Hicieron dos tomas. Dos. «Cuando terminamos, todo el mundo aplaudió, incluso los de la cuerda», recordaba él mismo años después. De aquella sesión de 1963 salió el solo de saxofón más reconocible del siglo XX, esa melodía sigilosa que todo el planeta es capaz de tararear aunque no sepa quién la tocó. El hombre que la tocó se llamaba Plas Johnson, ha muerto a los 94 años y su nombre no aparecía en ningún cartel.
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Conviene precisar la fecha, porque en España la noticia se está conociendo con retraso: el fallecimiento se produjo la semana pasada y fue su periódico local, el Donaldsonville Chief, el que lo publicó, en una información fechada el 15 de julio. No se ha facilitado la causa de la muerte. Hay además una coincidencia que da cierto vértigo: Johnson había nacido el 21 de julio de 1931, de modo que estas fechas eran las de su cumpleaños.
1963: dos tomas con Henry Mancini y tres Grammy
La grabación que lo hizo inmortal ocurrió junto al compositor Henry Mancini, como parte de la banda sonora de ‘La Pantera Rosa’, la comedia de Blake Edwards.

El tema ganó tres premios Grammy y estuvo nominado al Oscar a la mejor banda sonora original en la 37ª edición de los premios de la Academia. Sin embargo, la anécdota que mejor define aquel día es la que contaba el propio saxofonista: apenas dos intentos y una sala entera de músicos profesionales rompiendo a aplaudir, algo que en una sesión de estudio no ocurre casi nunca.
Esa capacidad de elevar una pieza en unos pocos compases era exactamente su oficio, y él lo tenía perfectamente diagnosticado. «Mis solos siempre parecían subir el disco un peldaño más», explicaba. «Podía hacerlo en ocho compases, podía hacerlo en doce, y luego estaba acostumbrado a hacer los rellenos detrás del vocalista». Es la definición precisa de lo que hace un músico de sesión: entrar, resolver, desaparecer. Nadie compra un disco por él, pero el disco no sería el mismo sin él.
https://youtu.be/jBupII3LH_Q?si=7n6_12Jim1YPtOW2
De un saxofón comprado por su padre a la orquesta de Mancini

Nació en Donaldsonville, Luisiana, y empezó en la música cantando con su familia, hasta que su padre le compró un saxofón. Su debut discográfico llegó en 1950, junto a su hermano Ray, para el sello DeLuxe Records, y también giró con el cantante y pianista Charles Brown. En 1954, tras cumplir con el servicio militar, se instaló en Los Ángeles y allí se convirtió en uno de los músicos de sesión más prolíficos de la ciudad.
Fue habitual en la orquesta de Mancini durante los años cincuenta y sesenta, y desde 1970 formó parte de la banda del estudio en el Merv Griffin Show. En paralelo grabó con una lista de nombres que resume medio siglo de música popular estadounidense: Frank Sinatra, B.B. King, Ella Fitzgerald, Nat King Cole, Marvin Gaye, The Beach Boys, Ricky Nelson o Johnny Otis. En los setenta y ochenta siguió apareciendo en discos de Bette Midler, Carole King, Aaron Neville, Linda Ronstadt, Boz Scaggs y Rod Stewart, y ya en 2002 trabajó con Joni Mitchell en su álbum ‘Travelogue’.
El anonimato de los que sostienen la música de todos
Aunque era un músico de jazz, se movió sin complejos por el rock y el pop, que es lo que se le exige a quien vive de las sesiones. Como solista publicó varios discos propios, entre ellos ‘This Must Be the Plas!’ (1959, en Capitol Records) y ‘The Blues’ (1975, en Concord Jazz), ambos bien recibidos por la crítica y por el público. Pero su nombre siguió siendo, para la mayoría, una nota al pie de créditos que casi nadie lee.
Ese anonimato tiene documento propio: su trabajo quedó recogido en ‘The Wrecking Crew’, el documental de Denny Tedesco estrenado en 2008 sobre los músicos de sesión que sostuvieron la industria de Los Ángeles en los sesenta y setenta. La película cuenta exactamente esto: que hubo un puñado de instrumentistas cuyo sonido está en la memoria de varias generaciones y cuyos nombres no conoce casi nadie. Plas Johnson será recordado por ese solo que todo el mundo sabe silbar, pero la parte más grande de su legado son las decenas de discos en los que entró ocho compases, lo dejó todo un peldaño más arriba y se fue sin firmar.
