Saltar al contenido
Corazón

Pepe Rodríguez confiesa su crisis personal en El Bohío y sopesa el cierre a pesar del éxito en MasterChef

Pedro Serrano González
6 min 26

El popular juez de Masterchef, Pepe Rodríguez, ha dejado boquiabiertos a sus seguidores tras desnudarse emocionalmente en el pódcast ‘La escalera roja‘. A sus 58 años, el chef toledano ha puesto sobre la mesa la cruda realidad de la hostelería de alta cocina, admitiendo que la idea de echar el cierre a su emblemático restaurante, El Bohío, ronda de forma insistente por su cabeza a pesar de encontrarse en su mejor momento financiero.

Te recomendamos

Pepe Rodríguez ha repasado con absoluta franqueza cómo llegó al mundo de los fogones, un destino que no estaba en sus planes iniciales. «Soy la tercera generación de hosteleros. Primero mi abuela, luego mi madre y ahora yo. No estaba en mi pensamiento cocinar, ni dedicarme a esto. Pero he vivido en un negocio familiar, en un bar, y te va calando. No era mal estudiante, pero no me achucharon para estudiar y lo dejamos para entrar en el negocio», ha relatado el cocinero, dejando claro que el entorno familiar marcó un camino que no eligió de forma voluntaria en un principio.

El paso de la barra a la cocina se produjo de una manera totalmente fortuita y forzada por las circunstancias del día a día del negocio. El chef ha confesado que empezó a cocinar de casualidad porque el cocinero que tenían en plantilla les fallaba mucho y un buen día decidió que la situación no podía continuar así. «De camarero no estaba a gusto. No me llenaba del todo porque, además, era tímido. Dentro no tenía que aguantar a nadie, pero empecé a cocinar sin tener ni idea. Tuve que ir aprendiendo y poco a poco se convirtió en una maravilla», ha recordado sobre aquellos inicios inciertos que terminaron por descubrirle su verdadera pasión a base de presentarse a concursos, devorar libros de autor y conocer a grandes figuras del sector.

El lado oscuro y la esclavitud de mantener una estrella Michelin 

A lo largo de la charla, Pepe Rodríguez se ha mostrado sumamente crítico con la desmedida obsesión que impera en el sector gastronómico actual por los galardones y las distinciones. El toledano ha asegurado que a él le dan igual los reconocimientos y que su única meta es el cliente que se sienta a la mesa de El Bohío. «Yo no doy mejor de comer a nadie, lo que hay es lo que hay. Lo que hago todos los días tiene que estar muy bien. Yo lo que quiero es que todo el mundo se vaya contento. Todos van a pagar igual y hay que tratarlos con la misma exigencia», ha argumentado con firmeza.

El juez televisivo no ha dudado en marcar distancias con aquellos compañeros de profesión que viven obsesionados con las guías. «Muchos compañeros tienen allí sus caras y sus nombres. A mí me da igual y, además, no quiero. Están obsesionados. No quiero vivir, no puedo vivir así», ha sentenciado con dureza. Recordando el momento en que obtuvo su propia distinción, ha explicado que el panorama era radicalmente opuesto al de las galas multitudinarias de hoy. «Cuando yo la obtuve no se enteraba nadie. No había ni gala. Yo me enteré porque me llamó Carme Ruscalleda y luego Martín Berasategui», ha desvelado, apuntando además que el premio trajo consigo una presión añadida: «Luego es verdad que te llega algo más de trabajo porque en Toledo no había ninguna. Pero todos un poco jugándote un poco más. Ahora lo controlo mejor. Con una estrella sé lo que es estar arriba, en el medio, y estar hundido. He pasado por todos los momentos».

La cruda realidad económica detrás de los fogones de élite 

Rodríguez ha querido bajar a la tierra el negocio de la alta cocina, recordando que los restaurantes son empresas que deben ser viables y que no todo es el brillo mediático. «La gente que trabaja tiene que cobrar y cobrar dignamente. A veces montan restaurantes para el reconocimiento, y esto cuesta mucho dinero. Tiene que ser rentable, pagar impuestos. No todo es oro lo que reluce. Hay muchos matices y economía pura y dura. Es un negocio en el que hay que dejarse la piel y en el que muchos invierten todos sus ahorros», ha advertido con seriedad, poniendo el foco en la falta de propietarios independientes en el sector: «Habría que ver qué porcentaje de los 100 mejores locales de España son cocineros propietarios. Muchos tienen un inversión, un hotel, un fondo… Un tío que lo haga solo, somos pocos».

Asimismo, ha realizado una comparación con el mercado internacional para ilustrar la desventaja en la que compiten los negocios españoles. «Un restaurante de mi categoría con dos someliers y tal en Francia vale 300 euros sin pestañear. Yo eso no lo puedo cobrar porque no me lo pagan. Estamos siempre en desventaja. Los franceses han tenido un bagaje cultural siempre mucho más desarrollado», ha lamentado respecto a los márgenes de beneficio.

La tentación de colgar el delantal y salir corriendo 

La confesión más impactante de la entrevista ha llegado cuando el chef ha reconocido que el cansancio físico y mental le lleva a plantearse el cierre definitivo con frecuencia. «Se me pasa mucho por la cabeza. A día de hoy, también. Lo digo un poco en broma, pero hemos sufrido crisis de decir, ‘¿Por dónde salimos?’. Y con los bancos azuzando. Ahora que es cuando mejor va me digo, ‘¿Qué hago yo aquí solo?’. ¿Necesito estar felizmente esclavizado como estoy?», se ha preguntado de forma retórica frente a los micrófonos.

El rostro de televisión Española ha admitido que su situación financiera actual le permitiría tomar la decisión sin apuros económicos, pero el peso sentimental de la casa familiar frena de momento el desenlace. «No tengo la necesidad porque tengo otros negocios alrededor con los que podría vivir, pero me gusta tanto y es mi casa, que quiero apostar por aquello. Pero es verdad que a veces, el año pasado que tuve Pipas bajas y trabajé como un desgraciado, dije, ‘Pego un cerrojazo y se lo dejo al equipo’. Muchas veces quiero salir corriendo, pero es que de verdad me va la marcha. Es un sacrificio, pero voy cumpliendo años y con 56 me cuesta más», ha concluido, visibilizando el desgaste de una profesión que no perdona los años.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *