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Televisión

Paula Vázquez destapa el horror que la expulsó de la televisión: «Fotografías de mi casa apuntando con una pistola» y compañeras que aún hoy dicen «cosas denunciables»

Pedro Serrano González
5 min 13

Hay heridas que no cicatrizan porque nunca se cerraron del todo. Paula Vázquez se sentó en la madrugada de este viernes frente a Manu Sánchez, en el plató de El perro andaluz, y desmontó con una serenidad demoledora el relato que durante años se construyó sobre ella. La presentadora gallega repasó la campaña de acoso y desprestigio que, sostiene, la apartó de la primera línea de la televisión, y dejó una revelación que congela: entre las cosas que llegó a recibir había «fotografías de mi casa apuntando con una pistola». No lo dijo buscando compasión. Lo dijo con el tono de quien lleva demasiado tiempo esperando que alguien pregunte.

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La frase que ha recorrido las redacciones esta mañana, sin embargo, es otra, y apunta hacia dentro del propio gremio: «Hay mujeres que dicen cosas de mí en reuniones que son denunciables y que no se basan más que en aquella campaña de desprestigio». La comunicadora no dio un solo nombre. No señaló a ninguna compañera, ni a ninguna cadena, ni a ningún despacho. Se limitó a constatar que aquello que se dijo de ella hace casi una década sigue circulando en salas donde se reparte trabajo, y que esa maquinaria nunca se detuvo del todo.

Un tuit, un titular y una avalancha

El episodio al que alude la conductora tiene fecha y tiene documentos. En octubre de 2017, mientras Galicia ardía en una oleada de incendios devastadores, publicó en redes un mensaje sarcástico en el que criticaba la respuesta política a la catástrofe. Al día siguiente, OKDiario, el digital dirigido por Eduardo Inda, publicó que la presentadora se había «reído de los incendios». La descontextualización desató una avalancha de insultos, amenazas y mensajes de odio que ella misma expuso entonces. Su respuesta, tuiteada el 17 de octubre de aquel año, fue inequívoca: anunció que había denunciado al periódico «por la FALSEDAD de sus acusaciones. Y la campaña de odio y acoso hacia mi».

Aquella demanda es el único elemento judicialmente documentado de toda esta historia, y conviene decirlo con claridad: lo que la gallega relató anoche son sus vivencias y sus acusaciones, no hechos declarados probados por ningún tribunal contra persona alguna. Dicho eso, el relato que hizo es escalofriante en su acumulación. Las amenazas no se quedaron en la pantalla: «Intentan pegar a mi padre en un bar», contó. «Ahí ves que lo que yo digo tiene consecuencias». Y a la violencia se sumó el rumor sobre su cuerpo, esa vieja artillería reservada a las mujeres públicas: «Hicieron ver como que yo tenía una enfermedad por estar delgada, cuando yo siempre había sido flaca».

El silencio de los que no salieron a defenderla

De todo lo que verbalizó, quizá lo más incómodo para la industria fue lo que echó de menos. «Me faltó ver compañeros que salieran a apoyarme», reconoció. Nadie dio la cara. Y el resultado de aquel cerco fue la retirada: «Llevaba desde los 15 años en la tele y cuando hago ese parón, no tan voluntario, es con 36». La expresión —«no tan voluntario»— resume una década entera de ausencia. Hubo un privilegio que ella misma admite sin pudor, y que dice mucho de las que no lo tienen: «Me vino muy bien. Me pilló con ahorros. Esto es fácil si te puedes permitir seguir viviendo al mismo nivel». Quien no tiene colchón, no tiene retirada: tiene ruina.

El precio íntimo lo pagó después, y también lo nombró sin eufemismos. «Aprendí a callarme los problemas y a disimularlos. Eso me llevó a una enfermedad, como lo es la depresión». Es una confesión valiosa por lo que tiene de correctivo: durante años, la industria del entretenimiento vendió su desaparición como un capricho, una excentricidad o un retiro dorado. Ella lo cuenta como lo que fue, una expulsión silenciosa y una caída.

De ‘Fama’ al regreso por la puerta grande

Cuesta recordar la magnitud de lo que se apagó. La gallega llevaba delante de una cámara desde los quince años: pasó por ‘Jeans’, fue azafata de ‘Un, dos, tres’, condujo ‘El juego del euromillón’ y ‘La isla de los famosos’, y alcanzó su cénit al frente de ‘Fama, ¡a bailar!’ y Pekín Express, dos formatos que definieron una época. Según publicó El Español, fue Paolo Vasile, entonces al mando de Mediaset, quien dejó de contar con ella para la programación semanal sin previo aviso, coincidiendo con aquel periodo personal devastador.

La historia, por fortuna, no acaba en la trinchera. La presentadora se convirtió en la primera española en conducir un formato de Netflix con ‘Ultimate Beastmaster’ y ha reconstruido su carrera en RTVE, donde ha presentado el Benidorm Fest y encadena proyectos. Que su regreso más comentado se produzca precisamente en el plató de un humorista que la misma noche denunció recibir amenazas de muerte no parece casualidad, sino diagnóstico. Dos profesionales, dos ovaciones y una misma constatación incómoda: en este país, ponerse delante de una cámara y decir lo que se piensa sigue teniendo un precio que nadie firma en el contrato.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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