El vídeo ya estaba borrado, el comunicado publicado y la cuenta de Tania Llasera en silencio. Ahí ha entrado Adriana Abenia, con un mensaje en Instagram en el que pide que le cierren el perfil a su compañera de profesión. «Qué vergüenza de discurso. Deberían cerrarle la cuenta por decir gilipolleces de manera periódica». No es la primera vez que estas dos presentadoras chocan a la vista de todos.
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Un mensaje que ni siquiera señala al vídeo original

El detalle que da la medida del gesto está en qué eligió compartir Adriana Abenia. No subió el vídeo que Tania Llasera había publicado sobre Lindsay Clancy, el que abrió toda la polémica, sino la grabación de otra persona que iba desmontando una por una las frases de la comunicadora. Sobre ese montaje ajeno escribió el miércoles su propio comentario, y de ahí ha salido la frase que ha corrido por las redes en las últimas horas. La presentadora zaragozana, pareja de Sergi Abad, no pide una rectificación ni abre un debate sobre la maternidad o la salud mental: lo que reclama es que la plataforma le retire la cuenta a una compañera con la que ha compartido tiempo de pantalla.

Al otro lado no ha habido respuesta. Tania Llasera lleva apartada de las redes sociales desde que pidió perdón y en su perfil no se ha movido nada desde entonces: ni un vídeo, ni una historia, ni una réplica a quien pide que la echen de la plataforma. El mensaje de la zaragozana tampoco ha tenido continuación, de modo que el enfrentamiento se sostiene ahora mismo sobre dos líneas escritas encima de un vídeo que no ha grabado ninguna de las dos. Si la bilbaína decide romper ese silencio, el choque puede crecer deprisa, porque las dos ya se han visto en esta misma posición, con las historias de Instagram como campo de batalla, con el debate del cuerpo de por medio y con medio gremio televisivo eligiendo bando.
El vídeo por el que le reclaman la cuenta
La grabación que ha desatado todo empezaba sin ningún rodeo. «Empatizo con una mujer que se ha cargado presuntamente a sus tres hijos», decía la presentadora en los primeros segundos, antes de desarrollar su argumento sobre el agotamiento de la crianza: sostenía que «todas las madres» han pasado por «un momento horrible en el cual te sientes superada». Añadía que la acusada «hizo todo lo que estaba en su mano para pedir ayuda y todos los sistemas le fallaron». El tramo que más ruido levantó fue el dedicado al marido de la mujer, al que contrapuso con ella. «Su marido, además, se iba de brunch con sus amigos, iba a esquiar, tenía una vida más allá de ser padre. En cambio, y creo que aquí muchas nos identificamos, la madre no tenía vida más allá de ser madre».
La reacción fue inmediata y mayoritariamente en contra, y la comunicadora terminó retirando el vídeo de todos sus perfiles y publicando un texto largo en el que acotaba qué quería decir. «Al igual que a muchos, me cuesta entender incluso mi propia empatía hacia una mujer presuntamente responsable de algo tan terrible», escribió. «Lo fundamental es que empatizar no es justificar. Intentar comprender el sufrimiento, la desesperación o la oscuridad en la que pudo encontrarse no borra el daño ni la tragedia de sus hijos. Condeno profundamente cualquier daño a víctimas inocentes». Y cerraba apuntando a quiénes tenía en la cabeza. «Solo intento entender por qué tantas mujeres en redes sociales, especialmente en EEUU, sienten empatía». La retirada del vídeo y ese comunicado son el punto exacto en el que ha aterrizado el mensaje de Adriana Abenia.
El caso que hay detrás se remonta a enero de 2023 en Massachusetts y ha vuelto a los titulares porque el juicio se está celebrando ahora. La acusación sostiene que la enfermera estranguló con bandas elásticas de ejercicio a sus tres hijos —de cinco años, tres años y ocho meses— en el domicilio familiar y que después se lanzó por la ventana de un segundo piso; sobrevivió a la caída y quedó parapléjica. La defensa mantiene que sufrió alucinaciones y delirios tras dar a luz al pequeño y que estaba en tratamiento por problemas psiquiátricos. Es esa versión, la de una mujer que pidió ayuda y no la recibió, la que la presentadora recogió en su vídeo, y es el relato sobre la muerte de los tres niños lo que ha encendido a media red social.
La guerra que empezó con una campaña de bañadores

El choque de esta semana no cae en terreno virgen. En abril de 2022, Adriana Abenia criticó en sus redes una campaña publicitaria de Roxy por incluir a mujeres de cuerpos no normativos. «Defender y hacer apología de enfermedades como la obesidad me parece peligroso», escribió entonces, y añadió que «estar obeso no es sano y no debería ser objeto de una campaña publicitaria, al igual que estar en los huesos». La respuesta de Tania Llasera llegó en el mismo formato y con el mismo tono. «Llevamos décadas viendo modelos de tallas imposibles como lo normal. Por fin la diversidad que vemos en la calle llega a la publicidad y, ahora, ¿resulta que es apología de la obesidad?». Hubo réplica —«esto es demagogia y lo sabes», le contestó la zaragozana— y contrarréplica. «Hacer inclusión de diversos cuerpos no es hacer apología de nada».
Aquel pulso se le fue de las manos a las dos. La zaragozana denunció que había recibido «decenas de mensajes deseándome la muerte a mí y a mi familia», y entre los rostros conocidos que salieron a arroparla estaba precisamente la mujer con la que discutía. «Ya se sabe que nuestras opiniones no coinciden, pero nadie debería de faltar al respeto a nadie», escribió Tania Llasera, que le mandó públicamente un abrazo y pidió que nadie amenazara ni deseara el mal a su compañera. La discrepancia de fondo siguió intacta —«acordemos que no estamos de acuerdo y ya está», zanjó la bilbaína—, pero el episodio terminó con las dos en el mismo lado frente a los insultos.
Meses después, la bilbaína contó que la relación venía de lejos —habían trabajado juntas, se habían visto en casa, hubo regalos por su embarazo— y que había intentado zanjarlo por privado. «Ella siguió dando entrevistas y llamándome mala compañera. Le mandé un audio y le dije que si me encontraba con ella en un photocall yo la iba a saludar tan normal y, efectivamente, ya está. No es mi mejor amiga, pero la relación es cordial». El asunto del peso ha sido después una constante en su discurso público: ha hablado de las cláusulas sobre el físico que se firmaban en televisión y del goteo de ofertas de farmacéuticas para que se medicara, y también de su diagnóstico de lipedema y TDAH. Cuatro años después de aquella pelea, las dos vuelven a estar enfrentadas en público y el disparo lo ha hecho la misma presentadora.
