Leticia Sabater está firmando el verano más rentable de su carrera y lo cuenta sin ningún pudor: con doscientos conciertos al año, dice, no le queda tiempo ni «para fo…». Lo soltó este domingo en Bilbao, minutos antes de subirse al escenario de la Semana Grande por quinto año consecutivo, y añadió que ha rechazado cinco realities porque la música le está dando más que la televisión.
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Quinto año seguido en Bilbao. «El año que no venga va a ser raro»
El escenario fue la txosna BilboGay&Less, que se llenó para verla, y el ritual fue el de siempre: tres botellas de agua para hidratarse, una toalla para secarse el sudor y su ya mítico micrófono de brillantina. Leticia Sabater se refiere a los asistentes como sus «adorados vascos» y remata la idea llamándoles «mi debilidad», y ya da su cita de agosto por costumbre adquirida. «El año que no venga va a ser raro», dijo antes de salir. Del show avisó sin concretar nada. «Tengo preparado un show súper sorpresivo: lo mismo van a maullar que les puedo poner una multa…».
Hoy actuación de @SABATERLETICIA Leticia Sabater en la Txosna BilboGay&Less a las 20:30 de la tarde en las fiestas de #Bilbao. Estamos en el muelle de Ripa, junto al puente del Ayuntamiento. Como siempre, evento gratuito 💃 pic.twitter.com/rvcuiRT0nH
— Fox 😸 (@Foxtter_) August 23, 2026
Lo que vino después lo cumplió. Abrió con Superestrella, de Aitana, y encadenó más de una decena de canciones en las que no faltó la mítica Salchipapa. Subió gente al escenario, el agua voló entre los asistentes —a la que caía del cielo, porque por momentos llovió, se sumó la que se lanzaban abajo— y la txosna aguantó así hasta que cayó la noche. La etiqueta con la que se ha quedado, la de «la fiestera del verano», no le molesta en absoluto: al contrario, la reivindica. «Es un sello que tengo y me hace muchísima ilusión», dice. Y cuando le sacan las críticas que arrastra desde que se pasó a la música, contesta con lo único que le interesa enseñar, el aforo. «Mis shows son para gente inteligente. Y si lleno todos los conciertos, será que algo estoy haciendo bien».
Doscientos conciertos al año y cinco ‘realities’ devueltos

El dato que ella misma pone encima de la mesa explica todo lo demás: doscientas actuaciones en un año. A ese ritmo, dice ante la cámara, no le queda tiempo para su vida privada, y lo formula dejando la palabra a medias. No suena a queja, pero deja ver el precio de estar ganando más dinero que nunca: no parar un solo fin de semana entre junio y septiembre.
Ese cálculo es el que la ha llevado a decir que no a la televisión: cuenta que le han ofrecido cinco realities y que los ha rechazado todos. Sí se ha reservado dos viajes a partir del otoño, cuando se acaben las fiestas patronales. Hasta entonces manda la ruta de las verbenas —Loscos, en Teruel; Molleo, en Asturias; Torralbilla, en Aragón; Pastores, en Salamanca—, la misma que en julio la llevó a una aldea oscense de 51 vecinos censados. «Está siendo brutal, están todos abarrotados. Pueblos pequeños, más grandes, ciudades… la gente se divierte mucho, saben que tienen la fiesta garantizada», resume, y añade el detalle que más le gusta contar: hay quien la ha ido a ver cinco o seis veces el mismo verano.
