Recuerdo unas palabras que dijo hace años el actor Álex O’Dogherty cuando le preguntaron si no estaba cansado de ser siempre el actor secundario de las series y películas en las que participaba. Él respondió que, precisamente, ese era el secreto para no dejar nunca de trabajar.
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Decía que, cuando un protagonista triunfa demasiado, después suelen llegar años de sequía. En cambio, el secundario que cumple su función sin llamar excesivamente la atención siempre encuentra un sitio donde seguir.
Esa reflexión volvió a mi cabeza el otro día, viendo la boda de Makoke en televisión.

Makoke lleva décadas formando parte del paisaje televisivo. Desde aquellos tiempos en los que sacaba las bolas del Cupón de la ONCE junto a Carmen Sevilla y sus ya míticas zapatillas de estar por casa.
Todo el mundo sabe quién es Makoke. Es uno de esos rostros que cualquier espectador reconoce al instante. Pero hay una pregunta mucho más interesante: ¿qué ha hecho Makoke para seguir estando durante tantos años en televisión?
Y ahí es donde cuesta encontrar la respuesta.


Si uno repasa su trayectoria, sus momentos más recordados casi nunca nacen de ella.
Uno de los más famosos fue el «Makoke, a la calle», la campaña que impulsó Belén Esteban durante su paso por Gran Hermano VIP. Aquella frase terminó convirtiéndose en un fenómeno popular hasta el punto de que, años después, Makoke hacía bolos en discotecas donde el público seguía coreándola.
Si sigo buscando otro momento realmente memorable, tengo que recurrir a las continuas broncas de Mila Ximénez en defensa de Kiko Matamoros, unas discusiones que acabaron rompiendo amistades dentro del famoso «eje del mal». O aquel día en el que Paula Vázquez confundió en directo al cantante Makako con Makoke en ¡Fama, a bailar!.
Curiosamente, incluso sus momentos más recordados suelen depender de otra persona.
Makoke ha participado en algunos de los realities más importantes de Telecinco. Ha pasado por platós durante décadas. Ha ocupado incontables horas de televisión. Y, sin embargo, cuesta señalar una entrevista inolvidable, una exclusiva histórica o un instante televisivo que lleve únicamente su firma.
Ha sido, probablemente, la secundaria perfecta.
Esa persona que siempre está disponible cuando hace falta completar un reparto, ocupar una silla en un plató o cerrar el casting de un reality. Como ese invitado al que llaman los podcasts cuando falla el protagonista que realmente querían entrevistar.
Por eso llama la atención que, cuando algo relacionado con Makoke consigue convertirse en tema principal de conversación, casi siempre coincide con semanas en las que no ocurre nada demasiado relevante.
Y cuando llega ese foco, lo disfruta con una ilusión casi infantil.

Ahí está la escena de la tarta destrozada a machetazos durante su boda. Una imagen que muchos espectadores calificaron de esperpéntica, pero que ella y su marido revivían después entre risas en De Viernes, convencidos de haber protagonizado un momento divertidísimo. Esa diferencia entre cómo uno se percibe y cómo lo percibe el público dice mucho.
Porque, al final, el mayor mérito de Makoke quizá no haya sido convertirse en una gran estrella de la televisión.
Su mayor mérito ha sido sobrevivir a ella.
En una profesión donde muchos brillan con fuerza durante unos años para después desaparecer, Makoke ha demostrado que existe otro camino: el de resistir, permanecer y seguir estando.
Quizá, después de todo, ese sea su verdadero talento.
Palabra de Repo.
