Estela Grande ha vuelto a grabarse llorando y esta vez ha puesto nombre a las lágrimas. La que fuera concursante de Gran Hermano VIP publicó este lunes una imagen suya deshecha en las historias de Instagram y la acompañó de una frase que hizo saltar las alarmas de sus seguidores. «Hoy se han ido mis padres a Madrid después de un mes juntos. Estoy fatal».
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La imagen llegó al día siguiente de que los padres de Estela cogieran el camino de vuelta. Se habían instalado un mes entero en la casa sevillana de su hija para estar con ella y con los mellizos, Luca y Liah, y ese mes se acabó. La despedida dejó a la modelo, según su propio relato, sin poder parar de llorar. Poco después de colgar la fotografía, cambió el tono y subió un vídeo recopilatorio con los momentos que había compartido con ellos durante esas semanas en Andalucía. «Ellos son mi hogar, mi paz y mi mayor bendición. Tremendamente afortunada de este mes juntos», escribió encima. Sus seguidoras respondieron en bloque, que es lo que suele ocurrir cada vez que se muestra así.

Un fichaje, una mudanza y una familia a 500 kilómetros

Detrás del llanto hay un cambio de vida que ella no eligió del todo. En junio se hizo oficial el fichaje de su pareja, el futbolista Juan Iglesias, por el Sevilla FC después de siete temporadas defendiendo la camiseta del Getafe. El movimiento deportivo obligó a la creadora de contenido a hacer las maletas y montar casa en la capital andaluza con su pareja y sus dos hijos, dejando atrás su ciudad natal y a toda su familia. La visita larga de sus padres tapó ese hueco durante cuatro semanas; el hueco ha vuelto en cuanto se subieron al coche.

No es la primera vez que Estela Grande aparece llorando en su perfil, y ella misma ha explicado por qué no lo esconde: ha construido una comunidad en la que se siente cómoda mostrándose vulnerable, y buena parte de esa comunidad son madres que están atravesando lo mismo. Sus seguidoras respondieron en bloque nada más ver la fotografía, igual que respondieron cuando contó las grietas, el destete o los despertares de madrugada. La visita de sus padres no era una escapada de fin de semana: se quedaron cuatro semanas en la casa sevillana para estar con su hija y con los dos bebés, y por eso el regreso a Madrid se le ha hecho tan cuesta arriba.
Seis meses contando la maternidad que no se publica
El último capítulo lo abrió apenas veinticuatro horas antes de romperse: el de la comida. «Nadie me había contado lo difícil que es empezar la alimentación complementaria», lamentó al enseñar cómo está introduciendo los sólidos a los mellizos, con un trozo de aguacate en la mano de uno de los bebés y dejando que fuera él quien se lo llevara a la boca. Empezó tarde y lo dijo sin adornos. «Decidí empezarla un poco más tarde de los seis meses porque no me sentía preparada todavía». El motivo tampoco se lo guardó. «Entre lo mal que dormían (y duermen) y el descontrol de rutinas de las vacaciones, no me sentía preparada antes», remató. Es la misma línea que viene manteniendo desde el principio: contar el problema mientras lo tiene encima.
Antes de la comida vino el cuerpo. A mediados de mes explicó que le había bajado la regla «después de 15 meses», un mes largo después de cortar la lactancia materna, y describió la sensación sin épica. «Me he sentido muy extraña. Sin embargo, no tengo los dolores que tenía antes». Contó que se había preparado «tanto mental como físicamente para el momento» y zanjó que «ha merecido la pena». La despedida del pecho, cinco meses después de empezar, se la había escrito a sus hijos en una carta que no dejaba mucho margen a la interpretación. «Nunca imaginé que despedirme de algo que tantas veces me agotó también me fuera a romper un poquito el corazón. Han sido cinco meses de lactancia. Cinco meses de entrega absoluta, de noches interminables, de grietas, de dudas, de lágrimas… y también de una conexión que es imposible explicar».
«Me levanto cada 30 minutos, es una tortura»
El frente más duro de todos, y el que sigue abierto, es el sueño. Desbordada por los despertares continuos de los dos bebés, acabó poniéndose en manos de una asesora de sueño infantil y decidió documentar el proceso entero delante de sus seguidoras. «Os estoy grabando un diario de cómo están siendo las noches y cómo va la asesoría del sueño». Los partes que fue dando no se parecen en nada al carrusel habitual de la maternidad en redes. «Esta noche ha sido fatídica, me levanto cada 30 minutos, es una tortura», llegó a escribir, y para que no quedara en una frase suelta enseñó la captura del registro nocturno que le manda a la especialista: entre las once y media de la noche y las siete y media de la mañana no encadenaba ni una hora seguida sin que los mellizos la reclamaran.
De ahí salió el mensaje que más se le ha compartido. «Cuando os despertéis por la noche y estéis desesperadas, pensad que yo también». Sobre los resultados de la asesoría fue prudente —«hay cosas que han mejorado pero hay otras que seguimos trabajando»— y sobre el peaje diario no lo fue nada. «Sin dormir, muerta y cansadísima empiezo el día. No sé cómo puedo la verdad». Ella misma ha explicado dónde encuentra el consuelo. «Lo hablo con otras mamás que han tenido noches muy malas y creo que el mal común nos ayuda».
Puestos en fila, los episodios dibujan una misma historia contada en directo durante medio año. La carta con la que dijo adiós a la lactancia entre lágrimas abrió un debate que ella no buscaba, y apenas cinco días después llegó la crisis de sueño que la llevó a pedir ayuda profesional. Lo de este lunes es el mismo relato, con los padres de vuelta a Madrid.
