Belén Esteban ha roto este martes el silencio que mantenía desde que empezó el cruce con Julia Janeiro, y lo ha hecho en el aeropuerto de Madrid, camino de un compromiso de trabajo que la ha sacado unas horas de sus vacaciones en Tenerife. Ni gritos ni portazo. La colaboradora ha negado que vetara a Beatriz Trapote en televisión, ha descartado cualquier pelea con la hija de Jesulín de Ubrique y ha lanzado un desafío al resto del clan sobre esa versión distinta de su historia que llevan años anunciando. «Llevamos 27 años esperando. Yo quiero que cuenten la historia».
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«¿Tú me ves enfadada? Estoy muy tranquila»
La reaparición se esperaba tensa y ha salido justo al revés. Belén Esteban ha empezado quitándole hierro a todo. «Sinceramente, estoy bien. No me ha sorprendido para nada. Yo entiendo que todo el mundo hable y yo por supuesto no soy nadie. ¿Tú me ves enfadada? Estoy muy tranquila». Sobre la joven que la llamó «meme televisivo» y «sombra de Jesulín de Ubrique«, Belén Esteban ha sido igual de rotunda. «Yo no voy a hablar de Julia, yo no voy a tener una guerra». Del insulto que más se ha repetido estos días ni siquiera se defiende. «Yo es verdad que meme siempre he dicho que lo he sido, pero lo he dicho desde hace mucho tiempo, a mí me encanta ser un meme televisivo». Al hablar de la hija del torero, la de Paracuellos ha tirado de sorna afectuosa. «Me parece súper graciosa, lo digo en el buen sentido de la palabra». Remató con una de sus muletillas de siempre, «juventud, divino tesoro», y con un aval expreso a que la joven se haga personaje público. «Si Julia quiere ser personaje público está en todo su derecho. ¿Quién soy yo para criticar eso?».
Donde Belén Esteban no ha cedido ni un centímetro es en el fondo del mensaje que encendió la mecha. Aquel story dedicado a su hija Andrea —»tú no eres una nepo baby, otras sí»— no llevaba nombres, y ella se ha negado a ponérselos ahora. «¿Alguien se ha dado por aludida?». Su tesis es que la etiqueta no ofende a nadie. «Lo único que he dicho es que mi hija no es una nepo baby», ha insistido, antes de tirar de un ejemplo de la propia casa. «Hasta Terelu es una nepo baby, aunque tiene una gran carrera profesional». Y lo ha cerrado con una definición de manual televisivo. «Nepo baby son los hijos de unos padres que trabajan en la tele, no es ninguna falta de respeto ni insulto ni nada». Belén Esteban ha reconocido que alguna vez ha entrado a cotillear el perfil de la joven, con un aviso incorporado. «Quien no quiera que la vean las historias, que no tenga las redes públicas». Y descarta descolgar el teléfono. «Yo no tengo nada que solucionar».
«¿Yo era Paolo Vasile o era directora de programas?»
El tono ha cambiado al llegar a Beatriz Trapote, que la había acusado de haberle hecho «mucho daño» y de haberla echado de la televisión porque no le interesaba tener a nadie en contra. La respuesta de Belén Esteban ha ido en dos tiempos. Primero, el reconocimiento. «Creo que Beatriz Trapote empezó en la tele y ha vuelto a televisión porque es una gran periodista». Después, la ironía que desactiva la acusación señalando quién mandaba de verdad en Mediaset. «¿Pero yo era Paolo Vasile o era directora de programas? No voy a entrar ahí». Tampoco ha querido disputar el trono que la mujer de Víctor Janeiro ofreció a su sobrina al proclamarla «reina del pueblo». «Por favor, parecemos niños. Yo no voy a entrar en eso».
Lo que sí se ha llevado su artillería es esa «otra historia» que el entorno del torero repite sin contar. Ahí la excolaboradora de Sálvame ha dejado la frase del día. «Llevamos 27 años con mi historia. Ellas están diciendo que hay otra historia. Contadla, contadla, porque sé por dónde van pero no tienen cojones a contarla». La película que le ha servido de metáfora es Jumanji. «El juego aparece cada 120 años y hay que tirar los dados». Y ha puesto un ejemplo, el más delicado, el de las visitas del padre a su hija. «Cuando dicen que no se dejaba ver a la niña, que se hubiera ido a la Guardia Civil y se hubiera puesto una denuncia». De paso ha corregido un detalle que la joven había contado: reconoce que estuvo en su casa de Paracuellos del Jarama, pero niega que el torero entrara con ella, y desmiente que la relación entre las hermanas se rompiera por dinero. «No ha habido ningún conflicto económico, no inventes». Después se ha frenado sola. «Le he prometido a mi marido, que se ha quedado en Tenerife, que me iba a callar, y creo que estoy hablando demasiado».
Trapote se defiende de las acusaciones de oportunismo

La otra parte también ha hablado hoy. Beatriz Trapote, que acaba de estrenarse como colaboradora de De lunes a viernes justo cuando el clan es actualidad y su marido entra en Supervivientes: All Stars, ha respondido a los tertulianos que la han llamado oportunista. «Hay periodistas, hay oportunistas, hay pelotistas, hay palmistas, hay de todo en la vida. Pero yo me considero periodista, que le dan una oportunidad y la aprovecho». Ha reivindicado el sueldo por encima de la polémica —»lo importante es trabajar, sacar adelante a mis hijos»— y ha descrito una relación con sus cuñados mucho más fría de lo que sugería su defensa de la joven: no les avisó de su fichaje, con Jesulín de Ubrique no ha hablado estos días y con María José Campanario el trato se limita a los niños. «Llevo 20 años en la familia, hemos tenido nuestros más y nuestros menos, como en todas las familias. A Campanario la respeto, hablamos de los niños pero nada más, no nos llamamos para ir de compras. Yo no necesito la aprobación de nadie para trabajar en la tele».
El choque nació de aquella foto de Andrea de pequeña con la frase de las «nepo babies», y escaló cuando la joven, maquilladora que este año dejó el anonimato, contestó llamando a la colaboradora «sombra» del torero y «meme televisivo». Nosotros contamos cómo la joven se plantó con un «ni me arrepiento» y aseguró que en casa están orgullosos, mientras en un plató se contaba que sus padres estaban disgustados, y cómo se aseguró que estaría disfrutando del ruido y que soltará el resto cuando termine el contrato de su concurso. Hoy la respuesta de Belén Esteban ha sido una invitación general. «Que hable todo el mundo».
