Hace solo dos días vivimos la final de Supervivientes 2026 con la victoria de Maica Benedicto. En su duelo final contra Alba Paul, Maica se proclamó ganadora con un 59,25 % de los votos habiendo superado antes dos televotos más. Ver cómo consiguió tanto apoyo del público y ese porcentaje frente a Alba y al universo que la rodea, con millones de seguidores en redes sociales, me hizo volver a pensar en esa frase que leo y escucho en muchos sitios: que los influencers serán los nuevos famosos. Una afirmación con la que no estoy muy de acuerdo.
Te recomendamos

Terelu Campos o abrazar el feminismo según nos convenga

María José Campanario y Julia Janeiro: usar la prensa para lucrarse y despreciarla después

El victimismo siempre ha sido una llave de entrada y salida de la televisión: «Alejandra Rubio vuelve a los platós solo dos meses después de abandonarlos»

La valentía de Alba Carrillo no hace a sus compañeros más cobardes, pero ella es el tipo de persona que quiero en mi vida
Maica se ha convertido en un valor seguro y necesario en los realities de la cadena. Estando Maica, el contenido, las tramas y el entretenimiento están asegurados. Muchos la tachan de teatrera, de no ser real, de fingir un papel, cuando el secreto de Maica es todo lo contrario. Fluir, dejarse llevar y mostrarse tal y como uno es en televisión, con sus virtudes y sus defectos, es lo que hace que sigas estando ahí durante años. Maica no piensa, no siente y no se comporta como la mayoría de las personas que vemos en televisión, y eso la hace diferente y esencial. Como ha ocurrido años atrás con Adara Molinero, Marta Peñate o Sofía Suescun. Son como son, auténticas, y eso provoca mucho cariño o mucho rechazo. Y si hay algo que hay que tener para estar en televisión es la capacidad de provocar algún tipo de sentimiento en el espectador, sea cual sea.

Desde que en el año 2019 Maica entró como concursante en la casa más famosa de la televisión y consiguió convertirse en una de las protagonistas de aquella edición de Gran Hermano Anónimos que tanto esperaba la audiencia, la hemos visto concursando en Los vecinos de la casa de al lado, Gran Hermano Dúo y Supervivientes. También la hemos visto colaborando en diferentes formatos y trabajando en sus redes sociales.
Hay perfiles duros, que se mueven bien en el conflicto, en la discusión e incluso en perder las formas. Y luego está Maica, que no necesita bajarse al barro ni perder las formas discutiendo para conseguir entretener al espectador.

En esta edición de Supervivientes, Jorge Javier tiene que estar eternamente agradecido a personas como Maica y Claudia. Y mira que Claudia ha tenido actitudes indefendibles y que, hace años, en un reality habrían provocado la expulsión disciplinaria de la concursante. Pero viendo este año cómo más de la mitad de los famosos que han ido a participar parecían muertos vivientes en la Palapa, no remaban a favor de obra y solo querían abandonar el formato porque echaban de menos a su familia o porque la experiencia se les hacía muy dura, ahí tenías a una Maica y a una Claudia que querían vivir la aventura, que en ningún momento querían abandonar y que, cuando Jorge tenía que tirar de ellas, mostraban una complicidad que hacía que el espectador pudiera entretenerse.
En muchas ocasiones he leído que se notaba el favoritismo de Jorge hacia ellas, pero, como ocurre en todos los trabajos, de la gente que rinde, que se entrega y te hace el trabajo más fácil es de la que siempre terminas tirando.

Estamos acostumbrados a ver a personas que se dan a conocer a través de un reality show y que son capaces de todo por mantenerse en el foco. Retransmitir su día a día, enfrentarse a familiares e hijos en programas de televisión para tener una polémica a la que agarrarse… Y luego está Maica, que siete años después de entrar como una desconocida en Guadalix de la Sierra sigue estando ahí.
A Maica le gusta mucho estar y hacer televisión. Pero la televisión también necesita personas como Maica.
Palabra de Repo
