Tim Curry ha muerto a los 80 años la noche del martes, y con él se va el actor que puso cara al payaso Pennywise antes de que existiera ninguna otra y que convirtió al doctor Frank-N-Furter de The Rocky Horror Picture Show en un personaje de culto. No se ha hecho pública la causa. Arrastraba desde 2012 las secuelas de un derrame cerebral que le dejó media parte del cuerpo paralizada y al que respondió como respondía a todo: con guasa. Al brazo que ya no le obedecía lo llamaba Teddy.
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El derrame que sobrevivió por estar acompañado

Tim Curry sufrió aquel derrame de 2012 estando en casa, y salió vivo por una casualidad: estaba con su masajista, que llamó de inmediato a los servicios de emergencia. A partir de ahí, la pierna y el brazo izquierdos le quedaron semiparalizados, la memoria a corto plazo dañada y la silla de ruedas incorporada a su vida. Lo más grave para alguien como él fue lo que costó recuperar el habla: hicieron falta meses de rehabilitación para que volviera esa voz de barítono con acento británico que era, en realidad, su verdadero instrumento de trabajo. Y en cuanto la recuperó, la puso a trabajar otra vez, doblando a personajes de animación —incluido Palpatine en Star Wars: The Clone Wars— cuando ya no podía ponerse delante de una cámara.

Tampoco dejó de dar la cara. Tim Curry volvió a la pantalla en el remake televisivo de The Rocky Horror Picture Show de 2016, con un papel pequeño de criminólogo mientras Laverne Cox heredaba su Frank-N-Furter, hizo un cameo en la película de terror Stream en 2024 y siguió acudiendo a las convenciones a reencontrarse con sus seguidores hasta el final. Lo explicó él mismo sin ninguna épica. «Sigo acudiendo. ¿Sabes? Creo que eso es lo que hay que hacer, hay que seguir acudiendo». En estos años estuvo arropado sobre todo por su mánager y amiga íntima, Marcia Hurwitz, y su última aparición pública fue precisamente un reencuentro con sus compañeros de reparto de la película que le cambió la vida.
Un villano con picardía: de Pennywise al Cardenal Richelieu
Nació como Timothy James Curry en Grappenhall, Inglaterra, el 19 de abril de 1946, hijo de un capellán de la Royal Navy y de una secretaria de colegio. El personaje que lo marcó llegó en 1973 con el montaje original de The Rocky Horror Show, y el hallazgo de Tim Curry fue de oído: iba a interpretarlo con acento alemán por el apellido del doctor hasta que escuchó una conversación en un autobús de Londres y cambió de idea: aquel hombre tenía que sonar, decidió, como la mismísima reina de Inglaterra. La película de 1975 fracasó en taquilla y luego se convirtió en uno de los pases de medianoche más longevos de la historia del cine.

Después le llegó a Tim Curry una galería de villanos que casi siempre funcionaron mejor con los años que en su estreno: el mayordomo Wadsworth de El juego de la sospecha y el Señor de las Tinieblas de Legend, los dos en 1985 y este último junto a Tom Cruise; el Rooster de Annie; el Cardenal Richelieu de Los tres mosqueteros; el botones Mr. Hector de la segunda parte de Solo en casa. Y en 1990, el papel por el que una generación entera no pudo volver a mirar una alcantarilla igual: el payaso de la miniserie de It, sobre la novela de Stephen King. Su idea del terror, por cierto, no iba de sangre: sostenía que lo más horrible no es ver un litro de sangre, sino el momento de decisión que se asoma a los ojos de alguien cuando decide matar a otro. En teatro le fue igual de bien: ganó el Tony en 1980 por su Mozart en Amadeus y volvió a estar nominado por My Favorite Year y por Spamalot.
La oscuridad que aprendió a hacer brillar

Esa afición suya a los personajes oscuros tenía raíz. Perdió a su padre siendo un crío, y lo contó con un detalle que se le quedó grabado. «Tenía once años cuando enfermó gravemente tras sufrir un derrame cerebral, curiosamente como yo. Recuerdo vívidamente cómo lo subieron a una ambulancia y lo llevaron al hospital. Me pidió que cuidara de mi madre. Eso me desconcertó mucho. Pensé: ¿cómo voy a hacer eso?». Quedó al cargo de su madre, Patricia, de carácter difícil —«creo que en realidad era bipolar porque podía explotar de repente», llegó a decir—, y de su hermana mayor, Judith, concertista de piano. Las dos murieron de Cáncer, en 1999 y 2001, y él se quedó sin familia cercana con 55 años. «Experimenté la oscuridad demasiado pronto en mi vida», resumió. «Comprendí demasiado pronto que el mundo podía ser muy impredecible y oscuro. No había garantía de felicidad».

Lo que hizo con eso está escrito en Vagabond, sus memorias, y explica su carrera entera mejor que cualquier lista de películas. «Mi manera de hacer las cosas era añadir un toque de picardía incluso a mis papeles más de villano, del mismo modo que añadía un poco de picardía a mis encuentros con mi madre: hacía todo lo posible para que la oscuridad brillara». De su vida sentimental no habló jamás, ni antes ni después del derrame, y en el libro dejó zanjado el asunto con una brusquedad que también le retrata. «Le garantizo, si le interesa, que he experimentado el amor verdadero, el desamor verdadero y todo lo demás. He amado y he sido amado, y espero que usted también. Pero no me interesan sus romances». El lema que sí repetía era el de la canción de su propia película, y le sirvió hasta el final: no lo sueñes, sélo.
