La pionera de las redes sociales Aida Domènech rompe el silencio sobre la homofobia empresarial en pleno 2026 y relata la pérdida de contratos millonarios junto a su mujer Alba Paul.
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En una entrevista concedida a La Razón, Aida Domènech, conocida en el negocio digital como Dulceida, ha puesto cifras y realidades al odio que sufre el colectivo LGTBIQ+ en las esferas más opacas del mercado publicitario. La creadora de contenido, que arrastra una masa social de más de tres millones de seguidores en su perfil oficial de Instagram, ha desvelado que su orientación sexual sigue siendo un problema para los despachos de las multinacionales. La catalana, lejos de la imagen idílica de facturación y eventos que proyecta su agencia, ha puesto las cartas sobre la mesa respecto al retroceso social que vive el sector.
La fundadora de los Premios Ídolo no se ha guardado nada al analizar cómo las marcas de gran consumo penalizan la diversidad cuando los contratos superan ciertas cantidades de dinero. El equipo de representación de la catalana ha tenido que lidiar con la cancelación de campañas de publicidad de manera abrupta tras confirmarse los sesgos ideológicos de los anunciantes:
«Que yo sepa, se me han caído dos proyectos muy gordos, con marcas muy potentes, y mi equipo y yo nos hemos acabado enterando que era por mi condición sexual. Una pasó hace muy poco, el año pasado, y la otra la tengo clavada porque era una marca que me gustaba mucho».
La situación laboral de la influencer coincide con una etapa de madurez en la que su discurso ha pasado de la mera exposición natural de su vida privada en el año 2015 a un activismo militante y selectivo. Las marcas corporativas, que antes se subían al carro de la visibilidad como una estrategia de marketing estacional, ejecutan ahora una política de repliegue ante el repunte de los discursos más duros en las plataformas digitales.
El análisis de una involución social en las redes
La evolución del negocio de los creadores de contenido ha transformado las dinámicas de consumo, pero también ha dado alas a comunidades que persiguen la diversidad. Dulceida maneja un termómetro muy preciso sobre el clima social en España y no ha dudado en comparar la aceptación que existía hace una década con el acoso diario que reflejan las estadísticas oficiales del Ministerio del Interior. El diagnóstico de la empresaria sobre la deriva actual de las redes sociales es demoledor y ataca directamente a la complacencia de la industria:
«Hay mucha gente activista, y aunque yo ahora colaboro a conciencia con la comunidad, no empecé así, simplemente mostraba mi relación naturalmente. Yo siempre había sido una defensora del colectivo incluso antes de decir que era bisexual, pero cuando estás dentro te das cuenta de todos los derechos que hay en juego, todo lo que han luchado los que han venido antes que nosotros. Si tengo un altavoz potente y puedo ayudar a la causa, voy a hacerlo. También creo que hace años era una moda decir que eras gay, trans o lesbiana y todo el mundo lo veía guay. Ahora no, ahora se ve mal y se han dado muchos pasos atrás».
El entorno empresarial de la moda y la belleza, donde Aida Domènech construyó su imperio multimillonario, se enfrenta a una polarización que afecta directamente a los ingresos por publicidad de las grandes figuras de Internet. Las grandes firmas evitan el conflicto con los sectores más reaccionarios retirando los presupuestos de los perfiles que consideran excesivamente significados en la defensa de los derechos civiles.
Los temores de una madre en el entorno escolar

El asunto trasciende lo económico para instalarse en el salón de su casa. La maternidad de la creadora de contenido junto a su mujer, Alba Paul, ha cambiado por completo sus prioridades y ha encendido las alarmas sobre el futuro que le espera a la menor en el sistema educativo. La sobreexposición mediática del matrimonio, sumada al auge de los delitos de odio cometidos en la vía pública, se ha convertido en el principal quebradero de cabeza para la pareja a la hora de planificar la infancia de su hija.
La catalana reconoce que el día a día en el colegio genera una ansiedad que comparte con otras familias homoparentales del sector del entretenimiento. El miedo al acoso escolar y a los prejuicios de los adultos marca la agenda de una de las mujeres más poderosas de la industria digital española:
«Yo tengo muchos miedos, de que le digan algo en el colegio o se metan con ella. Sin embargo, tengo amigas de madres lesbianas que me hablan de su infancia de forma muy positiva».
La veterana creadora de contenido concluye que la defensa de los derechos de su familia no puede someterse al criterio económico de ningún consejo de administración. Con el Orgullo LGTBIQ+ a la vuelta de la esquina en este mes de junio, la industria del marketing de influencia se enfrenta al espejo de sus propias contradicciones: facturar millones de euros mientras se silencia a sus principales estrellas por miedo al boicot.
