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Actualidad Todo sobre Plas Johnson
Plas Johnson fue un saxofonista tenor estadounidense, uno de los músicos de estudio más solicitados de Los Ángeles durante la segunda mitad del siglo XX y el autor del solo que dio identidad al tema principal de ‘La Pantera Rosa’, compuesto por Henry Mancini. Su fraseo felino resulta familiar a millones de personas que nunca llegaron a ponerle cara ni nombre.
Del sur profundo a los estudios de California
Nacido en Luisiana en 1931 y criado en el ambiente musical de Nueva Orleans, se formó en un entorno donde el jazz, el blues y el rhythm and blues formaban parte del paisaje cotidiano. A comienzos de los años cincuenta se instaló en California, entonces el gran centro de la industria discográfica y de las bandas sonoras, y allí construyó una carrera basada en la fiabilidad: llegar, leer la partitura y resolver la toma.
Durante décadas participó en un número incontable de sesiones para discos de pop, soul, jazz y rhythm and blues, además de trabajos para cine y televisión. Formó parte de esa generación de instrumentistas anónimos cuyo trabajo sostiene canciones célebres sin que su nombre aparezca en la portada, un oficio que exigía versatilidad absoluta y una precisión casi quirúrgica.
El sonido de la pantera
Su encargo más recordado llegó cuando Henry Mancini lo llamó para grabar el tema central de la película de Blake Edwards. La melodía sinuosa, con esas notas alargadas y perezosas sobre la percusión, quedó asociada para siempre al personaje animado y se convirtió en una de las piezas instrumentales más reconocibles del cine. La leyenda del estudio cuenta que la grabación se resolvió con muy pocas tomas, un detalle que resume su manera de trabajar.
Aquel tema le dio una presencia permanente en la cultura popular, reutilizado durante generaciones en series, anuncios y versiones, aunque el crédito público rara vez alcanzó al instrumentista.
Reconocimiento y legado
Con el tiempo, la revalorización del trabajo de los músicos de sesión devolvió a Johnson el lugar que le correspondía en las historias del jazz y de la música de Hollywood. Siguió grabando y actuando con formaciones propias, defendiendo un sonido de saxo cálido y directo, heredero del rhythm and blues clásico. Su muerte a los 94 años reabrió la conversación sobre esos profesionales invisibles que pusieron la banda sonora de la segunda mitad del siglo pasado.