Ana Pastor y Antonio García Ferreras forman una de las parejas más estables y conocidas de la comunicación en nuestro país. Aunque su rostro es habitual en los programas de actualidad de La Sexta, ambos han logrado construir una vida privada donde la intensidad de las noticias convive con una logística familiar milimetrada. Desde el papel de «chef» de Ferreras en casa hasta el exigente método educativo de Pastor con sus hijos, descubrimos cómo funciona el motor de esta pareja que respira periodismo las 24 horas del día.
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La chispa entre Ana Pastor y Antonio García Ferreras surgió hace más de una década entre los micrófonos de la Cadena SER. Desde entonces, han consolidado una relación que dio como fruto a su hijo Simón, nacido en 2010, formando una familia junto a Carlota, la hija de una relación anterior del periodista. Lejos de los platós, la pareja vive su unión con la misma entrega con la que afrontan las exclusivas, aunque con matices cotidianos que pocos conocen.

El «Ferri» cocinero y las tardes de series con su suegra
En la intimidad de su hogar, los roles de la pareja sorprenden por su naturalidad. Ana Pastor ha confesado que en casa es Ferreras —a quien ella llama cariñosamente «Ferri»— quien ostenta el mando de la cocina. «Él sabe cocinar y le gusta. Yo no tengo ese don», admite la periodista, revelando además que su pareja es un fiel seguidor de la serie ‘Amar es para siempre’, la cual disfruta rigurosamente junto a su suegra; un hábito que Ana confirma con humor como un auténtico «fact checking» de la vida diaria.

Incluso en el entorno digital de su móvil, la comunicadora mantiene esa mezcla de respeto y cercanía: le tiene guardado como «Ferreras», aunque admite que en la convivencia diaria el apelativo cariñoso es lo habitual.
Disciplina «Merkel» y la guerra por los invitados
En el plano educativo, Pastor no oculta su firmeza y se define como una madre «insoportablemente dura», comparando su estilo con el de Angela Merkel. Su objetivo es que sus hijos crezcan siendo conscientes de su situación: «No me importa incluso que se sientan un poco culpables de la suerte que tienen si eso les ayuda a portarse mejor con el resto», afirma con la contundencia que la caracteriza.
Esa misma intensidad se traslada a lo profesional, donde la pareja reconoce que es imposible dejar el trabajo fuera de casa. La competitividad es tal que incluso han llegado a disputarse invitados para sus respectivos programas en La Sexta, una batalla en la que Ana asegura, entre risas, que «muchas veces ganaba yo». Para que este engranaje no colapse, el apoyo de los abuelos y de ayuda profesional en el hogar resulta vital para conciliar sus frenéticas agendas.
