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Opinión

Opinión: cinco años en los que no se movía un papel sin que apareciera publicado y cinco días en los que no ha salido ni una foto: qué ha cambiado en el entorno de Kiko Rivera

Pedro Serrano González
7 min 21
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Hay una frase en el comunicado que Kiko Rivera ha firmado este lunes que va a ocupar los platós de esta tarde, y conviene leerla entera antes de interpretarla: «Y también me ha servido para confirmar que el famoso «topo» no estaba donde muchos pensaban. Esa persona, afortunadamente, ya no forma parte de mi vida». No da un nombre. No da una inicial. No da una pista. Y este periódico no se la va a inventar. Pero hay algo que sí se puede hacer sin señalar a nadie, y es mirar los hechos comprobables de esta semana y compararlos con los de los últimos cinco años. El resultado es incómodo por sí solo.

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Porque lo verdaderamente extraordinario de estos días no es lo que se ha publicado. Es lo que no se ha publicado. Un hombre extraordinariamente mediático ingresa el pasado lunes en un hospital de Sevilla. Su madre, una de las mujeres más perseguidas por las cámaras de este país, se traslada allí y va a verle. Le dan el alta ayer domingo. Y el país entero se entera de todo eso el lunes, por un papel que escribe él. Cinco días. Ni una foto robada, ni una exclusiva, ni un dato médico filtrado. Quien conozca este culebrón sabe que eso no había pasado nunca.

Lo que sí se puede afirmar, y lo que no

Empecemos por marcar la raya, porque en un asunto así la raya es lo primero. No hay ninguna prueba de quién ha filtrado nada del entorno de Kiko Rivera en estos años. No consta investigación alguna, ni denuncia, ni procedimiento. Él no ha señalado a nadie y aquí no se va a poner cara a una frase que no la tiene: hacerlo sería inventárselo, y además sería injusto con cualquiera a quien se le colgara el cartel. Lo que sigue no es una acusación contra ninguna persona concreta. Es una comparación entre dos periodos, hecha con hechos publicados y verificables, y una hipótesis planteada como lo que es: una hipótesis.

Dicho eso, hay dos datos que sí son suyos y que sí se pueden citar. El primero: él afirma que el topo «no estaba donde muchos pensaban». Y quien haya seguido esta historia sabe perfectamente dónde señalaba la sospecha mayoritaria durante años, porque el clan ha convivido con esa acusación desde la guerra de Cantora. Esa frase, leída junto al resto del comunicado, funciona como una exculpación: el mismo texto en el que descarta ese origen es el que dedica a su madre un agradecimiento que no había escrito nunca. El segundo dato: dice que «esa persona» ya no forma parte de su vida. Eso acota un círculo, y lo acota él.

El contraste, con fechas

Vamos a los hechos, que es donde esto se sostiene. El miércoles contamos aquí que ni su entorno más cercano conseguía hablar con él: su primo Canales Rivera se enteró de dónde estaba ingresado porque «un amiguete de Sevilla» se cruzó con Lola García en el sótano del hospital, y su amigo Rasel explicaba que no contestaba «ni a su círculo más cercano». Fíjese en el detalle, porque es demoledor: la única información que salió aquellos días no vino de una filtración, vino de una casualidad en un sótano. Nadie de dentro estaba contando nada.

Compárese eso con lo que ha sido la norma. Durante años, cualquier movimiento del dj y de su madre aparecía publicado antes incluso de que ellos lo hubieran asumido: la herencia de Paquirri, las cuentas, los audios, las discusiones familiares, el estado de la finca. La propia Isabel Pantoja lo tuvo tan claro que actuó: en mayo apartó de su equipo a una persona de su confianza tras detectar fugas de información durante la gira americana. Es decir, que en esta familia la palabra «topo» no es una metáfora que se haya inventado él este lunes: es un problema real, identificado y con medidas tomadas.

La hipótesis, dicha como hipótesis

Y aquí está la pregunta, que se formula sola y que no requiere señalar a nadie: si durante cinco años todo se sabía y esta semana no se ha sabido nada, ¿qué ha cambiado en ese círculo? La respuesta honesta es que no lo sabemos con certeza. Pueden haber cambiado muchas cosas a la vez: que él haya cerrado el grifo, que su pareja imponga otra disciplina, que la familia haya aprendido, que la persona que él menciona simplemente se haya ido. Todas esas explicaciones son posibles y ninguna está probada. Lo que no es discutible es que el cambio existe y es total, y que él lo atribuye expresamente a la salida de alguien.

Conviene además ser justos con una cosa: que alguien haya salido de su vida no lo convierte en culpable de nada. Una separación cambia un círculo entero —quién tiene la llave, quién sabe a qué hora entra el médico, quién conoce el número de habitación— sin que nadie tenga que haber hecho nada malo. Esa es exactamente la razón por la que este periódico no va a poner un nombre donde él no lo ha puesto. La hipótesis se sostiene sola sin necesidad de convertirla en imputación, y quien quiera hacer esa lectura la hará solo. Nosotros nos quedamos en el dato: cinco años de fugas y cinco días de silencio absoluto, con el mismo protagonista y un entorno distinto.

Lo que sí se le puede reprochar a Irene Rosales, y no es esto

Porque hay una tentación evidente esta tarde, y es la de atar cabos a la brava. No lo vamos a hacer, y menos con alguien a quien esta casa ya ha criticado por cosas que sí están documentadas y que no necesitan de ninguna especulación. Aquí se le reprochó el viernes que colgara la recomendación de un restaurante de lujo con el padre de sus hijas ingresado, y el reproche era el momento elegido, no su derecho a cenar donde quisiera. Se le señaló que el jueves pidiera «desvincularse por completo» de la noticia y que grabara después el vídeo en el que invita a dejar de seguirla, sabiendo —lo dice en él— que iba a convertirse en noticia. Eso es criticable y está probado, porque lo hizo ella delante de todos.

Lo otro, no. Lo otro es una frase sin nombre en un comunicado, y quien la convierta en una acusación estará haciendo precisamente aquello de lo que se queja cuando lo sufre. Queda, eso sí, una observación que se puede hacer sin salirse de lo documentado. En una semana en la que del hospital no salió ni un dato, las tres apariciones públicas relacionadas con este asunto que sí están recogidas en estas páginas —la recomendación del restaurante, la llamada al programa y el vídeo invitando a dejar de seguirla— no vinieron ni de él, ni de su madre, ni de su pareja. Los tres han callado. Y eso, que no prueba absolutamente nada sobre quién filtraba antes, sí dice algo sobre quién habla ahora.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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