Kiko Rivera ha vuelto a dejarse ver por Sevilla un mes después del ictus, y esta vez sin esquivar a nadie: desayuno en familia en una cafetería a dos pasos de su casa, sonrisa ancha y, cuando las cámaras le preguntan cómo está, un pulgar levantado por toda respuesta. Ni una palabra. Y con la otra pregunta, la de si piensa llevar a los tribunales lo que se ha dicho de él y de Lola García, ni siquiera eso.
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Un desayuno a la vuelta de la esquina y el pulgar hacia arriba
La escena no tiene nada de extraordinario, y por eso vale lo que vale. Kiko Rivera salió a desayunar a una cafetería cercana a su domicilio acompañado de Lola García y de las dos hijas que tiene en común con Irene Rosales, de lo más sonriente y sin el gesto tenso con el que se le había visto en sus últimas apariciones. Cuando le preguntaron por su estado no se paró a explicarse: levantó el pulgar, sonrió y siguió a lo suyo, que en el lenguaje de quien lleva un mes sin querer hablar significa que el accidente cerebrovascular que le mandó al hospital en julio está prácticamente superado. Es la imagen más concluyente que ha dado desde entonces, y no la da un comunicado firmado ni un texto colgado de madrugada: la da él, en la calle, dejándose ver.

Viene además de unos días que apuntalan esa lectura. Kiko Rivera se escapó el fin de semana a la costa gaditana con las niñas y con la bailaora, que no se ha separado de él en ningún momento desde que sufrió el ictus, y esta misma semana acudió a una revisión rutinaria en el hospital de la que salió sin que ninguna cámara le pillara: quien se dejó ver aquel día fue ella, saliendo de la clínica a por el coche y sin responder a una sola pregunta. Entre una cosa y otra ha pasado la segunda quincena de agosto en Sevilla, en una rutina deliberadamente pequeña —playa, familia, consulta— que es lo que anunció que iba a hacer cuando canceló todos sus compromisos profesionales.
La pregunta a la que no ha querido contestar
Kiko Rivera contestó con el pulgar a lo fácil y con nada a lo demás. Con el desayuno terminado le pusieron delante el asunto que lleva semanas rondándole —si tiene intención de emprender medidas legales por todo lo que se ha dicho sobre él y sobre Lola García— y ahí no confirmó nada. Ni lo desmintió ni lo dio por hecho. No es un silencio menor: él mismo relacionó el episodio de julio con la presión mediática que arrastraba, dijo que llevaba demasiado tiempo con su nombre en televisiones, redes y titulares, y sobre esa idea construyó la decisión de apartarse. Que la vía judicial siga sin descartarse un mes después es, hoy por hoy, el frente que deja abierto.
Ese repliegue lo llevó hasta el final. A principios de agosto desactivó el canal en redes por el que había ido informando de su ictus y se borró de la conversación pública, que era el sitio del que decía que le venía el daño. Desde entonces no ha vuelto a publicar partes de salud ni ha entrado en ninguna de las polémicas que le han salpicado, y la que más ruido hizo fue la de los días que le tocaba estar con su hijo mayor, el que tiene con Jessica Bueno: el niño estaba en Canarias con Isabel Pantoja y la modelo se enteró en directo de que su hijo no estaba con su padre sino con la abuela.
Un mes desde el aviso que sí fue serio
Hay que recordar de dónde se sale, porque el propio interesado se encargó de que no quedara en un susto de titular. Fue él quien contó que este ictus había sido más fuerte que el que ya había sufrido antes —aquel primero no le dejó ninguna secuela— y quien admitió después que de este sí habían quedado algunas pequeñas, aunque las daba por recuperables con tiempo, rehabilitación y trabajo. Con ese cuadro encima de la mesa anunció que cancelaba su agenda entera y que se alejaba del foco, dejando entrever que le esperaba un camino largo. Un mes después, el camino ha resultado ser bastante más corto de lo que él mismo dibujó, y la prueba es que se le ve conduciendo, viajando y desayunando fuera como cualquier otro miércoles de agosto.
Queda por ver qué hace a partir de septiembre, cuando el calendario televisivo se ponga en marcha y su nombre vuelva a los platós con él fuera de ellos. De momento no ha anunciado regreso a los escenarios ni ha puesto fecha a nada, y su entorno mantiene el mismo mensaje de las últimas semanas: primero la recuperación completa y después ya se verá. Lo que ha cambiado esta semana es la vía: su estado ha dejado de contarse en un comunicado firmado y ha vuelto a contarse en la calle, con un pulgar levantado delante de las cámaras a las que llevaba un mes esquivando.
