El Tribunal Supremo ha desatado un terremoto televisivo sin precedentes al confirmar de manera definitiva la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona que prohíbe a Antena 3 emitir El Rosco, la sección emblemática y columna vertebral de Pasapalabra. El alto tribunal ha ratificado que la mecánica de la prueba final vulnera los derechos de propiedad intelectual de la compañía holandesa MC&F Broadcasting Production and Distribution, dictaminando que se trata de una creación independiente del formato general y condenando al grupo Atresmedia al cese inmediato de su emisión y al pago de una indemnización por daños y perjuicios.
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Un conflicto de propiedad intelectual con raíces internacionales
La resolución judicial del Tribunal Supremo pone punto final a un complejo litigio que mantenía en vilo a la industria audiovisual española. El fallo ratifica el criterio establecido por la justicia catalana en noviembre de 2022, el cual determinó que los derechos de autor de ‘El Rosco’ pertenecen legítimamente a la distribuidora neerlandesa MC&F, tras haber sido cedidos originalmente por sus creadores, Reto Luigi Pianta y René Mauricio Loeb.
La clave jurídica del conflicto radica en que Atresmedia explotaba esta sección final bajo una licencia concedida por la productora británica ITV Studios. Sin embargo, el dictamen judicial aclara de forma taxativa que dicha licencia no englobaba realmente los derechos sobre la famosa prueba alfabética, ya que esta constituye una obra original totalmente independiente de la estructura global del concurso. Con esta ratificación, el Supremo tumba la estrategia de defensa de la cadena de San Sebastián de los Reyes, que sostenía que el conflicto ya había quedado zanjado en litigios previos, como el que enfrentó en 2019 a la propia ITV contra Mediaset España.
La Audiencia de Barcelona, en un criterio ahora validado, desestimó esos antecedentes al recordar que la firma holandesa MC&F no había formado parte de aquellos procedimientos anteriores, lo que abría la vía para reclamar de manera autónoma la autoría de la sección. De este modo, la justicia obliga al cese de la emisión de la prueba e impone una sanción económica de 50.000 euros a la cadena principal de Atresmedia.
La estrategia de riesgo de Atresmedia ante su mayor baza
Hasta la fecha, Antena 3 había decidido mantener intacta la estructura del concurso vespertino presentado por Roberto Leal. Al recurrir la sentencia original de 2022 ante el Tribunal Supremo, el grupo de comunicación logró congelar la ejecución inmediata de las medidas cautelares, aprovechando que el fallo no era firme para prolongar el formato sin alteraciones visibles en la pantalla.
Esta postura respondía a una necesidad puramente estratégica dentro del mercado de audiencias. ‘Pasapalabra’ no es un programa más en la parrilla del canal; se ha consolidado como uno de los espacios más vistos de la televisión en España y en una de sus armas de programación más infalibles para liderar el horario de máxima audiencia. Dentro de esa maquinaria perfecta, ‘El Rosco’ no ejerce un rol secundario, sino que representa el clímax del formato, el momento de mayor tensión competitiva y el principal imán de atracción para los espectadores antes de la llegada de los informativos nocturnos.
Durante los últimos años, la dirección de la cadena prefirió asumir el riesgo legal antes que debilitar el concurso con modificaciones apresuradas, confiando en que el Supremo pudiera atender sus recursos. La confirmación del fallo rompe de manera drástica con este escenario de normalidad y sitúa a los programadores en una encrucijada operativa de máxima urgencia.
Un escenario de incertidumbre para la parrilla televisiva
La resolución definitiva del Tribunal Supremo obliga a Atresmedia a ejecutar cambios estructurales de forma inminente si desea mantener el concurso en el aire. Al no existir ya posibilidad de recurso ordinario, la emisión de ‘El Rosco’ tal y como se conoce constituye una infracción directa de los derechos de propiedad intelectual ratificados por la justicia.
El departamento de contenidos del grupo de comunicación se ve forzado a diseñar una alternativa exprés para la última franja de la tarde. Las opciones pasan por negociar un acuerdo económico in extremis con la legítima propietaria de los derechos, MC&F, o reformular por completo la prueba final del espacio de Roberto Leal para esquivar el plagio conceptual. Cualquier modificación en la prueba reina del programa podría alterar la fidelidad de la audiencia, un factor que las cadenas rivales, especialmente en los despachos de la competencia, vigilarán de cerca para intentar recuperar el terreno perdido en la franja vespertina.
