Rocío Muñoz ha cambiado el destinatario de su denuncia. Hasta ahora hablaba de presiones sobre ella; lo que cuenta estos días es que los mensajes que le llegan apuntan directamente al hijo que espera y que asegura que es de Omar Montes. La empresaria afronta la recta final del embarazo con dos monitorizaciones hospitalarias ya a la espalda, dice tener miedo de lo que lee en su teléfono y sostiene que ha puesto esos mensajes en manos de la Justicia. En paralelo, avisa de su siguiente movimiento: reclamará judicialmente la paternidad en cuanto el niño nazca.
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Los mensajes ya no van contra ella, van contra el bebé

Rocío Muñoz lo contó ante las cámaras en su intervención en Y Ahora Sonsoles, y lo hizo sin rodeos. «Estoy recibiendo mensajes agresivos hacia mi bebé», dijo, antes de resumir en cuatro palabras cómo lleva esta última fase. «Tengo miedo de los mensajes que estoy recibiendo». Los mensajes le llegan por redes sociales —a través de Instagram, según la versión que ha trasladado— y su contenido, insiste, no va dirigido a discutir su relato ni a llamarla mentirosa, que es lo que venía soportando desde mayo, sino al niño que todavía no ha nacido. Es el matiz que ella misma subraya y el que convierte este capítulo en algo distinto de los anteriores: el destinatario de la agresividad ha cambiado.
Según su propio relato, esos hechos ya habrían salido del terreno del ruido digital para entrar en el judicial: Rocío Muñoz da a entender que los ha puesto en manos de la Justicia, aunque no ha detallado ni ante qué instancia ni en qué fase se encuentra ese paso. Tampoco ha identificado a quién atribuye los mensajes. La cautela es relevante, porque en este asunto todo lo que se ha ventilado en público hasta ahora ha terminado por convertirse en papel judicial de una parte o de la otra, y porque el cantante no ha respondido en ningún momento a esta última acusación, igual que no se ha pronunciado sobre el bebé desde que estalló la polémica.
«Saldrá la verdad»: la demanda de paternidad, en cuanto nazca
El segundo frente que abre es el que lleva anunciando desde hace semanas y que ahora pone fecha. «Saldrá la verdad», sentenció, «el resultado de la demanda de paternidad ya va a salir, lo diré para que se sepa que yo no he mentido en ningún momento». El movimiento no es inmediato: lo que ha concretado es que presentará esa reclamación en cuanto se produzca el parto, que es además el momento en que una prueba biológica resulta practicable. Su objetivo declarado no es económico, sino reputacional: quiere demostrar que no es una oportunista y limpiar su nombre frente a quienes la acusan de haber montado todo esto.

Ese pulso llega con una espada encima. El cantante le reclama en los tribunales 500.000 euros por un presunto delito de injurias y calumnias, al entender que las manifestaciones de ella han dañado gravemente su imagen pública. Lejos de retractarse ante esa cifra, Rocío Muñoz mantiene su versión punto por punto y avanza que va a seguir adelante con lo suyo. Es la misma actitud que exhibió cuando se conoció la querella, cuando aseguró tener grabaciones y conversaciones guardadas para desmontar la acusación y preguntó en voz alta por qué él no reclamaba también la paternidad si tan seguro estaba.
Una recta final entre monitorizaciones y un nombre en secreto
El estado de gestación de Rocío Muñoz está muy avanzado y ella misma ha explicado que ha acudido ya en un par de ocasiones a la monitorización en el hospital. Tiene, dice, todo listo para la llegada del niño, incluido el nombre, que ha elegido y que ha preferido guardarse con una sonrisa. Lo único que ha aclarado sobre ese punto es lo que el pequeño no se va a llamar: preguntada por si llevaría el nombre del cantante, respondió con un «ni loca» que no admite matices. De confirmarse su versión, ese bebé sería el tercer descendiente del artista, que tiene un hijo adolescente y otro que cumplirá un año el próximo octubre, fruto de su relación con Lola Romero.
La historia arrancó en mayo, cuando la empresaria anunció que estaba embarazada y señaló al intérprete como padre, y escaló en el plató de ¡De Viernes!, donde relató presiones y coacciones del entorno del cantante para que interrumpiera el embarazo, incluidas las que situó en la semana quince y media de gestación. Aquella comparecencia en Telecinco fue el detonante de la querella millonaria, y de ahí en adelante la historia ha ido saltando de plató en plató sin que él haya dado su versión. Tres meses después, con el parto a la vuelta de la esquina, el caso vuelve al punto de partida con un elemento nuevo y más incómodo: quien recibe los mensajes ya no es solo ella.
