Ya hay respuesta al enigma que había mantenido en vilo a los seguidores de Kiko Rivera durante las últimas horas. El dj, ingresado en un hospital de Sevilla después de haberse visto obligado a suspender toda su gira de verano, ha roto su silencio con un comunicado tan esperado como estremecedor: ha vuelto a sufrir un ictus, esta vez «un poco más fuerte». El hijo de Isabel Pantoja, que ha querido ser él mismo quien diera la cara, asegura estar «bien» pese a haberle quedado «algunas pequeñas secuelas», y aprovecha el trance para anunciar un giro radical en su vida: a partir de ahora, dice, se pondrá a sí mismo por delante de todo.
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El comunicado íntegro de Kiko Rivera
A través de un mensaje difundido en sus redes sociales, el artista despejaba por fin todas las incógnitas sobre su estado de salud y ponía nombre a lo ocurrido. Consciente de la expectación generada durante los últimos días, el dj optaba por dirigirse directamente a sus seguidores, sin intermediarios, en un escrito cargado de emoción y de un evidente poso de cansancio. Estas eran sus palabras, reproducidas de manera literal:
He vuelto a sufrir un ictus. Esta vez ha sido un poco más fuerte. Probablemente el estrés ha tenido mucho que ver. Llevo demasiado tiempo viviendo bajo una presión mediática constante, con mi nombre presente cada día en televisiones, redes sociales y titulares.
Afortunadamente estoy bien. Han quedado algunas pequeñas secuelas que, si Dios quiere, con el tiempo, la rehabilitación y mucho trabajo terminarán desapareciendo. La vida vuelve a darme una oportunidad. Y esta vez no pienso desaprovecharla.
He intentado cuidar mi salud y seguir adelante, pero llega un momento en el que uno también necesita paz para vivir. A partir de hoy voy a priorizarme. Mi tranquilidad, mi familia y mi recuperación están por encima de todo.
Ha llegado el momento de poner límites y de priorizar mi bienestar por encima de todo. No voy a seguir soportando situaciones que ponen en riesgo mi salud. Es momento de cambiar muchas cosas.
Quiero aprovechar también para dejar algo muy claro. Toda la información relacionada con mi estado de salud saldrá únicamente de mí o de mi familia. Solo mi familia y mi mujer tienen acceso a la información necesaria. Lamentablemente, he comprobado que hay personas que hablan más de la cuenta, por lo que os pido que no deis credibilidad a nada que no proceda de esas fuentes.
Ahora solo toca recuperarme. Nos volveremos a ver pronto. Gracias por vuestro respeto, vuestro cariño y por estar siempre ahí.
De sus propias palabras se desprende un dato que agrava el susto: no es la primera vez que Kiko Rivera se enfrenta a un episodio de estas características, tal y como delata ese «he vuelto a sufrir». El dj, además, no duda en señalar cuál cree que es la raíz del problema, apuntando directamente al estrés y a una exposición pública que reconoce haber padecido «cada día». Un diagnóstico que, más allá de lo estrictamente médico, se convierte en una durísima reflexión sobre el precio que ha pagado por vivir permanentemente bajo los focos.
Un giro vital: «A partir de hoy voy a priorizarme»
Más allá del parte médico, el escrito se convierte en una auténtica declaración de intenciones. El artista, que se muestra decidido a afrontar la recuperación con optimismo —«la vida vuelve a darme una oportunidad y esta vez no pienso desaprovecharla»—, deja claro que a partir de ahora su bienestar irá por delante de cualquier otra consideración. «Necesito paz para vivir», confiesa, en una frase que resume el agotamiento de quien ha protagonizado un año especialmente convulso y ha decidido, por fin, poner freno.
Esa exposición mediática constante a la que alude no es casual. Cabe recordar que el artista viene de meses de máxima tensión, con la guerra por la herencia de su padre, el pulso familiar y una presencia diaria en los platós que él mismo señala ahora como una de las causas de su deterioro. La decisión de apartarse llega, además, apenas un día después de que, el pasado 22 de julio, se viera obligado a cancelar de golpe toda su gira de conciertos, un varapalo profesional que ahora cobra pleno sentido a la luz de su diagnóstico.
Las primeras imágenes de Lola García llegando al hospital
Mientras se suceden las muestras de cariño, las cámaras han captado las primeras imágenes de Lola García llegando al hospital de Sevilla en el que permanece ingresado Kiko Rivera. La pareja del dj, convertida estos días en su principal apoyo, ha accedido al centro visiblemente afectada y hablando por teléfono, sin detenerse en ningún momento ante los micrófonos.
Fiel a la discreción que el propio artista reclamó en su comunicado —en el que dejó claro que solo su familia y su mujer tienen acceso a la información sobre su estado—, Lola García optó por el silencio y no respondió a ninguna de las preguntas de la prensa a su llegada.
Lola llegando al hospital donde permanece Kiko Rivera ingresado después de darse a conocer que ha sufrido de nuevo un ictus. pic.twitter.com/rhYWJUIJ8W
— Vibras en Corte (@VibrasenCorte) July 23, 2026
Un aviso a quienes «hablan más de la cuenta»
El comunicado incluye, además, un mensaje contundente dirigido a blindar su intimidad en un momento tan delicado. Kiko Rivera avisa de que toda la información sobre su salud saldrá «únicamente» de él o de su familia, y de que solo los suyos y su mujer tienen acceso a los datos reales de su estado. «Lamentablemente, he comprobado que hay personas que hablan más de la cuenta, por lo que os pido que no deis credibilidad a nada que no proceda de esas fuentes», remacha, en un aviso que parece dirigido a determinadas voces de su entorno que, a raíz de su ingreso, se habían pronunciado sobre su estado en los últimos días.
El escrito, cargado de emoción, se cierra con un mensaje de gratitud hacia quienes le han mostrado su apoyo durante estas horas de incertidumbre. Con estas palabras, Kiko Rivera pone rostro y nombre a la preocupación de los últimos días y despeja las dudas sobre un ingreso que había disparado todas las alarmas. Ahora, con el foco puesto en su recuperación y en ese anhelado cambio de vida, al dj solo le queda cumplir la promesa que se ha hecho a sí mismo: ponerse, por fin, en primer lugar.
