo las cosas bien». Viniendo de quien viene, el agradecimiento público ya es en sí mismo un movimiento; pero la frase que cuenta es la última: para él, que esas visitas no salieran publicadas es la prueba de que algo ha cambiado.

El otro agradecimiento largo es para su pareja, y es el más extenso de todo el texto. «Y gracias a ti, mi Lola. No tengo palabras suficientes para agradecerte todo lo que has hecho por mí. No me has dejado solo ni un solo segundo. Has estado a mi lado cuando más te necesitaba, cuidándome, dándome fuerzas y haciéndome sentir que nunca estaba solo. En los momentos difíciles es donde se demuestra quién está de verdad, y tú me lo has demostrado cada día». Es coherente con lo que se ha visto: a ella se la ha criticado hasta la extenuación e incluso se llegó a acosar a los alumnos de su escuela de baile mientras él estaba ingresado, y no ha hecho una sola declaración en toda la semana.
Y una explicación para quien no ha recibido respuesta

Cierra el comunicado con un agradecimiento a los suyos y con una aclaración práctica que explica su silencio de estos días: «Quiero dar las gracias también a todos los amigos, compañeros y seguidores que habéis preguntado por mí, que me habéis mandado mensajes y que habéis estado pendientes durante estos días. Todo ese cariño llega y ayuda mucho más de lo que podéis imaginar». Y a continuación: «No estoy pendiente del móvil, por eso no puedo responder a todos los mensajes. Ahora mismo solo lo utilizo para compartir comunicados como este. Mi prioridad es recuperarme».
La despedida es de dos líneas —«Gracias por acompañarme una vez más. Nos vemos pronto»— y va firmada «con cariño». Visto en conjunto, el texto hace tres cosas a la vez: da el parte que faltaba, reparte agradecimientos con un orden que no es casual —hospital, discreción, madre, pareja— y deja caer, en mitad de todo, la frase sobre el «topo» que va a ocupar los platós de esta tarde. Él, mientras tanto, ha dejado escrito qué piensa hacer con su teléfono: usarlo para comunicados y para nada más.
